Más de 360.000 bebés nacen cada día en el mundo, y muchos pediatras están convencidos de que cada uno de ellos es un genio en potencia. El secreto es estimular su inteligencia casi desde el primer minuto. Nuestro cerebro triplica su tamaño durante los dos primeros años de vida, y es en ese formidable proceso de transformación cuando hay que actuar para estirar al máximo nuestro potencial y ensanchar los límites de la inteligencia.

Esa es la base sobre la que trabajan las academias de estimulación cerebral para bebés que han surgido en los últimos años en varios países. Asia, en su afán por dar la mejor preparación a sus hijos, es el epicentro de este movimiento. Y Singapur, competitiva como pocos, se ha apuntado con fuerza, pues nunca es demasiado pronto para convertir a tu hijo en un triunfador.

Los bebés no reconocen el significado de las palabras pollo o gamba, pero son capaces de conectar lo que escuchan con lo que ven. De esta manera entrenamos su memoria fotográfica, cuenta Lily, la profesora, a El ConfidencialBaby Jumper Gym es la academia de bebés más prestigiosa de esta ciudad-estado. A simple vista no dista mucho de una guardería convencional: varias aulas repletas de juguetes de colores, un salón más amplio a modo de zona de recreo y paredes empapeladas de pósteres y dibujos. Lo que hace especial a este lugar es que los pupilos promedian un año de edad y no están ahí precisamente para jugar, sino para entrenar. Hay que actuar sobre cada una de las 100.000 millones de neuronas que contiene el cerebro de un niño al nacer, y que en sus dos primeros años irán estableciendo el patrón de sus conexiones y creciendo en tamaño.

Cómo entrenar su memoria fotográfica

“Gamba, pollo, gamba, pollo, ¿gamba?”, exclama una de las profesoras después de mostrar de manera sucesiva una cartulina con un pollo dibujado y otra con una gamba a un niño que apenas sabe gatear. Y el niño, sorprendentemente, señala la cartulina a su izquierda, la de la gamba. “Ellos no reconocen el significado de las palabras ‘pollo’ o ‘gamba’, pero son capaces de conectar lo que escuchan con lo que ven. De esta manera entrenamos su memoria fotográfica”, cuenta Lily, la profesora, a El Confidencial. Después, por si la hazaña no bastase, repite la misma operación pero hablando en mandarín. Y el niño acierta de nuevo para regocijo de sus padres, que participan activamente en todas las sesiones.

Lo importante es simplificar los conceptos y hacerlos lo más visuales posible. De ahí el uso de tarjetas didácticas o la práctica de cantar canciones cuya letra está impresa en cartulinas que van pasando una delante de la otra. Una palabra por cartulina al ritmo de la canción, mientras los niños escuchan embobados. “Ellos no sabrán leer la palabra ‘hola’, pero si la ven escrita entera en un papel mientras nosotros la pronunciamos, su memoria fotográfica la retendrá”, sigue explicando Lily.

'Antes los que tomaban decisiones eran gente mayor, pero hoy no, mira a Zuckerberg y los emprendedores de Internet. Si no empezamos pronto a estimular sus ganas de aprender, quizá luego sea demasiado tarde', explica un padre“Las tarjetas didácticas les ayudan a estimular su cerebro en conjunto, y además los exponemos a distintas actividades en cada sesión, desde música, matemáticas, lenguaje y segunda lengua, actividades físicas y psicomotrices, y los padres siempre están involucrados”, prosigue Erika Leung, directora de Baby Jumper Gym. “Los padres son los guías en todo este proceso. Con las técnicas adecuadas, ellos son los que llevan a sus hijos hacia un aprendizaje más sólido y más rápido”.

La estimulación visual agudiza las capacidades del hemisferio derecho del cerebro, como la intuición, la creatividad o el procesamiento de la información recibida. Sin olvidar, por supuesto, el izquierdo, en el que se entrena su incipiente uso de la razón para procesar y resolver situaciones. Pero no todo es estrujar al bebé a base de tarjetas e impactos de luz y color. El ejercicio físico es igual de importante para desarrollar su agilidad, su coordinación y sus habilidades motrices.

