los voluntarios civiles, un factor esencial

La discreta vuelta a la guerra en Ucrania: "La gente está muriendo por nada"

Aunque apenas se menciona en los grandes medios, el país está experimentando un lento regreso al conflicto armado que llena de víctimas los hospitales, tanto en las regiones del este como las del oeste

Foto: Un militar ucraniano en su posición en el frente de Avdeyevka, Ucrania, el 10 de agosto de 2016 (Reuters).
Un militar ucraniano en su posición en el frente de Avdeyevka, Ucrania, el 10 de agosto de 2016 (Reuters).

Oleksandre Oleksei tenía 58 años cuando falleció, el pasado lunes 18 de julio, durante una ofensiva de grupos separatistas a las posiciones ucranianas en Donetsk. Un ataque que reaviva un conflicto olvidado de más de dos años de duración y con pocas soluciones próximas. Lejos quedan los titulares sobre la aparición de unos “hombrecillos verdes” armados en el este del país o las grandes llamadas del presidente ucraniano Petro Poroshenko en mayo del 2014, afirmando ser capaz de finalizar la guerra en unos pocos meses.

La realidad es bien diferente. Dos años más tarde, la Cuenca del Donetsk continúa siendo un punto caliente y de tensión para la comunidad internacional. Los intentos por conseguir un alto al fuego a través del Protocolo de Minsk en febrero de 2015 han resultado en vano, y tan solo algunas de las premisas del famoso acuerdo se han seguido de manera superficial. Entre ellas, la liberación de prisioneros por ambas partes. La más famosa ha sido la de la piloto Nadiya Savchenko en mayo de 2016 (retenida desde dos años antes y sentenciada a 22 años de prisión por el supuesto ataque deliberado y posterior muerte de dos periodistas rusos del canal Rossiya 24 en 2014) a cambio de la liberación de dos supuestos miembros de la inteligencia militar rusa. Un caso con gran eco mediático que tan solo es la punta de un enorme iceberg, con numerosos prisioneros por ambas partes.

Las cifras son difusas en un conflicto que teóricamente no existe. Rusia niega su participación en el mismo, y Ucrania, junto con la OSCE (Organización por la Seguridad y la Co-Operación en Europa), denomina como "zona ATO" (Zona de Operación Antiterrorista) a los territorios fuera del control de su Gobierno.

Funeral de Olekandre Oleksei en el cementerio de Leópolis, en agosto de 2016 (T. Suárez)
Funeral de Olekandre Oleksei en el cementerio de Leópolis, en agosto de 2016 (T. Suárez)

Mientras el este continúa con la inestabilidad y la incertidumbre que le lleva caracterizando desde hace meses, en el oeste la situación es bien diferente. En Leópolis, bastión patriota de esta zona del país, son numerosos los turistas que pasean por las calles de la antigua joya del imperio astrohúngaro. La población está dividida y mucha gente se ha habituado al relativo estatismo de los últimos meses. Los voluntarios, parte fundamental del conflicto por su labores de apoyo, ya no colaboran como antes; su actividad se ha visto mermada, aunque muchos de ellos continúan haciendo lo que pueden (recaudar dinero, enviar ayuda a los civiles y otras tareas). Son la otra cara del conflicto.

"Muchos soldados están totalmente solos"

“Al comienzo de la guerra éramos unos cien voluntarios, ahora tenemos suerte si llegamos a veinte” afirma Svitlana Sydorenko, voluntaria de la asociación “Sotnia de Voluntarios de Leópolis” en el Hospital Militar de la ciudad. El centro recibe a soldados del frente pese a los más de mil kilómetros de distancia que los separan. “En el hospital se hace lo que se puede, pero necesitamos muchos productos básicos que en Ucrania no se fabrican, como por ejemplo urocolectores masculinos”, explica Sydorenko.

“Realmente somos un apoyo para los soldados, muchos están totalmente solos porque no tienen a su familia en Leópolis y no pueden permitirse viajar hasta aquí” (a modo de ejemplo, el sueldo medio mensual de una enfermera en Ucrania es de 1500 grivnas, es decir unos 55 euros). “Está claro que nuestro trabajo no cesará con el fin de la guerra y que recibiremos incluso más personas en el hospital”, añade.

Un soldado pasa frente al Hospital Militar de Leópolis (T. Suárez)
Un soldado pasa frente al Hospital Militar de Leópolis (T. Suárez)

Frente a la paciencia y la serenidad de Svitlana, Roman Ivaniv se muestra más enfurecido: “La gente está hasta arriba de esta guerra”, afirma en voz alta. Ivanin es voluntario y fundador de la organización 'Birni Narodu' ('Pueblo Fiel'), que tiene como fin el envío de ayuda humanitaria a los civiles afectados en el este desde el inicio del conflicto. Al igual que su compañera, Ivanin, que ha viajado más de 30 veces como voluntario desde el inicio del conflicto, se muestra desencantado con la situación actual. “La gente se ha acostumbrado a la guerra. Actualmente la gente que está muriendo en el frente lo está haciendo por nada”, afirma resignado.

Pese al temor a que el conflicto derive en una nueva Osetia del Sur como sucedió en Georgia en el 2008, Ivaniv tiene una idea más clara del futuro del país: “No hay un objetivo a conseguir como en otras guerras, el mayor problema que hay en Ucrania es que mucha gente cree que tiene la verdad absoluta. La comunicación es necesaria para el fin de este conflicto, da igual que sea en ruso, en inglés o en ucraniano…", dice. "La guerra tan solo es la punta del iceberg de un problema más profundo, de desunión, eso es lo que hay que trabajar” afirma el voluntario, antes de partir una nueva vez al este.

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