LA LIBRA HA CAÍDO UN 15% DESDE EL REFERÉNDUM

'Shrinkflation': los británicos ya pagan más por sus productos debido al Brexit

La mayoría de los consumidores no se ha dado cuenta, pero muchos productos que se venden al mismo precio han reducido sus cantidades. Es una de las primeras consecuencias de la inflación

Foto: Un cliente transporta una cesta de la compra en un supermercado Asda, en el noroeste de Londres. (Reuters)
Un cliente transporta una cesta de la compra en un supermercado Asda, en el noroeste de Londres. (Reuters)

Hay que reconocer que los ingleses son buenos inventando palabros. Primero vino el Brexit, luego el 'Bregret' o 'Regrexit' (el arrepentimiento —'regret', en inglés— de algunos tras haber votado por salir de la UE) y ahora llega la 'shrinkflation'. El término, compuesto a partir de 'shrink' (reducción) e 'inflation' (inflación), alude a la realidad que se está viviendo en los supermercados, donde, sin ser demasiado conscientes, los británicos están pagando el mismo precio por productos que a simple vista no han cambiado, pero sí han reducido su cantidad.

"El ejemplo más evidente ha sido el del Toblerone. Antes del referéndum, la barra de chocolate de origen suizo ofrecía 400 gramos. Pero ahora que se ha decidido poner fin a la relación con el bloque comunitario, solo hay 360 gramos por paquete. Conclusión: el cliente está pagando alrededor de un 10% más por el mismo producto".

“Es una manera más disimulada de subir los precios, pero al fin y al cabo estamos hablando de inflación”, explica Luis Garicano, catedrático en la London School of Economics. “Hay mucha presión, sobre todo por parte de los tabloides, por intentar trasladar el mensaje de que la economía sobrevive al Brexit. Y es cierto que el consumidor está resistiendo. Pero las empresas están bajo la lupa y de alguna manera están buscando estrategias para actuar de manera más disimulada a la caída de la libra”, matiza a El Confidencial.

Desde el referéndum del pasado mes de junio, el valor de la divisa británica ha caído un 15%, por lo que las importaciones suponen ahora un coste mayor. Según una investigación realizada por Channel 4, hasta 25 productos básicos se han visto reducidos, incluidos los palitos de pescado, el zumo de naranja o las salchichas.

Hay empresas, como Unilever —el fabricante británico-holandés del famoso Marmite—, que directamente han querido elevar un 10% los precios de sus productos, a lo que Tesco, una de las principales cadenas de supermercados, se ha negado retirando de su página web decenas de artículos de esta compañía, incluyendo esa especie de mermelada, tan representativa para los británicos como el 'fish and chips'.

Actualmente, según la Oficina Nacional de Estadística, las exportaciones al territorio comunitario representan el 44% del total británico 230.000 millones de libras—, mientras que las importaciones desde Europa alcanzan el 53% —291.000 millones de libras—. Los acuerdos comerciales comunitarios aportan más de 400.000 millones de libras a la economía británica. Para la UE, sin embargo, Reino Unido solo representa un 8% de sus exportaciones, por lo que el efecto de un descenso de ventas al otro lado del Canal de la Mancha será más limitado cuando llegue el Brexit duro prometido por el Ejecutivo de Theresa May y el país abandone también el mercado único.

Una mujer pasa por delante de un estante en un supermercado Sainsbury en Londres, en diciembre de 2015. (Reuters)
Una mujer pasa por delante de un estante en un supermercado Sainsbury en Londres, en diciembre de 2015. (Reuters)

Una inflación que no cesa

Si Londres finalmente deja el bloque sin acuerdo comercial, sus transacciones se regularían bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMT), un escenario “catastrófico”, según Garicano, “no solo por las barreras arancelarias, sino por las consecuencias para el comercio de servicios del que tanto depende la economía británica”. En cuestión de tarifas, bajo los acuerdos del OMT, la cesta de la compra para los británicos podría ser como media hasta un 5% más cara, según Stephen Devlin, del 'think tank' New Economist Foundation.

La tasa de inflación del Reino Unido, en cualquier caso, encadena ya tres meses consecutivos de ascensos. El pasado mes de enero, se situó en el 1,8%, frente al 1,6% de diciembre, lo que supone el nivel más elevado del indicador desde junio de 2014. Junto con los combustibles, los alimentos han sido los principales contribuyentes al alza de los precios.

Ratula Chakraborty, de la Universidad East Anglia, asegura que “tanto la 'shrinkflation' como la inflación perjudican al consumidor, ya que obtiene menos valor por su dinero”. “Sin embargo, la 'shrinkflation' puede ser engañosa, ya que no se aprecia la reducción del tamaño del producto a menos que sea un cambio notable, por lo que los consumidores se sienten estafados”, señala.

La experta asegura que los supermercados siempre tienen que indicar el precio y el tamaño de sus productos, “pero no tienen la obligación de anunciar que ha habido un cambio”. “Solo avisarán a través de su publicidad si hay ofertas, pero nunca informan sobre un aumento de precios, por lo que los consumidores tienen que tener cuidado y estar informados”, matiza.

Los expertos barajan que la inflación puede llegar al 3% a finales de año. La pregunta es: una vez que los británicos sean conscientes de todo lo que el divorcio con Bruselas va a suponer a su bolsillo, ¿podrían pedir revocar el Brexit? Colin Talbot, profesor de la Universidad de Manchester, asegura que “podría ser una posibilidad, aunque a día de hoy no hay un mecanismo para llevarlo a cabo”. “Se necesitaría un cambio fuerte y continuado en la opinión pública antes de que los políticos tomen nota. Y entonces tiene que empezar a impactar sobre ellos a través de las elecciones. En este momento, con solo los liberal demócratas pidiendo un segundo referéndum, no parece que vaya a suceder pronto. Pero ¿quién sabe?, la opinión pública es muy volátil”, recalca.

La primera ministra británica, que quiere activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa a finales de marzo, ha prometido que presentará a Westminster el acuerdo final al que llegue con Bruselas antes de firmarlo.

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