Una niña de dos años juega con pintura en el jardín de su casa, en Hanau, Alemania (Reuters).Una niña de dos años juega con pintura en el jardín de su casa, en Hanau, Alemania (Reuters).
En esta academia los niños realizan un circuito completo según las limitaciones de su edad. Varios que rozan los dos años tratan de superar sus miedos y saltar a una colchoneta desde una altura similar a su tamaño. Es como pedirle a un adulto que salte un vacío de 1,70 metros. A la primera los niños se lo piensan mucho, y es el ánimo de sus padres el que los empuja a saltar. La caída es algo aparatosa, pero los aplausos son buena recompensa.

A la segunda todo fluye más rápido, y a partir de ahí los niños saltan sin pensarlo, contentos con el juego. Lo mismo ocurre con los de un año, que gatean y se incorporan para superar una barrera a dos palmos de altura para conseguir el premio de una pelota roja, que los aguarda al otro lado. También recorren con la fuerza de sus brazos una escalera horizontal, con el sostén de sus padres, que los agarran para que no se caigan y los animan a esforzarse. Y entre una y otra actividad juegan entre ellos, desarrollando su capacidad de socialización, en un ambiente siempre tierno y distendido.

“Todo el mundo empieza ahora muy joven a hacer cosas, a emprender. Tiempo atrás, los que tomaban decisiones eran gente mayor, pero hoy no es así, mira a Mark Zuckerberg (cofundador de Facebook) y todos los emprendedores de internet. Si no empezamos pronto a estimular las ganas de aprender de nuestros hijos, quizá luego sea demasiado tarde. Porque los tiempos han cambiado mucho”, explica Tony mientras sostiene a su hijo de año y medio en brazos.

Harán falta varios años para saber si los pupilos del Baby Jumper Gym se convierten en personas con una inteligencia superior a la media o todo este movimiento se reduce a una moda pedagógica. De lo que no hay duda es de que hoy son bebés muy lúcidos que gracias a estos entrenamientos poseen habilidades sorprendentes para su corta edad.

Una profesora enseña yoga a madres y sus bebés en Nanjing, China (Reuters).Una profesora enseña yoga a madres y sus bebés en Nanjing, China (Reuters).
Expertos en campaña contra estas academias

Kathy Hirsh-Pasek, psicóloga infantil de la Universidad de Temple, en Filadelfia, es una de las voces autorizadas que hacen campaña contra estas academias de estimulación para bebés. Su credo es tan sencillo como establecer para los más pequeños un clima relajado de juegos en un entorno natural. “Todo este movimiento de la estimulación temprana y las tarjetas didácticas es innecesario. Si echas un vistazo al mundo que nos rodea, hay montones de experimentos naturales para nuestros hijos en cada esquina. Las hojas de los árboles que se mueven con el viento, por ejemplo, ya es en sí mismo un ejercicio de aprendizaje de Física. Los bebés deben aprender y relacionarse con los demás de manera natural, y el mejor lugar es en el parque jugando junto a otros niños”, dice Hirsh-Pasek, especialista en la etapa infantil previa al desarrollo del habla.

Esta psicóloga infantil apunta que la estimulación en bebés ha llevado a casos de dificultades en el aprendizaje desde etapas muy tempranas, ya que la sobreexposición bloquea el interés de los niños por descubrir y aprender“Hoy vivimos lo que llamo una ‘ilusión de aprendizaje’, en la que creemos que la única manera de que nuestros hijos estén preparados para el futuro es adelantarnos a la evolución y exponerlos a montañas de tarjetas de colores. Y esa creencia no puede estar más alejada de la realidad. Los padres están muy nerviosos en este mundo tan rápido, ven que la gente lleva a sus hijos a danza, música, natación… Necesitan detenerse por un momento y pensar a dónde quieren llegar con todo eso”, continúa.

Esta psicóloga infantil incluso apunta que la estimulación en bebés ha llevado a casos de dificultades en el aprendizaje desde etapas muy tempranas, ya que, asegura, la sobreexposición “bloquea el interés de los niños por descubrir y aprender”.

Es por eso que recomienda, por encima de todo, dar tiempo a los más pequeños para jugar: “Se ha comprobado que incluso en las ratas el tiempo de juego es muy importante. Así que podemos intuir que si todos los mamíferos, y hasta los peces, juegan, seguramente es porque tiene alguna utilidad para las especies”. Estimulación temprana contra evolución natural en el aprendizaje, dos escuelas contrapuestas en las que cada padre y madre son libres de confiar el desarrollo de sus bebés.