LAS EsCUCHAS SE VUELVEN CONTRA LOS SOCIALISTAS

Nicolas Sarkozy, el ensañamiento de la justicia y el “muro de los gilipollas”

El “ensañamiento” judicial contra el expresidente Sarkozy se ha convertido en un bumerán que ha impactado en plena frente del Gobierno de Hollande

Foto: El expresidente Nicolás Sarkozy durante la inauguración de una centro para investigar el Alzheimer en Niza (Reuters).
El expresidente Nicolás Sarkozy durante la inauguración de una centro para investigar el Alzheimer en Niza (Reuters).

El “ensañamiento” judicial contra el expresidente Nicolas Sarkozy se ha convertido en un bumerán que ha impactado en plena frente del Gobierno de François Hollande. Hace justo dos semanas, el diario Le Monde publicaba que la Policía había pinchado los teléfonos de Sarkozy y de su abogado, Thierry Herzog, por orden de un juez. El magistrado investigaba la supuesta financiación ilegal de la campaña presidencial de 2007 del candidato de la derecha por parte de Muammar el Gadafi.

La izquierda se las prometía muy felices. Su principal enemigo para las presidenciales de 2017 era ya investigado por otros “escándalos”: su papel en el arbitraje que otorgó a Bernard Tapie 405 millones de euros de dinero público, en su conflicto con el banco Crédit Lyonnais; las supuestas comisiones en la venta de armas a Pakistán cuando era responsable de Hacienda; o el caso Bettencourt, del que salió exonerado de haberse aprovechado de la anciana propietaria de L‘Oreal para financiar a su partido.

Muchos casos abiertos pero, de momento, ninguna prueba en su contra, como subraya Le Monde, lo que deja en evidencia la manía de algunos medios, entre ellos el propio Le Monde, por querer establecer paralelismos entre Sarkozy y Silvio Berlusconi.

Lo que ha indignado a abogados y jueces no es sólo que las escuchas a Sarkozy y su abogado duraran meses, como si se tratara de investigar a miembros de peligrosas bandas de delincuentes, terroristas o capos de la droga. Los despachos, el domicilio privado del letrado Herzog y el de sus familiares fueron registrados por los sabuesos lanzados por los magistradosEl argumento del “ensañamiento” por parte de algunos jueces que denuncia la derecha francesa se vio reforzado con la revelación de las escuchas telefónicas al expresidente y a su abogado ordenadas por los magistrados. Destinadas a saber algo más sobre el asunto de la financiación libia, los policías encargados del espionaje descubrieron un supuesto tráfico de influencias. Un juez del Tribunal de Casación, Gilbert Azibert, habría informado al abogado de Sarkozy sobre los pasos judiciales en el affaire L’Oreal. A cambio, siempre supuestamente, Azibert habría pedido un enchufe para ocupar un puesto en el Consejo de Estado de Mónaco.

Pero lo que ha indignado a los abogados y a muchos otros jueces no es sólo que las escuchas duraran meses, como si se tratara de investigar a miembros de peligrosas bandas de delincuentes, terroristas o capos de la droga. Los despachos, el domicilio privado del abogado Herzog y el de sus familiares fueron registrados por los sabuesos lanzados por los jueces.

Las contradicciones del Gobierno

Desde un primer momento, el presidente socialista, Hollande, y su Gobierno dijeron no saber nada sobre la investigación. Querían así hacer ver que no existía persecución política en las decisiones de los jueces. La izquierda pretendía demostrar que los encargados de investigar los supuestos “escándalos” de Sarkozy lo hacen de manera independiente y no tienen que informar al Ejecutivo de cada decisión que toman.

