PUERTAS GIRATORIAS Y 'LOBBIES' EN LA UE

Los 22 trabajos que ya tiene Durao Barroso

Tras dejar su cargo en 2014, el expresidente de la Comisión Europea aún no cobra de ninguna gran empresa, pero fundaciones, organizadores de conferencias y universidades pelean por sus servicios
Foto: José Manuel Durao Barroso durante una rueda de prensa en la sede de la Comisión Europea, en Bruselas, el 29 de octubre de 2014 (Reuters).
José Manuel Durao Barroso durante una rueda de prensa en la sede de la Comisión Europea, en Bruselas, el 29 de octubre de 2014 (Reuters).

La Ópera de Madrid o el Palacio de Beaux-Arts de Bruselas cuentan con José Manuel Durao Barroso en sus consejos. También la Universidad de Princeton, una de las ocho más prestigiosas de Estados Unidos, o las de Georgetown y California. A este lado del Atlántico, el también exprimer ministro de Portugal es ya profesor visitante en la Universidad de Ginebra o en las católicas de Lisboa y Lovaina.

El presidente de la Comisión Europea y sus comisarios no tienen prohibida la incorporación a la empresa privada tras abandonar sus cargos. Solo durante los primeros 18 meses deben informar a Bruselas para que un comité ético específico analice sus nuevas actividades o las de las compañías que puedan fundar. En Francia, por ejemplo, hay un plazo de tres años para trabajar en compañías relacionadas con las actividades del político. En España, la ley de incompatibilidades pide dos años de 'excedencia' entre la actividad pública y el desembarco en una empresa privada. Bruselas es menos exigente, solo 18 meses, y sin prohibición expresa.

Conferencias y honores en un retiro millonario

En las últimas semanas de su segundo mandato al frente de la Comisión, Durao Barroso anunciaba en Bruselas ante una audiencia de periodistas, empresarios y políticos que, tras retirarse, dedicaría los siguientes meses a descansar, impartir conferencias y, quizás, escribir un libro. De momento, en alguna librería puede encontrarse una pequeña selección de sus discursos, fotos y documentos titulada 'Comisión Europea 2004-2014, un testimonio del presidente', que no es un libro propiamente dicho. Solo el portugués y sus más cercanos saben si está escribiendo sus memorias políticas, pero su agenda sí está completa desde que abandonó el timón de la UE. No ha parado de viajar para ser condecorado y participar en reuniones.

Barroso se prodiga como conferenciante por el mundo, desde la reunión del Foro de Davos en Suiza en enero hasta el Instituto Politécnico de Macao en octubre, el paraíso de los 30 casinos en China, el único lugar del gigante asiático donde el juego es legal. En medio, nombramientos honoríficos en ciudades de todo el planeta autorizados por el Comité de Ética de la Comisión.

En diciembre, Barroso pedía permiso para convertirse en miembro del Consejo Internacional del Teatro Real de Madrid. Un cargo no remunerado que, paradójicamente, tuvo que contar con autorización ética, a diferencia de otros puestos más polémicos. Mientras, cobra una prestación de retiro de 14.000 euros al mes, el 65% de su salario al frente de la Comisión, que recibirá durante tres años. 

El expresidente de la Comisión Durao Barroso, durante una rueda de prensa en la sede de la CE, en Bruselas. (Reuters)
El expresidente de la Comisión Durao Barroso, durante una rueda de prensa en la sede de la CE, en Bruselas. (Reuters)

Lobista gracias a su agenda de contactos

Barroso empezó a diseñar su futuro profesional antes de abandonar la Comisión. El 9 de octubre de 2014 solicitó y obtuvo el permiso para impartir conferencias sobre economía, Europa o la globalización en la London Speaker Bureau, discursos pagados a miles de euros dependiendo de su duración e interlocutor. El Comité de Ética no objetó el nombramiento, pese a gestionarse desde las plantas nobles de la Comisión.

La normativa es tan laxa que deja la puerta abierta para saltar desde el puesto de comisario a una gran multinacional. Uno de cada tres comisarios de la última 'era Barroso' ha cruzado esa puerta giratoriaApenas un mes después, Barroso iba más allá y buscaba la aprobación para 11 nuevos trabajos, incluida su incorporación a la dirección del Club Bilderberg. Seis de ellos recibieron el visto bueno automático pero otros cinco requieren la lupa del Comité Ético.

Paradójicamente, y aunque “a primera vista no parece que presente un riesgo de incompatibilidades”, la presidencia de la Fundación para la Infancia de la UEFA sí precisa una segunda opinión. Al mismo nivel que dirigir el Club Bilderberg. Porque Barroso es ya miembro del comité directivo del Bilderberg y en junio acudió a Austria para su reunión anual, junto a políticos europeos como el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, o el ministro de Finanzas británico, George Osborne. Ana Patricia Botín o Pedro Sánchez eran dos de los españoles presentes, entre los que no había ningún representante del Gobierno.

