"SOY CATÓLICO, ESPAÑOL Y TRADICIONALISTA"

Así fabricó la prensa mundial a los héroes occidentales contra el Estado Islámico

Muchos de los occidentales dejaron constancia de su inexistente gesta tatuándose 'ISIS Hunting Club'. Pero su guerra se libra en Facebook. Desmontamos el mito de los voluntarios contra la yihad
Foto: Scott, un occidental que asegura haberse unido a la milicia cristiana Dwekh Nwasha para luchar contra el ISIS, posa junto a otros voluntarios en Dohuk, Irak, el 13 de febrero de 2015. (Reuters)
Scott, un occidental que asegura haberse unido a la milicia cristiana Dwekh Nwasha para luchar contra el ISIS, posa junto a otros voluntarios en Dohuk, Irak, el 13 de febrero de 2015. (Reuters)

“El actor [de 'Piratas del Caribe'] mentalmente inestable Michael Enright está en peligro de ser asesinado por uno de los muchos occidentales y kurdos que desean enterrarlo. Este hombre ha sido el mayor 'p.o.s.' [pedazo de mierda, en sus siglas en inglés] que jamás pisó Rojava”. escribía en su perfil de Facebook el 'exmarine' norteamericano Jordan Matson en junio mientras imploraba al funcionario del Departamento de Estado que, sin duda, monitorizaba su cuenta “que se llevara al tipo cuanto antes”. A juzgar por el tono del mensaje, si el Gobierno de EEUU no lo hacía, él mismo le descerrajaría tres balazos. En el texto explicaba que Enright había sido expulsado de cuatro unidades de combate del cantón de Rojava (Kurdistán sirio) donde pretendía combatir. Los propios mandos de las Unidades de Protección Popular (YPG) ya le habían pedido dos veces que volviera a su casa.

Enright llegó a Siria la pasada primavera para luchar contra "la abominación del Daesh”. O eso decía al menos. No pegó jamás un tiro pero concedió decenas de entrevistas a medios de buena parte del planeta, donde posaba junto a un viejo AK47 al que llamó pomposamente 'Olga', en atención a su origen rumano. Casi nadie contrastó la veracidad de sus fanfarronadas. Pocos se tomaron la molestia de saber qué hacía allí aquel tipo cuando dejaba de pavonearse con el kasláshnikov. Parte de la prensa española se hizo eco también de las supuestas gestas del actor, dando pábulo a los despachos de agencia y alimentando, como el resto de medios de Occidente, una idea de cruzada que ha devenido en chiste, especialmente del otro lado, entre la población civil de Irak. Esta historia surrealista acaeció mientras los kurdos de Rojava se dejaban la piel y a muchos de los suyos para reconquistar Kobane con la ayuda testimonial de algunos brigadistas y de la aviación norteamericana. El Gobierno de Washington parecía haber aprendido la lección y prefería que los sirios se liberaran por sí mismos. Su intervención había de limitarse a proporcionar un modesto abastecimiento de munición y pertrechos militares y apoyar con la aviación a sus socios más fiables.

EEUU se alió 'de facto' con los kurdos de las YPG, claramente conectados al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) de Turquía. El 3 de junio del pasado año, cayó luchando cerca de Kobane el primer estadounidense -Keith Broomfield, de 36 años- durante una escaramuza de las YPG contra un puñado de hombres del Daesh. Muchos americanos ya celebraban para entonces los triunfos de la versión siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán de la Anatolia turca, una organización terrorista según los Estados Unidos y la Unión Europea. La ayuda militar de los voluntarios internacionales era más que modesta, pero su presencia ayudó a ensalzar su imagen y a proyectar una idea más romántica e internacionalista de la lucha que sostenían. Entre el cuerpo internacional de voluntarios, pelearon algún tiempo los españoles Paco Arcadio y Álvaro F. R.

