LA NUEVA ESTRATEGIA CONTRA EL ESTADO ISLÁMICO

Un arma de doble filo: EEUU entrena a los rebeldes sirios contra el ISIS

A tan sólo 60 kilómetros de la frontera con Siria, la localidad turca de Gaziantep es ahora el eje de la guerra en el exilio.

Foto: Un combatiente del Ejército Libre Sirio (ELS) ayuda a un compañero herido durante combates en Alepo, en el norte de Siria (Reuters).
Un combatiente del Ejército Libre Sirio (ELS) ayuda a un compañero herido durante combates en Alepo, en el norte de Siria (Reuters).

A tan solo 60 kilómetros de la frontera con Siria, la localidad turca de Gaziantep es ahora el epicentro de la guerra en el exilio. Yihadistas extranjeros, espías de la región y trabajadores humanitarios transitan diariamente sus calles. La ciudad es también refugio para el Gobierno de oposición a Bachar al Asad (el Gobierno Interino Sirio, SIG, por sus siglas en inglés). En el Bulevar Fevsy Çakmak, entre cafés y restaurantes de kebab, han establecido su sede. “Hemos recibido varias amenazas de bomba”, comenta un trabajador de las oficinas centrales. Por ello, el perímetro está protegido por una gruesa valla blindada.

En su interior, el locuaz traductor introduce al asesor del primer ministro interino, Mohamad Sarmini. “Nos sentimos abandonados por la comunidad internacional”, entona en una de sus primeras frases. Se refiere a la escasa ayuda económica, que “no es comparable a lo que recibe Al Asad”, comenta. Sin embargo, desde hace unas semanas el SIG se ha visto salpicado por la corrupción, varios ministros han sido destituidos y cientos de trabajadores todavía no han cobrado su último salario. “Durante 50 años hemos vivido bajo el terror y la tiranía de un dictador; para nosotros es difícil gobernar de manera correcta”, se excusa Sarmini.

Pero la división ideológica es quizá la que más ha entorpecido el futuro de la Siria revolucionaria. Las distintas fuerzas de oposición están muy fraccionadas: el Gobierno Interino Sirio (SIG), apoyado por Qatar; el Consejo Nacional Sirio, dividido entre líderes seculares y afines a los Hermanos Musulmanes; el Comité de Coordinación Nacional, con miembros kurdos; o el Comité Supremo Kurdo. Los últimos cuatro años de pugna por el timón de la oposición han impedido al brazo político la conexión con el escenario principal de esta guerra: el campo de batalla.

Dos jóvenes combatientes del ELS posan en una casa de Alepo (Reuters).
Dos jóvenes combatientes del ELS posan en una casa de Alepo (Reuters).

El puzle de las milicias

Así, en estos últimos años, las milicias rebeldes han seguido, cada una de ellas, los dictámenes de sus patrocinadores. “Cada una recibe dinero directo de un país diferente sin que (la ayuda) pase por el SIG, por eso no acatan nuestras órdenes”, explica Ahmed, otro de los miembros del Gobierno Interino Sirio. Es por esto que el bando rebelde, que lucha contra el régimen de Asad pero también contra Daesh (Estado Islámico por sus siglas en árabe) es un complejo puzle de tropas muy diversas. Algunas de ellas se definen como revolucionarias y seculares, otras son kurdas, pero también las hay de ideología salafista o incluso de la yihad.

A principios de 2014, Estados Unidos, Jordania y Arabia Saudí formaron el "Frente del Sur”, una coalición que, con dinero de los tres países, consiguió numerosos éxitos bélicos en la zona sur de Quneitra y Deraa. Qatar y Turquía copiaron más tarde la estrategia en el norte, sólo que allí muchas de las facciones rebeldes contaban con elementos salafistas y yihadistas, como Jabhat al Nusra (la filial de AlQaeda en Siria) y Ahrar al Shams. Y esto es precisamente lo que preocupa a Estados Unidos, que busca desesperadamente la fórmula para acabar con la expansión de los extremistas sin poner “botas sobre el terreno”.

Una gran fuerza militar contra 'Daesh'

“Hemos llegado a un acuerdo con Turquía para entrenar y equipar a grupos de la oposición siria”, declaraba en octubre Jen Psaki, el portavoz del Departamento de Estado norteamericano. “Turquía será uno de los países donde tendrán lugar los entrenamientos”, concluía. Este fue el primer mensaje en el que el Pentágono mostraba su intención de formar una fuerza militar con la oposición siria para combatir a Daesh. A principios del mes de mayo, “123 soldados americanos aterrizaron en la base aérea turca Incirlik con armamento para comenzar el programa de entrenamiento”, según informó el diario turco Hurriyet.

