HACEN FALTA 37 VOTOS REPUBLICANOS

¿Pueden los “electores infieles” bloquear la presidencia Trump?

El Colegio Electoral deposita este lunes sus votos, que representan la voluntad popular expresada en las urnas y confirmarán a Trump como próximo presidente. ¿O no?

Foto: Votantes de Trup durante un evento del presidente electo en Orlando, Florida (Reuters).
Votantes de Trup durante un evento del presidente electo en Orlando, Florida (Reuters).

El Colegio Electoral de Estados Unidos deposita este lunes sus votos: 306 a favor de Donald Trump y 232 para Hillary Clinton. Estos votos representan la voluntad popular expresada en las urnas de cada estado el 8 de noviembre y confirmarán, según la tradición, a Donald Trump como próximo presidente. ¿O no?

Técnicamente, los electores, que son nombrados por las delegaciones estatales de los partidos, pueden romper su promesa de respetar el voto popular y elegir a otra persona. 29 de los 50 estados tienen leyes que les prohíben votar por libre, pero no especifican, salvo en pocos casos, qué les ocurriría a estos “electores infieles” o qué pasaría con sus votos.

El hecho de que Hillary Clinton ganara 2,8 millones de votos populares más que Trump, la mayor diferencia de la historia para un perdedor, y de que el republicano enciende el rechazo más visceral en una buena parte del país, ha generado una campaña para convencer a los electores de que rompan su compromiso con el sistema.

“Miembros republicanos del Colegio Electoral: este mensaje es para ustedes. Como saben, nuestros Padres Fundadores crearon el Colegio Electoral para proteger al pueblo americano de los peligros de un demagogo”. Así comienza el vídeo de Unite for America; la voz es de Martin Sheen, que dio vida al presidente de EEUU en la serie “El Ala Oeste de la Casa Blanca”, y le siguen otros progresistas famosos del cine.

La campaña enarbola los escritos de Alexander Hamilton, uno de los fundadores de Estados Unidos de más renombre (gracias, en parte, a un musical), en El Federalista: una colección de artículos previos a la Constitución americana. Hamilton dijo que la función del Colegio es frenar a los “demagogos”, a candidatos con “talentos para la baja intriga, y en las pequeñas artes de la popularidad”. Es decir, una salvaguarda elitista contra la volubilidad de la masa, susceptible de sucumbir a las malas artes de la política.

Trump se dirige a sus votantes durante un evento en Mobile, Alabama (Reuters).
Trump se dirige a sus votantes durante un evento en Mobile, Alabama (Reuters).

El profesor de derecho de la Universidad de Harvard Larry Lessig, que fue precandidato demócrata a la presidencia en 2016, ofrece ayuda legal gratis a los electores infieles. “Hay una razón especialmente buena para anular lo que ha dicho el pueblo: el principio fundamental de ‘una persona, un voto’”, escribió Lessig (1), en referencia al mayor voto popular de Hillary Clinton. Seis electores demócratas han prometido convencer a sus colegas republicanos de que no voten a Donald Trump.

Eso dice la iniciativa, pero hay otras interpretaciones. El Colegio Electoral se habría creado para garantizar más peso a los estados esclavistas y como válvula de control político a través de los delegados. Las palabras de Hamilton sobre el peligro de los demagogos serían una manera de “vender” el Colegio a los votantes.

“El Colegio se creó esperando que no hubiera partidos políticos”, dice a El Confidencial Edward B. Foley, profesor de ley electoral en la Universidad Estatal de Ohio y autor del libro “Batallas de la papeleta: Historia de las elecciones disputadas en Estados Unidos”. “El Colegio demostró operar de forma diferente a aquello para lo que se creó. Hoy en día no se espera que los electores se desvíen del voto popular en sus propios estados, dijera lo que dijera Hamilton originalmente”. El Colegio también está siendo objeto de una campaña a favor de su abolición, al no representar el voto popular.

Si de verdad ocurre la rebelión, hay muchas posibilidades​. Algunos estados, como Michigan, podrían reemplazar al elector infiel y anular su votoFoley dice que nunca antes ha habido un debate tan virulento al respecto, ni siquiera en en 2000, cuando Al Gore perdió las elecciones pese a ganar, con poco margen, el voto popular. “En 1960, cuando Kennedy ganó a Nixon, había miedos en su campaña de que los demócratas del sur, los llamados dixiecrats, los segregacionistas, podrían abandonar a Kennedy, porque estaba a favor de los derechos civiles. Pero no ocurrió”, explica.

En más de dos siglos de historia, sólo ha habido 171 electores infieles, 71 de los cuales votaron diferente porque su candidato había fallecido después de las elecciones (en 1872 y 1912). “Nunca en la historia los electores infieles han marcado la diferencia. Suele haber uno o dos en determinados años, pero no afectan al resultado”, dice Foley.

Para bloquear la elección de Trump harían falta 37 electores republicanos infieles. El profesor Lessig asegura, sin pruebas, que hay una veintena; otros rumores dicen que más. De momento, el único que ha confirmado su oposición a Trump es un elector de Texas, Christopher Suprun. Por tanto, parece muy improbable que haya sorpresas.

Si de verdad ocurre la rebelión, hay muchas posibilidades. Algunos estados, como Michigan, podrían reemplazar al elector infiel y anular su voto. Incluso si esto no ocurriese, si el elector infiel siguiese en su puesto, el secretario de Estado de ese estado podría negarse a contar el voto y estallaría una batalla legal. Si ni Trump ni Clinton reciben los 270 votos necesarios, la elección iría a las delegaciones estatales del Congreso, de mayoría republicana. Y el magnate sería, pese a todo, elegido presidente.

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