En el lado sirio el exhibicionismo mediático de los veteranos anglosajones era menos ridículo que el de los cruzados, aventureros y exmarines en paro que optaron por combatir en Irak. Algunos desertaron tras descubrir que las YPG estaban constituidas por 'malditos rojos'Al menos, del lado sirio se combatía realmente. El exhibicionismo mediático de algunos veteranos anglosajones era menos ridículo que el de los cruzados -en no pocos casos, conocidos 'skinheads' británicos, según 'IB Times'-, aventureros, 'exmarines' en paro e idealistas que optaron por pasar a combatir a Irak. Algunos desertaron tras descubrir que las YPG se hallaban constituidas por “un puñado de malditos rojos” -eso fue lo que literalmente declararon a los diarios digitales anglosajones-. Otros prefirieron unirse a los 'peshmergas' kurdos o viajaron directamente a Irak porque les persuadieron de que podrían combatir contra las “ratas” enrolándose en una de esas milicias cristianas del Kurdistán iraquí, tan aplaudidas y publicitadas por la prensa occidental.

Durante casi un año y medio, cientos de medios del planeta retrataron a estos voluntarios en Irak, que adoptaban hidalgas poses militares mientras aseguraban que peleaban contra ISIS del lado de unidades irregulares de cristianos alzadas en armas contra la opresión islámista. ¿Dónde estaban los cadáveres? ¿En qué frente combatían? El 25 de febrero del pasado año, un voluntario australiano de 28 años murió luchando en Irak. Fue en Sinjar, luchando con las YPG en la zona yazidí que entonces, y ahora, controla el PKK. Esto explica las innumerables versiones contradictorias dispersadas por los medios. No hubiera sido de recibo asegurar que el otrora héroe había muerto como mercenario de un “grupo terrorista kurdo”.

Occidentales que aseguran haberse unido a la milicia cristiana Dwekh Nawsha para luchar contra el ISIS se fotografían en Dohuk. (Reuters)
Occidentales que aseguran haberse unido a la milicia cristiana Dwekh Nawsha para luchar contra el ISIS se fotografían en Dohuk. (Reuters)

El mito de las milicias cristianas

En realidad, los voluntarios extranjeros en Irak no podían enfrentarse al Estado Islámico en las filas cristianas porque las supuestas milicias ofensivas no eran tales, ni disponían de recursos para combatir. De hecho, una de las unidades militares asirias más glosadas por los medios ni siquiera existía. En el mejor de los casos, estos occidentales confundidos se pasaron varios meses en estado permanente de perplejidad, aguardando frustrados algo de fuego real y confraternizando con los extravagantes aldeanos de Dwekh Nawsha, una partida armada de inexperimentados guardas, acuartelada en la segunda línea del frente, a siete kilómetros de la posición más cercana del Daesh.

El asunto roza el disparate cuando se compara la absoluta ausencia de atribuciones militares de los asirios de Dwekh Nawsha (literalmente, “el que se sacrifica”) con las aseveraciones que realizan en las redes sociales y el modo en el que se retratan como aguerridos enemigos del Estado Islámico. Son enemigos, pero no de la forma en que pretenden. “Lucho por ellos”, posteaba a principios de enero 'The Fighter” (el guerrero) junto a dos fotos de sus hijos. En primer plano, aparecía Majid Elia, el comandante de Dwekh Nawsha, retratado en escorzo y épicamente iluminado por los rayos de luz divina irradiados por una bandera de Mesopotamia torpemente insertada a golpe de Photoshop.

A juzgar por las declaraciones de varios mandos militares de esa área, hasta la fecha su trabajo ha consistido esencialmente en atender a periodistas y voluntarios internacionales y en pasar buena parte del día dentro de un caserón pobremente guarnecido y situado en las proximidades de la aldea cristiana de Bakufa, a unos dos kilómetros del frente que custodian los 'peshmerga' -soldados del Gobierno Regional Kurdo controlados por el PDK de Barzani-. Cuando se dé la orden de avanzar, no estarán entre la tropa porque no forman parte de ella. Ni son soldados regulares, ni se les ha asignado otra función que ayudar a custodiar las casas de la población. Uno de los responsables militares de la zona, el coronel Zirevan Beroshky, confirma a El Confidencial que ni han sido autorizados para trasladarse al frente, ni pueden desplazarse de la segunda línea. “En realidad, hay poco más de una docena y no suelen coincidir al mismo tiempo más de cinco”, ironiza el comandante asirio del Ejército del Kurdistán Safaa Jamro.

