Fundador del movimiento político "en marcha"

Dimisiones en Francia: Macron, el protegido de Hollande que se volvió contra su mentor

Hasta ayer, Emmanuel Macron era el miembro más popular del Gobierno francés, pero las crecientes tensiones con el presidente le han llevado a levantar el vuelo por sí mismo

Foto: Emmanuel Macron, durante una rueda de prensa en el Ministerio de Finanzas, el 30 de agosto de 2016. (EFE)
Emmanuel Macron, durante una rueda de prensa en el Ministerio de Finanzas, el 30 de agosto de 2016. (EFE)

Emmanuel Macron, ya exministro de Economía del Gobierno Hollande, era, sin duda, el personaje más peculiar del gabinete. "No soy socialista", declaró hace unos días, cuando se le preguntó si participaría en las primarias que el Partido Socialista de Francia (PAF) va a celebrar para elegir a su candidato a las presidenciales de 2017.

Fichado por François Hollande justo hace ahora dos años, el CV de Macron rechinaba para los izquierdistas del partido, que solo se fijaban en la experiencia del nuevo y joven ministro como banquero de negocios de la firma Rothschild. Desde entonces, para sus detractores en la izquierda se convirtió en "Macron el banquero".

François Hollande le llamó entonces para superar la enésima crisis de la impopularidad que su presidencia sufre desde el inicio. Muy en su línea de sorprender por sus nombramientos, el jefe del Estado colocaba en Economía a un enarca considerado social-liberal, como Manuel Valls, pero de verdad, con una experiencia en el sector privado de la que el primer ministro carece.

La Ley Macron quedará en la historia política de Francia como una de sus obras, pero también como un 'coitus interruptus' económico-social. Pensada para liberalizar la esclerotizada economía francesa, será recordada, entre decenas de medidas, solo por haber relanzado el transporte nacional en autocar. Sus intentos de obtener la apertura de los comercios el domingo y otras ideas rupturistas en una Francia que sigue anclada infeliz en los felices setenta, eran demasiado atrevidos para los sindicatos, una parte del PSF, los ecologistas, por supuesto la extrema izquierda y los editorialistas de la prensa de centro-izquierda, a sueldo de magnates de las telecomunicaciones.

Macron se convirtió en un pararrayos para Hollande y su Gobierno. Intentaba impulsar la apertura hacia un liberalismo controlado. Era el portavoz de las ideas que los socialistas históricos no se atreven ni a mencionar. En resumidas cuentas, era el "ultraliberal [insulto supremo] del Gobierno Hollande". Por supuesto, para la patronal francesa (Medef), Macron era un ejemplo de socialista moderno. Fue uno de los que más ayudaron a implementar medidas de apoyo a los empresarios, pequeños, medianos y enormes.

El presidente Hollande y el primer ministro Manuel Valls, el 25 de agosto de 2016. (Reuters)
El presidente Hollande y el primer ministro Manuel Valls, el 25 de agosto de 2016. (Reuters)

Popular a pesar de las salidas de tono

A pesar de la campaña en contra del 'establishment' que duerme la siesta desde "los 30 gloriosos", Macron empezó a ser considerado el miembro más popular del Gobierno en las encuestas que crucifican al tándem Hollande-Valls. El apoyo popular se mantiene incluso a pesar de haber sufrido un control fiscal que le ha obligado a pagar el impuesto sobre la riqueza, y muy a pesar de un episodio televisado. En plena protesta callejera contra la nueva Ley de Trabajo, Macron discutió acaloradamente con un manifestante que le reprochó el precio de su traje. Macron le dijo que para pagarse una prenda así solo había que trabajar. Sus enemigos esperaban que esa "humillación" al representante del pueblo le restara apoyo popular. Pero no fue así.

