"no hay político que sirva. Todos son corruptos"

Brasil aúlla contra la izquierda: dentro de la mayor protesta de su historia

La petición de 'impeachment' contra Rousseff ha sido el 'leitmotiv' en todas las protestas, declaradas por la prensa como las más multitudinarias de la historia de la democracia
Foto: Imagen de la protesta contra la presidenta Dilma Rousseff en Sao Paulo, el 13 de marzo de 2016. (Reuters)
Imagen de la protesta contra la presidenta Dilma Rousseff en Sao Paulo, el 13 de marzo de 2016. (Reuters)

“Llevo una nariz de payaso porque la política en Brasil es una gran payasada. No hay ni un político que sirva. Son todos igual de corruptos. Necesitamos con urgencia una renovación integral, hacer una limpia general y crear una amplia coalición para sacar Brasil de esta crisis política, moral y económica en la que estamos sumergidos hace demasiado tiempo”. Maurício es un empresario de mediana edad de Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, escenario, este domingo, de una de las manifestaciones antigubernamentales que han sacudido todo el país tropical.

Belo Horizonte es la cuna política de Aécio Neves, el candidato de la oposición que en las elecciones presidenciales de 2014 perdió frente a Dilma Rousseff por muy pocos puntos, quedándose con el 48,37% de los votos. También es la tercera ciudad más populosa y la cuarta ciudad más rica de Brasil, gracias a la explotación minera, sobre todo extracción de hierro. La protesta que acogió este domingo no fue de las más concurridas (más de tres millones de personas protestaron en todo el país): Sao Paulo, Río de Janeiro, Brasilia y Curitiba se pusieron por delante en cuanto al número de participantes. Sin embargo, ha sido una protesta muy simbólica porque ha contado con la presencia de Aécio Neves, que fue gobernador de este estado federal entre 2003 y 2010. Para muchos manifestantes, Aécio, que es nieto del expresidente de Brasil Tancredo Neves, es la persona “ideal” para sacar a Brasil de su atolladero.

“Yo voté por Aécio en las últimas elecciones presidenciales y creo que debería haber ganado. Es la única persona que puede arreglar esta situación”, asegura Fernando, jurista de Belo Horizonte. Poco importa que el actualmente senador Neves también haya sido acusado de corrupción en tres ocasiones por los delatores del caso Lava Jato, que implica a varios políticos, empresarios y altos directivos de la empresa estatal Petrobras en una trama de desvío de capitales y propinas.

“No se ha demostrado nada que incrimine a Aécio. Absolutamente nada”, sostiene Alberto en la Plaza de la Libertad, escenario de la primera manifestación del día. De hecho, dos acusaciones han sido archivadas por el Tribunal Superior Federal. “Tampoco hay pruebas efectivas contra Lula. De hecho, no está imputado”, argumenta la periodista. “Pero Lula es culpable. Todavía no hay sentencia, pero ya ha sido juzgado por el pueblo. Tiene que retirarse de la vida política junto a la banda criminal de políticos del Partido dos Trabalhadores (PT) que gobierna nuestro país”, responde Alberto.

“¿Qué limpieza es esta que piden los manifestantes contra Dilma y Lula e ignoran al presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, a Aécio Neves, al expresidente Fernando Henrique Cardoso y al gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin?”, pregunta el periodista Pedro Henrique França. “Si gritan contra la corrupción, tienen que gritar contra todos. Los mismos que hacen caceroladas contra Dilma y Lula, aplauden a Aécio Neves y a Cunha. Hay algo muy confuso en esta lógica”, añade.

Brasil aúlla contra la izquierda: dentro de la mayor protesta de su historia

La petición de 'impeachment' contra Dilma Rousseff ha sido el 'leitmotiv' en todas las manifestaciones del país, que han sido declaradas por la prensa local como las más multitudinarias de la historia de la democracia, por encima incluso de las protestas callejeras de 2013 contra el aumento del precio del autobús, los Mundiales y la corrupción. Es difícil saber a ciencia cuántas personas han salido a la calle porque hay una discrepancia entre las cifras ofrecidas por los organizadores y las estimaciones de la policía. En Belo Horizonte, han sido 30.000 manifestantes, según cálculos oficiales. En Sao Paulo, ha habido 500.000 personas, casi el doble que el año pasado, cuando se celebraron las primeras protestas masivas contra Dilma Rousseff. En el caso de Río de Janeiro, los organizadores hablan de un millón de personas, un dato que la Policía ha desmentido, sin por otra parte ofrecer una estimación oficial.

Esta organización del pueblo es inédita en Brasil. Nunca antes tantas personas habían salido a la calle para pedir un cambio y para protestar contra la corrupción. El pueblo se está dando cuenta de que, unido, puede mudar la realidad”, sostiene Marta, ama de casa. “Los brasileños somos personas honestas. Al fin y al cabo, los ciudadanos tenemos el poder y, si nos unimos, podemos imponer nuestro criterio”, añade.

"Brasil está muy cansado de esta lucha entre derecha e izquierda. Necesitamos una nueva fuerza política ajena a toda esta corrupción", dice un médicoHay que subrayar que estas manifestaciones coinciden con dos efemérides muy simbólicas. El próximo 17 de marzo se cumplirán dos años del inicio de la operación Lava Jato, el mayor escándalo de la historia de Brasil y el segundo mayor caso de corrupción del mundo, según la ONG Transparencia Internacional. Por otra parte, hace un año, el 15 de marzo de 2015, se celebraron las primeras protestas contra Dilma Rousseff en Brasil, que llevaron a la calle a un millón de personas, según datos de los organizadores.