'Exmarines' estadounidenses posan en Erbil, Kurdistán iraquí. (Foto: Ferran Barber)
'Exmarines' estadounidenses posan en Erbil, Kurdistán iraquí. (Foto: Ferran Barber)

"Soy católico, español y tradicionalista"

A decir verdad, son 18 hombres además de los extranjeros, según precisa desde EEUU el líder del Assyrian Patriotic Party, Emmanuel Khosaba. “Hace tan solo una semana recibimos la autorización para desplegarnos en otros puntos del frente”, añade. Coincidiendo con esa decisión, un voluntario español se desplazó el 11 de enero bajo bandera de Dwedkh Nawsha Francia hasta algún lugar de la línea defensiva de los 'peshmerga' entre Mosul y Kirkuk. “Soy católico, español y tradicionalista”, dice de sí mismo este 'cruzado', mientras alienta a otros españoles a unirse a este combate. La propia jerarquía cristiana de Irak ha insistido en la inconveniencia de ello.

Un voluntario español que asegura combatir contra ISIS, en el frente entre Mosul y Kirkuk. (Foto: Facebook)
Un voluntario español que asegura combatir contra ISIS, en el frente entre Mosul y Kirkuk. (Foto: Facebook)

De momento, el 'tradicionalista' solo ha cazado un pájaro, pero dice hallarse a 15 minutos de las posiciones del Daesh, lo cual no significa en ningún caso que vaya a combatir. Según el mando kurdo, salvo que cambie la consigna, en ningún caso serán autorizados a formar parte de una ofensiva contra el ISIS. “Es gratificante saber que no se está solo en la lucha. Además de camaradas en el frente, hay una legión de hermanos con las mejores armas: el rosario”, asegura entre tanto el voluntario en las redes, al tiempo que invita a colaborar económicamente para apoyar su estancia. Con tal finalidad, se ha organizado un 'crowdfunding' “para Juan Manuel Soria”.

Entre la posición más próxima de los yihadistas y el 'cuartel general' de Dwekh Nawsha en Bakufa, hay alrededor de 6.800 metros. Entre unos y otros se levanta, además, una línea defensiva de algo más de 30 kilómetros construida por los kurdos en 2014 para facilitar la defensa de la entonces recién reconquistada presa de Mosul. Hay un foso y una berma, casamatas y una suerte de empalizada levantada con costeros y sacos terreros. Su función militar es obvia: el Daesh no mantiene un número significativo de hombres al otro lado, pero lanza ataques aislados e imprevisibles en diferentes puntos del frente que se deben repeler sin sufrir ninguna baja.

No han cobrado, de momento, por unirse a la milicia y apenas tienen para balas. Casi todos están enaltecidos por los sucesos luctuosos acaecidos a los asirios durante los últimos dos años. Han perdido sus tierras y sus posesiones. Les mueve el patriotismo. Al fin y al cabo, dicen ser los verdaderos aborígenes de Mesopotamia, los originales habitantes de la Tierra entre dos Ríos.

'ISIS Hunting Club': la guerra en Facebook

Muchos de los anglosajones que pasaron por Dwekh Nawsha (la única partida militar asiria que admite extranjeros) dejaron constancia de su inexistente gesta tatuándose 'ISIS Hunting Club' en un conocido establecimiento de Erbil llamado Skinzophrenic. La guerra del 'ISIS Hunting Club' se libra en Facebook. Los iraquíes lo saben y bromean a menudo sobre ello.

Otros tuvieron la fortuna de ser inmortalizados en bellas postales bélicas fabricadas 'ad hoc' por y para la prensa, y con ello se hicieron populares en sus países. A pesar de ello, y a diferencia de estados europeos como España, Estados Unidos mantuvo una postura más bien laxa a la hora de perseguir a estos, formalmente, mercenarios. Eso sí, el Gobierno de Washington presiona desde el principio del conflicto a los kurdos iraquíes para que desalienten las incorporaciones de 'exmarines'. Y así se ha hecho. Siguen reclutando voluntarios, pero para formar a los 'peshmergas' en medicina de combate.

Mención aparte merece el caso del veterano Justin 'Trusty' Garfield. En el 'hall' de un conocido hotel de Ankawa (Erbil), cuenta a El Confidencial que visitó por primera vez la línea defensiva de Bakufa el 5 de noviembre a petición de un periodista. No posó con el arma porque no está autorizado, pero se apoyó con cierta presunción castrense sobre los sacos terreros para reforzar la intensidad emocional de la instantánea. Como aclaraba el pie de foto, Garfield se limita a proporcionar entrenamiento médico a los 'peshmergas'. Eso sí, en contra de lo que sugiere la imagen, muy lejos de los tiros.

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