PEKÍN INTENTA COMBATIR LA NUBE TÓXICA PERPETUA

El último grito contra la contaminación: un aspirador gigante y ropa que limpia el aire

La capa de polución que cubre Pekín y otras zonas del país ya es una pesadilla para los ciudadanos. El Gobierno busca formas de combatir la contaminación

Foto: Un hombre con mascarilla camina por el distrito financiero de Shanghái bajo un manto de polución (Reuters).
Un hombre con mascarilla camina por el distrito financiero de Shanghái bajo un manto de polución (Reuters).

La espesa capa de polución que cubre semana tras semana Pekín y otras zonas del gigante asiático se ha convertido en una pesadilla para los ciudadanos. Un 70% de los emigrantes cita la contaminación como el principal factor para marcharse al extranjero. La nube tóxica que paralizó el norte de China en enero de 2013, bautizada como “Airpocalypse”, ya hizo saltar todas las alarmas en el país. Por ello, las autoridades, que este mismo miércoles decretaron la alerta amarilla en la capital, buscan nuevas formas de combatir el fenómeno.

China está abierta a todo tipo de nuevas ideas para combatir la contaminación crónica del país. Al menos, ese es uno de los mensajes que parece transmitir la última edición de la Semana del Diseño de Pekín, que terminó el pasado viernes. Durante el evento, las distintas propuestas sobre urbanismo, diseño y moda convivieron con rompedoras sugerencias para limpiar el cielo de la capital china.

El traje 'antipolución' (Imagen cedida por Tim Scheffer).
El traje 'antipolución' (Imagen cedida por Tim Scheffer).
Una de las más llamativas es, sin duda, un traje capaz de limpiar el aire de su alrededor, desarrollada por Martijn ten Bhomer junto a un equipo de investigadores de la Universidad Tecnológica de Eindhoven y los estudios de moda Byborre y Eva De Laat. Los tejidos del vestido, llamado “BB. Suit”, cuentan con una tecnología preparada para dividir las moléculas de agua y oxígeno cercanas, creando radicales que reaccionan ante elementos como los gases tóxicos, las bacterias o las partículas de polvo. “Puedes crear tu propia burbuja de aire limpio”, resume a El Confidencial Tim Scheffer, uno de los diseñadores.

Pese a que el proyecto se encuentra aún en desarrollo, Scheffer asegura que los pekineses  y algunos negocios ya han mostrado interés por el prototipo. “Se trata de alta tecnología, pero usar nuestra ropa para limpiar el aire que respiramos juntos tiene un punto poético que ha llamado la atención de los visitantes”, afirma.

Por su parte, el diseñador y artista holandés Daan Roosegaarde, propone una solución más radical: crear una gran “aspiradora” que limpie zonas concretas de la metrópolis. Roosegaarde desea crear un campo electromagnético que recolecte las minúsculas partículas nocivas de la atmósfera, para que los habitantes de Pekín puedan disfrutar de espacios no contaminados. El diseñador, además, planea producir “anillos de smog” encapsulando los contaminantes recogidos, que permitirán lucir en tu dedo una pequeña parte de la terrible niebla tóxica pekinesa.

Roosegaarde, que expuso la idea por primera vez el año pasado, explica que no se trata de “una solución para toda la ciudad”, sino de un “incentivo” que concienciará a la población acerca de la protección del medio ambiente. Una primera prueba piloto se realizará en Rotterdam este año, y los responsables están valorando con las autoridades de la ciudad qué parque podría albergar la primera zona “libre de contaminación” de Pekín.

Una niña lee en el balcón mientras el humo se eleva de las fábricas en Quzhou (Reuters).
Una niña lee en el balcón mientras el humo se eleva de las fábricas en Quzhou (Reuters).

"Guerra" sin cuartel a la polución

Durante los últimos años, la espesa capa de polución que cubre semana tras semana Pekín y otras partes del gigante asiático se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos. Concretamente, la masiva nube tóxica que paralizó el norte de China en enero de 2013, bautizada por los medios internacionales como “Airpocalypse (Apocalipsis del aire), hizo  saltar todas las alarmas en el país. Un informe del Centro para China y la Globalización de principios de este año, recogido por distintos medios estatales, afirmaba que un 70% de los emigrantes chinos citaban la contaminación como el principal factor para marcharse al extranjero.

El Partido Comunista de China y los medios de comunicación estatales reconocen abiertamente la pésima situación del medio ambiente, causada por más de 20 años de industrialización salvaje. El pasado marzo, el primer ministro chino, Li Keqiang, afirmó que el Ejecutivo “declarará la guerra” a la polución y buscará un nuevo modelo de desarrollo más sostenible. Un mes más tarde, el parlamento nacional revisó por primera vez en 25 años su ley medioambiental, para endurecer los castigos contra los infractores y concienciar a la población de la necesidad de proteger la naturaleza. Las nuevas normas entrarán en vigor el 1 de enero de 2015.

A su vez, el Ejecutivo comunista también parece interesado en buscar nuevos métodos para combatir el problema, y la pasada primavera anunció que había empezado a usar aviones no tripulados y satélites para detectar aquellas fábricas que incumplieran la normativa sobre emisión de gases contaminantes.

El sol se pone en Pekín en un día con alerta por la alta contaminación (Reuters).
El sol se pone en Pekín en un día con alerta por la alta contaminación (Reuters).

Purificadores ‘low cost’

Sin embargo, lejos de innovaciones tecnológicas y planes gubernamentales, muchos ciudadanos buscan también sus propios remedios caseros contra la polución. Un buen ejemplo de ello es la compañía Smart Air, que realiza talleres en Pekín y otras ciudades chinas para enseñar a la gente cómo fabricar un purificador de aire ‘low cost’ para sus hogares. Thomas Talhelm, uno de sus fundadores, explica por correo electrónico que le indignó descubrir que se podía fabricar un purificador efectivo con poco más que un ventilador, una cinta de velcro y un tipo de filtro para el aire conocido como HEPA. “Las grandes compañías casi me habían convencido de que para respirar aire limpio tienes que gastar 1.000 dólares”, dice Talhelm, que decidió compartir el hallazgo con tantas personas como fuera posible.

En enero de 2013, Talhelm empezó a publicar en internet los resultados de distintas pruebas para comprobar la efectividad de los purificadores caseros. Poco después, comenzó a organizar talleres y a vender sus creaciones por 200 yuanes, unos 25 euros. “Hay mucha gente en China que no puede protegerse contra la polución por culpa de los precios”, explica.

Talhelm, que se está doctorando en psicología cultural, asegura que no pretende ganar dinero con la empresa, sino que sólo quiere hacer entender a la gente que “el aire limpio puede ser barato”. No cabe duda de que el mensaje será bienvenido por una población cada vez más consciente de los peligros de la contaminación. 

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