En tan solo 12 meses, el escenario político ha cambiado, y mucho. El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva ha tenido que declarar bajo la custodia de la Policía Federal sobre su presunta participación en el caso Petrobrás o Petrolão, mientras que el Ministerio Público de Sao Paulo pedía la semana pasada su prisión preventiva, lo que ha conmocionado al país, o al menos a los millones de fieles seguidores del PT. Por otra parte, uno de los mayores empresarios de Brasil, Marcelo Odebrecht, ha sido condenado a 19 años de cárcel por su participación en la operación Lava Jato bajo las acusaciones de corrupción, reciclaje de dinero y asociación criminal. Hasta la fecha, 60 personas, todos políticos y empresarios, han sido condenadas.

La novedad este año, después de que se celebrasen tres actos a favor del 'impeachment' a lo largo de 2015, es que muchos políticos han participado en las manifestaciones, que ya no reúnen simplemente a anónimos ciudadanos deseosos de un cambio. En algunos casos, han sido hostigados, como ha acontecido con el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, y con el ubicuo Aécio Neves, que también ha participado en los actos de Sao Paulo. Pero, en general, el ambiente ha sido distendido y no se han registrado incidentes.

Manifestantes con una pancarta a favor del encarcelamiento de Lula da Silva, durante la protesta en Brasilia. (Reuters)
Manifestantes con una pancarta a favor del encarcelamiento de Lula da Silva, durante la protesta en Brasilia. (Reuters)

En Belo Horizonte, la atmósfera ha sido más bien festiva, con música en vivo, palomitas, batucada y hasta manifestantes disfrazados al más puro estilo carnavalesco. Entre las personas que gritaban "Fora PT", estaban prácticamente representadas todas las almas de este amplio movimiento anti-Dilma. Desde los más radicales, que invocaban la elección de Jair Bolsonaro, el polémico diputado declarado “homófobo, misógino y racista” por el mismísimo 'Le Monde'; hasta los más moderados, que pedían elecciones anticipadas y la fundación de un nuevo partido formado por personas ajenas a los tejemanejes políticos y a la corrupción.

“Nuestro país está muy cansado de esta lucha entre derecha e izquierda. Tenemos que avanzar y crear un nuevo partido que junte ambos lados y así poder salir de esta situación. No importa quién empezó a robar. Lo importante es que paren. Basta ya”, señala Naiara, médica de 28 años. “Necesitamos una nueva coalición, a ser posible una nueva fuerza política que esté ajena a toda esta corrupción”, añade su marido, también médico.

A pesar de las diferencias ideológicas, todos coinciden en un punto: el Gobierno del PT es el más corrupto de la historia de Brasil. Para muchos manifestantes, lo importante es expulsar a Rousseff cuanto antesA pesar de las diferencias ideológicas, todos coinciden en un punto: “El Gobierno del PT es el más corrupto de la historia de Brasil”, un dato que todavía no ha sido demostrado en los tribunales. Para muchos manifestantes, lo importante es sacar a Dilma Rousseff del poder cuanto antes. Poco importa si lo que venga después es un Gobierno de transición del vicepresidente Michel Temer, como prevé la Constitución, o si se forma un Ejecutivo de técnicos para implementar urgentes reformas económicas, a la espera de que se celebren nuevas elecciones, como sugiere Miguel, representante comercial.

“Primero hay que cazar a estos ladrones y echarlos del Gobierno. Después, veremos qué hacemos. Ninguno de los políticos que gobiernan actualmente sirve”, afirma Shirley. “No necesitamos un nuevo líder. De hecho, muchos problemas surgen cuando hay un líder. Lo mejor es que se forme un amplio consenso alrededor de una gran coalición de técnicos”, sugiere Antônio.

En Brasil, se confunde la política con el patriotismo. Es muy fácil salir con la ropa verde y amarilla, como si fuese un partido del Mundial, y cantar en la plaza el himno de Brasil. Lo complicado es generar un debate político entre interlocutores que ni se entienden y ni siquiera se escuchan”, afirma Mayara, oficial judiciario y estudiante de antropología.

El gran protagonista de las manifestaciones ha sido el juez Sérgio Moro, que instruye el caso Lava Jato. El rostro del letrado aparecía en camisetas, carteles y gorros. En Curitiba, los organizadores de la protesta distribuyeron 10.000 máscaras con la imagen de Moro, que ha reconocido haberse sentido “tocado” por estos homenajes.

Mientras tanto, la casta política mira con preocupación a las reivindicaciones callejeras de menos corrupción y más transparencia. El presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, acusado por el Tribunal Supremo de haber recibido propinas en 13 cuentas bancarias que supuestamente posee en el extranjero, se ha apresurado a calificar de “un poco exagerada” la petición de prisión preventiva para Lula. Mejor prevenir que curar: no vaya a ser que el enemigo declarado de Dilma Rousseff y el gran arquitecto de la maniobra de 'impeachment' acabe entre rejas antes de llevar a cabo su operación política y, encima, por las mismas razones por las que critica al Gobierno del PT.

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