el símbolo de una presidencia babilónica

Olvida la Casa Blanca: la Torre Trump es el nuevo centro del mundo

Trump asegura que seguirá viviendo a caballo entre Washington y su propio edificio en la Quinta Avenida de Nueva York, donde recibe a visitantes extranjeros y aspirantes a integrar su equipo

Foto: Agentes del Servicio Secreto montan guardia frente a la Torre Trump en Nueva York, en noviembre de 2016. (Reuters)
Agentes del Servicio Secreto montan guardia frente a la Torre Trump en Nueva York, en noviembre de 2016. (Reuters)

La torre es uno de los símbolos más nítidos de la humanidad. Una torre es poder, éxito, control; domina el cielo y la tierra y se deja ver desde muy lejos. La Biblia tiene torres creadas para rivalizar con Dios y destruidas como castigo. Cuando alguien vive aislado entre lujos, decimos que vive en una 'torre de marfil'. Las dos torres de Tolkien reflejan visiones del mal y las Torres Gemelas de Nueva York son un símbolo caído. Y ahora mismo, la torre más famosa del mundo es la Torre Trump de la Quinta Avenida.

Sobre ella gira el destino político de Estados Unidos. El presidente electo, Donald Trump, sigue acampado allí como un rey absolutista. Literalmente; con puertas dobles de oro y diamante, pilares de mármol, querubines, candelabros y un Apolo cruzando el cielo, su 'penthouse' de la torre está decorado como el Palacio de Versalles. Allí recibe a los dignatarios extranjeros y a los candidatos que esperan formar su corte.

Un total de 68 plantas más abajo, la arteria más exclusiva de Manhattan ha sido cortada. Los peatones que deseen entrar a comprar en la torre han de convencer a los policías armados de la puerta. Luego son registrados, igual que los periodistas, que pasan 12 horas diarias en el vestíbulo, de pie, esperando noticias tras un cordón de terciopelo rojo.

Manifestaciones a favor y en contra del nuevo presidente junto a la Torre Trump, el 20 de noviembre de 2016. (Reuters)
Manifestaciones a favor y en contra del nuevo presidente junto a la Torre Trump, el 20 de noviembre de 2016. (Reuters)

La misma noche electoral, varios camiones llenos de escombros fueron alineados en la acera. La misma noche electoral, estallaron las protestas. Los neoyorquinos organizan una resistencia difusa contra quien va a tener en sus manos el Gobierno, en principio, hasta 2020. Salen a diario con carteles y gritan “¡No es mi presidente!”.

Otra víctima: los negocios. Las marcas más importantes lucen en la Quinta Avenida su 'tienda insignia'. El 10% de las ventas de Tiffany’s, por ejemplo, se da aquí, pero la entrada ha sido bloqueada. Los clientes deben buscar la puerta en la calle contigua. Lo mismo para Hollister, Abercrombie & Fitch, Polo Ralph Lauren o Henri Bendel. El flujo de clientes puede caer hasta un 25% este trimestre, según estimaciones de RBC Capital Markets. Los escaparates resplandecientes conviven ahora con los bloques de hormigón; las ofertas, con las vallas, los cascos y las metralletas.

Un enorme desafío de seguridad

No es un percance pasajero. Fiel a su estilo hipnótico, dejando informaciones llenas de huecos que cada uno llena con su imaginación, Donald Trump ha dejado entrever que vivirá entre la Casa Blanca y su torre, con escapadas de invierno a Miami. Puede que su mujer Melania y su hijo Barron ni siquiera se muden a Washington.

Dos peatones pasan por delante de la sede de Tiffany's en la Torre Trump, cuya entrada está bloqueada. (Reuters)
Dos peatones pasan por delante de la sede de Tiffany's en la Torre Trump, cuya entrada está bloqueada. (Reuters)

El alcalde neoyorquino, Bill de Blasio, ha garantizado que el tráfico de la avenida seguirá funcionando, al menos hasta la investidura presidencial el 20 de enero. Pero pedirá al Gobierno federal que reembolse los gastos extra de seguridad, ya que la torre supone un desafío sin precedentes a la policía y el servicio secreto: a la residencia solo se puede acceder por ascensor y está rodeada por edificios altos repletos de ventanas.

La Torre Trump dice muchas cosas sobre el magnate. Fue erigida en solo cinco años, sobre las cenizas de la tienda de lujo Bonwit Teller. Durante la construcción, Trump prometió conservar el bajorrelieve de piedra caliza de la entrada y donarlo al museo MET. Luego descubrió que salvar el bajorrelieve llevaría 10 días. Y fue demolido. En una de sus muchas batallas jurídicas, Trump fue denunciado por usar a 200 obreros polacos indocumentados; la llamada 'brigada polaca' trabajaba día y noche, cobraba cinco dólares la hora, no usaba casco de seguridad y dormía en las obras.

El vientre de la torre es un vestíbulo altísimo de mármol rosa, cascadas y balcones de oro. Las tiendas de la planta baja son un altar dedicado a San Trump; todo lleva su nombre: el bar, las corbatas, los libros, las pelotas de golf, las sudaderas, los osos de peluche. Por encima hay apartamentos de entre 2,5 y 18 millones de dólares, aunque ninguno se compara al suyo: 100 millones de dólares de gusto absolutista.

Donald Trump recibe al primer ministro japonés, Shinzo Abe, en una sala de la Torre Trump, el 17 de noviembre de 2016. (Reuters)
Donald Trump recibe al primer ministro japonés, Shinzo Abe, en una sala de la Torre Trump, el 17 de noviembre de 2016. (Reuters)

La torre es también un testimonio físico del éxito. Frente a la huella abstracta que dejan los políticos, ramificada hasta el infinito en leyes, acuerdos y claroscuros, Donald Trump ha marcado su territorio en el cielo de Manhattan. Su legado se puede oler y tocar. Y es solo un aperitivo de lo que seguramente será una presidencia babilónica.

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