EXPERTOS TEMEN una guerra comercial abierta

Los mexicanos inician boicots a los productos de EEUU: ¿una medida imposible?

Tras la cancelación de la visita del presidente Peña Nieto a Washington, cobran fuerza las iniciativas para consumir productos locales y rechazar los estadounidenses. Pero podría ser un esfuerzo vano

Foto: Una mujer pinta en el asfalto durante una protesta contra el presidente estadounidense Donald Trump en México D.F., el 20 de enero de 2017 (Reuters)
Una mujer pinta en el asfalto durante una protesta contra el presidente estadounidense Donald Trump en México D.F., el 20 de enero de 2017 (Reuters)

Le ha bastado una semana a Donald Trump en la Casa Blanca para poner a los mexicanos en pie de guerra, algo que no había logrado durante más de un año y medio de insultos. ¿La diferencia? Antes le veían como un simple millonario engreído, y ahora es el líder de EEUU. Y sus amenazas de construir el famoso muro en la frontera o de gravar con un 20% las importaciones aztecas son cada vez más reales, así que los mexicanos están empezando a responderle con su propia medicina proteccionista: boicots, y compra de productos exclusivamente locales.

Con el hashtag #AdiosStarbucks, los tuiteros mexicanos habían comenzado a viralizar una campaña contra la cadena estadounidense, después de que Trump firmara el miércoles la orden ejecutiva por la que autorizaba la construcción del muro. Pero fue solamente tras la negativa de Peña Nieto a reunirse con Trump al día siguiente que el hashtag se convirtió en 'trending topic', y varios medios de comunicación locales empezaron a hacer notas sobre este primer boicot contra estas cafeterías, muy populares en la Ciudad de México.


Sin embargo, la marca Starbucks en México es una franquicia explotada por la empresa local Alsea, que también lleva VIPs o Domino´s Pizza en el país, por lo que al final el boicot sería contra una compañía mexicana y no contra el imperio mundial de las cafeterías. La realidad es que en la juvenil colonia Condesa -donde viven muchos extranjeros y mexicanos de clase media-alta-, las terrazas de Starbucks lucían llenas estos días.

“Justo estaba pensando en que debería hacer boicot cuando pagué”, comenta María cuando salía con un café “venti” de un Starbucks. María, de unos 30 años, asegura que consume unos tres cafés a la semana en la cadena de la sirena, pero “a partir de ahora” va a comprarlos en una cafetería pequeña situada cerca de Starbucks. “Voy a intentar consumir mexicano antes que gringo”, agrega.

“Creo que es negar la globalización”, opina Jessica, una joven de unos 27 años mientras trabaja desde uno de los cómodos sillones de la cafetería con su nuevo portátil Apple con teclas azules. Para Jessica, que trabaja de analista política, la campaña es “bastante desinformada” porque -como hemos comentado- la marca Starbucks es operada 100% en México por Alsea, de la familia Torrado que también tiene negocios en España.

Puesto de venta de pollos en el mercado Granada de Ciudad de México, en enero de 2017 (Reuters)
Puesto de venta de pollos en el mercado Granada de Ciudad de México, en enero de 2017 (Reuters)

Comprar mexicano y reducir la dependencia

Varias marcas estadounidenses en México son franquicias, por lo que, al final, el daño lo recibirían los propios locales como en el caso anterior. Pero compañías que venden directamente sus productos en el país, como por ejemplo Ford o P&G, sí podrían ver su negocio afectado. Sus resultados globales, en todo caso, no reflejarían el impacto porque al final México representa un porcentaje muy pequeño de su negocio.

“El daño económico que pueden hacer estos boicots es muy pequeño. Ahora, su simbolismo puede ser muy peligroso porque pueden fomentar que entremos en una guerra comercial”, explica Irving Rosales, economista de la Universidad Iberoamericana. El profesor habla claro: “Es mejor salirnos del NAFTA antes que entrar en una guerra comercial con los EEUU”, puesto que el efecto sobre la economía sería “devastador”.