En el restaurante Istasyon, uno de los muchos negocios que sirios adinerados han erigido en Gaziantep, Firaz, un alto cargo del SIG, desvela algunos detalles de las negociaciones entre Estados Unidos y Turquía: “El primer paso fue seleccionar las brigadas menos radicales. Se han asignado distintos colores a cada una de ellas en función de lo moderadas o radicales que sean”, comenta. El equipo americano ya ha rechazado a casi 4.000 combatientes, según informa The Wall Street Journal, y 400 se encuentran en el segundo paso de las pruebas. En el SIG creen que no se obtendrán resultados hasta 2016. “Nos llevará, al menos, todo el año 2015 formar buenos combatientes”, comentan.

Y es que el plan, que incluye adiestramiento así como el envío de armamento y tecnología militar, se ha retrasado dos meses. Los ejercicios iban a comenzar en marzo y para un número de milicianos superior, algo que da muestra de las dificultades que está teniendo el Pentágono para formar su propia brigada. “El problema es que tanto Turquía como nosotros queremos que la prioridad sea combatir al régimen de Asad… Estados Unidos, en cambio, sólo quiere que el objetivo sea acabar con Daesh…”, explica Firaz. El otro asunto que está entorpeciendo la negociación es la radicalización de algunas de las brigadas.

Fue por este motivo que, según cuenta Firaz en compañía de su traductor, Turquía ofreció la posibilidad de comenzar a entrenar a milicias de turcomanos, como la de Sultan Murad. Esta minoría desciende de poblaciones turcas en Siria durante el Imperio Otomano. Y así lo confirma un general turcomano, Muntaner Yawish, un antiguo marine del Ejército sirio, que ahora combate en el frente de Alepo contra el régimen de Asad. Yawish asegura que Turquía tomó esta solución por su cercanía étnica así como por su versión moderada del islam. “Miembros de la inteligencia americana y turca están dentro de Siria reclutando a jóvenes”, confirma a El Confidencial.

Un combatiente de la brigada Al-Sham, parte del ELS, se dirige a combatir contra fuerzas de Assad en Idlib (Reuters).
Un combatiente de la brigada Al-Sham, parte del ELS, se dirige a combatir contra fuerzas de Assad en Idlib (Reuters).

En la sede central del Frente al Shams

Los altos mandos del ELS también han establecido su base de operaciones en las calles Gaziantep. Su proximidad a Alepo permite a los generales rebeldes acudir al frente cada semana. En la zona alta de Sarigüllük Mh. es donde el nuevo “Frente al Shams” tiene una de sus oficinas. En un salón amplio, presidido por una mesa de reuniones y una pizarra para elaborar maniobras, se presenta Abu Muhamed al Halabi, un antiguo ingeniero civil en los tiempos de la preguerra, transformado ahora en el líder político del “Frente al Shams”.

Las facciones “el ejército de Muyahidín”, “Harakat y Hazzm”, “Fastaqim”, así como el "Frente Islámico”, entre otras, decidieron unirse en diciembre de 2014 para aspirar a la nueva ayuda norteamericana. Algunas de ellas son salafistas, otras están ligadas al Ejército Libre Sirio. Al Halabi reconoce que su brigada, que reúne entre 12.000 y 15.000 hombres, “ha comenzado negociaciones con Estados Unidos” pero que su cercanía a grupos extremistas ha paralizado los trámites. “Pusimos como líder del Frente al cabecilla de Al Tawid (Compuesta por afines a los Hermanos Musulmanes cataríes), Adbel Aziz AlSalameh, algo que inquietó a los americanos “porque tienen una relación muy estrecha con Al Nusra”, comenta.

Pero Al Halabi confiesa que, ellos también, han “luchado conjuntamente con Al Nusra porque tenemos un enemigo común, Bachar al Asad”. Y así es, en las recientes batallas de Hama e Idlib, las facciones rebeldes han combatido y coordinado operaciones con la filial de Al Qaeda en el país. Y esto es precisamente lo que más inquieta a Washington, que teme adiestrar y rearmar a grupos que terminen luchando por una Siria yihadista. Porque hasta ahora los rebeldes, más o menos integristas, luchan contra un enemigo común en Damasco. Pero si finalmente cae al Asad, las diferencias religiosas, ideológicas y sistémicas terminarán con las alianzas de conveniencia y comenzará la batalla por una Siria de yihad o una Siria más democrática.

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