Macron se convirtió en la mosca cojonera del Gobierno y empezó a cabrear a su papá politico, Hollande, y a su jefe y luego gran rival, Manuel Valls. La mosca empezó a volar sola. En abril, Macron decidió lanzar su organización política, llamada En Marcha. ¿Hacia el Elíseo? Sin duda. La ambición política nunca disimulada del joven es un hecho. Prefirió entrar en política ganando 10 veces menos que en el sector privado.

Durante los últimos meses, su distanciamiento de Valls se convirtió en odio africano (perdón a los políticamente correctos). Valls detestaba a su subordinado. Uno de los enfrentamientos indirectos más sonados fue a causa del análisis que uno y otro exponen para explicar la razón por la que ciertos jóvenes caen en las redes del terrorismo. Ahí, Macron el liberal ve razones de origen social y económico. Valls, en cambio, está harto de que se justifique siempre con la sociología y la economía un terrorismo insuflado y apoyado por el islam radical, nacional y exterior.

Macron no ha dudado desde dentro del Gobierno en criticar la política de Hollande, que considera no lo suficientemente audaz. Era el único miembro del gabinete que se atrevía a hacer declaraciones a la prensa sin pasar por el control del presidente. El resto de los ministros expresaban su mosqueo y explotaban celosos ante la autonomía que Hollande otorgaba a su protegido.

Según 'Le Monde', un día Valls le advirtió: "Ten cuidado. Te estás haciendo insoportable. Acuérdate del libro de Agatha Christie en el que todos los presentes dan una puñalada en la oscuridad. Te va a pasar lo mismo con tus colegas".

Manifestaciones contra la Ley Macron en París. (Reuters)
Manifestaciones contra la Ley Macron en París. (Reuters)

¿Candidato a la presidencia?

El mismo diario recoge los ataques cotidianos en público de Valls hacia su ministro : "Hay ministros jóvenes que comunican mucho". ¿Cuál era -es, más bien- el mensaje que comunicaba Macron? Leamos algunos ejemplos:

"Hacen falta jóvenes franceses que quieran ser millonarios".

"Ya no se puede presentar a la izquierda como la extensión infinita de los derechos".

"Hay que revisar uno de los viejos reflejos de la izquierda que ve a la empresa como el lugar donde vivir la lucha de clases".

El impuesto del 75% sobre los sueldos superiores a un millón de euros al año... "es como en Cuba, pero sin sol".

Y su epitafio para sellar su adiós al gabinete: "La honestidad me obliga a decir que no soy socialista".

Eso ya lo sabíamos, exclamarán los defensores del pueblo francés oprimido. Hollande y Valls también lo sabían. Los chistes de esta pasada semana mostraban al presidente y al 'premier' reconociendo en voz baja que ellos tampoco lo son.

Macron defiende una vía política en la que el sentido común pueda unir a ciudadanos de izquierda, centro y derecha. No se trata de una nueva visión transversal o transideológica. Macron ha hecho en su persona el Bad Godesberg que el PSF no ha hecho, y en estos tiempos de populismo izquierdista o derechista, se atreve a decir en el Hexágono lo que Gerhard Schröder ya dijo, lo que Tony Blair aplicó en la otra orilla del Canal, o lo que Felipe González llevó a cabo al otro lado de los Pirineos. Macron quiere 'desaislar' a la aldea del Astérix que sigue soñando con Trotsky, Lenin, Mao y el gaullismo social del recordado general.

Que Macron será candidato a la presidencia está claro. ¿Utilizará los comicios de 2017 para coger rodaje y situarse como un posible primer ministro para futuros gobiernos de centro-izquierda o centro-derecha? Lo más probable.

Para completar la imagen de Macron, no se puede obviar su vida privada, algo que él no ha ocultado en absoluto. Más bien al contrario. Casado con su antigua profesora de filosofía, 20 años mayor que él, no ha desdeñado la utilización de 'Paris-Match', la revista en la que cualquier presidenciable tiene que exponer su vida familiar. Incluida la foto de pareja en la playa. Justo el verano que Hollande ha preferido evitar el posado anual. 

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