autor de la serie de novelas del inspector O

El espía escritor que descifra Corea del Norte para el gran público

Poco se sabe de la persona que se oculta tras el seudónimo de James Church. Pero los libros de este agente de inteligencia son venerados por la pequeña comunidad de conocedores del país asiático

Foto: Soldados norcoreanos cantan eslóganes durante un desfile conmemorativo del Partido de los Trabajadores de Corea en Pyongyang, el 10 de octubre de 2015 (Reuters)
Soldados norcoreanos cantan eslóganes durante un desfile conmemorativo del Partido de los Trabajadores de Corea en Pyongyang, el 10 de octubre de 2015 (Reuters)

Pocos temas informativos son tan monolíticos como Corea del Norte. Casi cualquier noticia o reportaje que la aborde ofrece la misma postal: plana, gris, represiva. Una sucesión de clichés inevitables, nacidos de la inercia y de la falta de fuentes de primera mano. En este paisaje de hormigón, una pluma se atreve a ir más allá: la del novelista James Church, uno de los hombres que mejor parece conocer la dictadura comunista.

Portada de la edición española de 'Un cadáver en el Koryo'
Portada de la edición española de 'Un cadáver en el Koryo'
Decimos “parece” porque de Church (nombre ficticio) poco se sabe. Creció en California, tiene al menos 67 años y dice haber estado más de 30 veces en Corea de Norte como agente de inteligencia de un país occidental. Un punto imposible de verificar, pero verosímil, dada la popularidad de sus libros en el reducido gremio de “norcoreanistas" y, por extensión, entre el gran público.

Church ha publicado una exitosa colección de novelas negras protagonizadas por el Inspector O, un sabueso norcoreano con olfato para la intriga política. “Un cadáver en el Koryo” fue la primera, en 2006; la sexta y última, “The Gentleman From Japan”, salió este año. Church sale en las contraportadas con sombrero de ala ancha, gabardina y una pipa o reloj de bolsillo. Sólo podemos ver un mentón barbado, gris, como si llevara un mes oculto en un piso franco. El Confidencial le ha entrevistado por correo electrónico para saber de dónde saca la inspiración para describir su Corea del Norte.

Aunque cada cliché sobre Corea del Norte tiene un elemento de verdad, ninguno de ellos describe efectivamente lo que ocurre allí“Lo creas o no, nunca escribí estos libros para enseñar”, aclara. “Sin embargo, para evitar que la gente y el escenario se convirtiesen en caricaturas (un barrizal que muchos autores que escriben sobre Corea del Norte no han logrado evitar, me temo), me di cuenta de que incluso una historia de detectives tenía que estar enraizada en la realidad. Para hacerlo, iba a ser necesario ayudar al lector a separarse de la imagen bidimensional de Corea del Norte que han creado los medios”.

Church identifica una serie de clichés que emanan, dice, de expertos “tendentes a ser unos ignorantes en el tema” y que ahorran trabajo al periodista: “que Corea del Norte es el país más aislado del mundo, que pasa hambre, que no tiene conexión a internet (…). El problema es que, aunque cada afirmación tiene un elemento de verdad, ninguna de ellas describe efectivamente lo que ocurre en el Norte”.

Su Pyongyang es un lugar de esposas enfadadas y líos de oficina; un paisaje vivo de problemas personales bañados en humor amargo. “Por alguna razón, los seres humanos tienen una habilidad increíble para adaptarse. En mi experiencia, rara vez abandonan la capacidad para reír: sea por cinismo, sarcasmo, alivio o felicidad, dependiendo de las circunstancias. Por supuesto que los norcoreanos tienen sentido del humor”.

La imagen de Kim Jong-un se proyecta en una pantalla durante un concierto por el Congreso del Partido en mayo de 2016 (EFE)
La imagen de Kim Jong-un se proyecta en una pantalla durante un concierto por el Congreso del Partido en mayo de 2016 (EFE)

Hogar, a pesar de todo

El autor responde a las preguntas con mucha cautela, colocando entre comillas palabras como “experto”, “élite” o “verdad”. Una distancia que se percibe en sus libros: Church nunca nombra a los dictadores Kim Jong-il o Kim Jong-un; se refiere a ellos, o al Partido, como “la central”, y prefiere no hacer análisis políticos.

El Inspector O es un señor anticuado, con dificultades para manejar un teléfono móvil, pero dotado de un sexto sentido y un idealismo velado; él no deserta a pesar de las oportunidades. “Corea del Norte es la tierra de los norcoreanos; la tierra de la familia de uno, con raíces profundamente hundidas en el pasado”, dice Church. “A menudo, cuando los pescadores norcoreanos son arrastrados al Sur, son recogidos por barcos surcoreanos y acogidos durante varios días; aunque les hacen pasar un rato agradable y les enseñan lugares maravillosos, un número importante dice que quiere volver”.

Igual que Philip Marlowe o su versión desaliñada, el teniente Colombo, el Inspector O sortea las trampas de la propia investigación y de quienes se la encargan. En su caso, a la sombra del totalitarismo y de sus contradicciones absurdas, y de la escasez.

Parte de su última novela tiene lugar a las afueras de Barcelona, donde una fábrica de comida asiática es sospechosa de producir un componente necesario para la bomba nuclearEn “Blood and Bamboo”, el protagonista flaquea de hambre mientras investiga la muerte en Pakistán de la mujer de un diplomático. Son los años noventa, la Unión Soviética ya no existe y Corea del Norte pasa por una hambruna que habría matado, según una investigación de Princeton University, a más de medio millón de personas.

Parte de su última novela tiene lugar a las afueras de Barcelona, donde una fábrica de dumplings, un plato típico asiático, es sospechosa de producir un componente necesario para la bomba nuclear. Inspector O vuelve a escena para investigar un reguero de cadáveres en la ruta de esta máquina desde Barcelona a Corea del Norte.

La idea de escribir novelas le llegó a Church a principios de la década pasada, cuando estaba esperando en un consulado norcoreano: le gustó la idea de mezclar Raymond Chandler y Kim Jong-il. Church, que dice hablar tres lenguas asiáticas, aunque “no con fluidez”, basa los detalles de sus libros en la observación sobre el terreno de sus viajes a Pyongyang, pero también en la vida cotidiana de cualquier país, las “a menudo deprimentes y enervantes luchas con la burocracia o el ‘sistema’”.

“En efecto, Corea del Norte es un espejo. A veces nos refleja a nosotros mismos, si nos tomamos el tiempo de ser honestamente reflexivos sobre las ‘realidades’ en que vivimos y los mitos en que nos envolvemos. Esta observación a veces se tacha de ‘relativismo moral’. Si decir esto hace feliz a algunos, no seré yo quien les quite ese gusto”.

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