Desde la patronal mexicana, la Coparmex, los empresarios saben muy bien que el talón de Aquiles de su economía es la enorme dependencia comercial que tienen de EEUU. Aproximadamente el 75% de los productos manufacturados en el país se venden en el vecino del norte, unas ventas que en 2016 rondaron los 270,000 millones de dólares, a falta de conocer los resultados de diciembre.

Ante esta situación, los empresarios ya están comenzando a prepararse para lo peor, haciendo llamamientos a las empresas para que compren productos hechos en México para proteger el mercado interno. Pero la realidad es que en muchos casos esto es una quimera, porque muchos insumos que utiliza la industria no se fabrican ni con la calidad ni la precisión estadounidense. Sólo en la industria automotriz, los ensambladores importan cerca del 40% de las piezas del coche de EU, unos productos que difícilmente encuentran en México.

“Es imposible que nosotros fabricáramos sólo con productos hechos en México porque no existen en el país”, explica Enrique González, director de Epkamex, una empresa que fabrica piezas de inyección de plástico para la industria automovilística de Monterrey, a sólo 300 kilómetros de la frontera. Cerca de un 70% de los insumos que utiliza esta compañía son importados de EEUU.

Una oficina de cambio muestra la tasa de cambio entre el dólar y el peso en Ciudad de México, el 11 de enero de 2017 (Reuters)
Una oficina de cambio muestra la tasa de cambio entre el dólar y el peso en Ciudad de México, el 11 de enero de 2017 (Reuters)

"Híjole, si puedo voy a comprar mexicano"

González indica que los productos que importa tienen una calidad probada muy específica para la industria del automóvil, y manufacturados por compañías que gozan de gran conocimiento en la materia. “Las cadenas productivas son globales, por lo que ese movimiento de tener que comprar local desde ya es muy apresurado para nuestra industria”, opina el director de esta empresa de 150 trabajadores que ha visto una fuerte expansión de su negocio gracias al NAFTA.

Igualmente, desde la Coparmex y otras asociaciones industriales también están pidiendo a los consumidores que de preferencia adquieran productos con el distintivo “Hecho en México”, un logotipo que indica que es de fabricación 100% nacional, también para mejorar el negocio de las compañías locales. “Si ellos no quieren nuestros productos, ¿por qué nosotros tenemos que comprar los suyos?” se pregunta Marisol, quien hace referencia al cargamento de 100 toneladas de aguacate exportado a EEUU que fue rechazado esta semana por el Departamento de Agricultura de EEUU, lo que ha sido recibido como una afrenta por los ciudadanos del primer productor mundial de esta cremosa fruta.

Marisol, que trabaja como señora de la limpieza en Ciudad de México y gana unos 300 euros al mes lo tiene claro. “Es difícil saber de dónde viene cada cosa, pero híjole, si puedo voy a comprar mexicano”, señala. “Me parece una buena medida. De hecho, yo llevo varios años consumiendo sólo productos nacionales”, indica Arturo López, de 43 años y conductor de UBER (que es una compañía estadounidense).

Arturo asegura que desde hace un año se fija en el producto de los códigos de barras para saber el origen del país del producto, una información que obtiene en varias páginas en internet. “Vengo de una familia de bajos recursos y siempre me enseñaron a comprar antes en el mercado local que en el supermercado”, asiente orgulloso. Sin embargo, el profesor Rosales explica que el comercio entre EEUU y México es tan grande que incluso en el mercadillo puede haber productos importados. “Hasta el tomate que te vende una señora en un puesto callejero es probable que sea estadounidense”, matiza.

Para el economista de la Iberoamericana, la actual situación es una oportunidad para que México comience a diversificar sus exportaciones e importaciones, desarrollando lazos comerciales con otros mercados como China que ante el proteccionismo de Trump se está convirtiendo en el defensor del libre comercio global. “El TPP sigue, aunque sea sin EEUU, y las economías de Asia Pacífico son las que más están creciendo”, comenta Rosales, como queriendo indicar a los dirigentes mexicanos el rumbo a tomar.

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