Su agenda de contactos y relevancia pública atrajeron también la atención de la 'European Business Summit'. Al mismo nivel que el Bildeberg pero no tan famoso, el encuentro anual en Bruselas es considerado por 'Corporate Europe Observatory' como “la plataforma lobista que facilita a empresarios el acceso a altos dirigentes europeos, incluidos comisarios europeos”. Que Barroso presida la EBS no mereció la atención del Comité de Ética.

Puertas giratorias y 'lobbies' en la UE

En 2011, la Comisión Barroso atendía las preocupaciones de organizaciones europeas especializadas en estudiar los vínculos entre la clase política y el mundo empresarial. Su entonces secretaria general, Catherine Day, respondía por carta que “la revisión del Código de Conducta para los Comisarios refleja las mejores prácticas en Europa y en el mundo”.

La misiva, a la que ha tenido acceso El Confidencial, asegura que las restricciones para las actividades profesionales de los comisarios tras abandonar sus puestos “deberían ser justas, acordes a los riesgos y razonables ante la gravedad de conflictos de intereses potenciales”. Day y la Comisión Barroso justifican estas directrices porque están en línea con las recomendaciones internacionales.

Aunque no existe la prohibición de trabajar para el mundo empresarial, en los primeros 18 meses tras cesar en sus actividades los excomisarios “no deben presionar o apoyar entre los miembros de la Comisión y su equipo en favor de sus intereses, clientes o empleadores en aquellas materias de las que hayan sido responsables”.

El Código de Conducta no establece un periodo de carencia para trabajar en la empresa privada, y su normativa es tan laxa que deja la puerta abierta para saltar desde el puesto de comisario a una gran multinacional. Uno de cada tres comisarios de la última 'era Barroso' ha cruzado esa puerta giratoria.

Un trabajador búlgaro confecciona banderas de la UE en una fábrica de Parvomai. (Reuters)
Un trabajador búlgaro confecciona banderas de la UE en una fábrica de Parvomai. (Reuters)

La Comisión Barroso salta a la empresa

Nueve comisarios que dejaron su trabajo en Bruselas hace un año ya están dirigiendo o asesorando a importantes multinacionales. Dan un paso más que el realizado por Durao Barroso, su antiguo jefe. Casos tan alarmantes como el de la eurodiputada Viviane Reding, exvicepresidenta de la Comisión, sentada ahora en el consejo de la minera Nystar y la fotográfica Agfa. El 'verde' Janes Potocnik, ex responsable de Medioambiente, cruzó otra puerta giratoria llamativa para trabajar indirectamente para una de las mayores compañías de pesticidas, Syngenta. 

Su antigua compañera Neelie Kroes, excomisaria de Competencia entre 2004 y 2010, encargada de resolver las operaciones empresariales que perjudicarían a los consumidores y reducirían la competencia, es asesora especial de Bank of America Merrill Lynch, una de las cuatro principales entidades de Estados Unidos. A la política holandesa parece no importarle que la crisis financiera provocase la consolidación del sector bancario al otro lado del Atlántico, donde antes de estallar las hipotecas 'subprime' había siete grandes entidades y ahora solo hay cuatro. BofA-Merrill Lynch es la unión de dos, un movimiento corporativo quizás imposible para las normas de competencia comunitarias.

De momento, Kroes no se puede presentar de manera oficial en las instituciones europeas para realizar prácticas lobistas. Oficialmente, aún deberá esperar unos meses, pero cómo controlar sus contactos con antiguos colegas. La investigadora de Lobby Control Nina Katzemich cree que “la prohibición para ejercer el 'lobby' de los excomisarios necesita extenderse a un periodo completo de tres años”.

Contactos como el que ha podido producirse entre Joaquín Almunia y Maros Sefcovic, dos antiguos colegas de la Comisión Barroso. El eslovaco es el actual vicepresidente para la Unión Energética y se reunió con la energética italiana Enel el 28 de enero. Almunia realizó un informe pagado por Enel titulado 'Construyendo la unión energética para potenciar el crecimiento europeo'. Para su redacción, tuvo que pedir permiso al Comité de Ética y alegar que no emplearía información derivada de su cargo como comisario de Competencia.

Un año antes, y ostentando ese puesto, Almunia pedía en la XXX Reunión del Círculo de Economía en Madrid que la UE se dotase de una unión energética. Misma materia, diferente pagador. Bruselas en junio de 2014; Enel en agosto de 2015.

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