Después de días negando conocer los detalles de las pesquisas y las escuchas, el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, admitió que el Gobierno estaba al tanto de todo desde el principio. Contradecía así los solemnes desmentidos de la responsable de Justicia, Christiane Taubira, y de otros líderes de la mayoría. La propia Taubira, un día después, seguía insistiendo en que ella no era informada de cada trámite judicial. En esa rueda de prensa blandió dos documentos que se volvieron en su contra: los periodistas hicieron un zoom sobre los papeles que, precisamente, demuestran que la ministra mentía. Sí, la palabra mentira ya no es sólo utilizada por los voceros de la derecha, sino por toda la prensa. El semanario Le Canard Enchainé publicó el miércoles documentos que invalidaban también la defensa de Taubira y demostraban que la ministra no decía la verdad.

La ministra de Justicia Christiane Taubira durante la rueda de prensa (Reuters).
La ministra de Justicia Christiane Taubira durante la rueda de prensa (Reuters).

Una ministra mentirosa frente a un ministro ridículo

Si Taubira pasa por ser una mentirosa, el ministro del Interior, Manuel Valls, es tachado de ridículo por ciertos medios. El primer policía de Francia dijo que él se había enterado del asunto a través de la prensa. Nadie puede creer que los policías que llevaban a cabo las escuchas ordenadas por el juez no informasen a sus superiores, y estos a Valls.

Después de días negando conocerlos detalles de las escuchas, el Primer Ministro admitió que el Gobierno estaba al tanto de todo desde el principio. Contradecía así los solemnes desmentidos de Taubira, quien blandió en rueda de prensa dos documentos que se volvieron en su contra: los periodistas hicieron un zoom sobre los papeles que, precisamente, demuestran que la ministra mentía

Una vez más, la catastrófica comunicación gubernamental convertía una supuesta falla política de sus enemigos en una actuación de kamikazes descabezados, que hacían estallar el cinturón-bomba en su propia casa. Por supuesto, la derecha pide la dimisión de la ministra mentirosa. Algunos medios dicen que Taubira ofreció su cabeza a Hollande. De momento, este no habría aceptado. De todos modos, se espera una remodelación gubernamental para después de los inminentes comicios municipales. La previsible debacle electoral socialista podrá justificar el guillotinamiento de ciertos ministros. Taubira habría ganado muchos puntos en esa carrera.

El nuevo icono de la izquierda francesa subrayó en plena crisis de las escuchas que gracias a Hollande los jueces galos trabajan ahora libremente. Pero los franceses y muchos jueces no olvidan sus intentos de influenciar las decisiones de la magistratura. En enero, dos asesores de Taubira citaron al fiscal general de París, François Falletti, un juez de gran prestigio nombrado en la época Sarkozy. Los enviados de la ministra le hicieron saber que Taubira se disponía a reemplazarle por alguien “más afín a su sensibilidad política”. El escándalo fue tal que Taubira tuvo que dar marcha atrás.

“El muro de los gilipollas”

Las divisiones ideológicas en la judicatura francesa son evidentes y transparentes. El año pasado, otro escándalo de proporciones espectaculares dejó pasmada a la opinión pública. Un periodista de la cadena de televisión France3 filmó con su teléfono el interior de la sede del Sindicato de la Magistratura, una de las agrupaciones de jueces que se definen de izquierdas. En las imágenes se podía ver una pared donde aparecían cientos de fotos bajo el epígrafe “Le mur des cons” (“El muro de los gilipollas”).

Los últimos episodios de la crónica judicial han provocado también la ira de los abogados. Más de quinientos letrados firmaron un manifiesto mostrando su rechazo a las escuchas y a los registros domiciliarios contra su colega Herzog. Para uno de ellos, hay una nueva generación de jueces para quienes los abogados son cómplices de sus clientes. Denuncian un atentado a las libertades públicas y al secreto profesionalEn él, tenían el honor de aparecer los principales políticos de la derecha, intelectuales como Jacques Attali, Alain Minc o Alain Finkielkraut, periodistas y otros personajes de la actualidad francesa. Lo más doloroso para algunos fue que en esa lista aparecían también algunos familiares de víctimas de violaciones y asesinatos. El mérito de estos padres para aparecer en el muro fue haber criticado a la Justicia por su falta de dureza contra los delincuentes en general, y contra los reincidentes en particular.

En Francia hay jueces de izquierda y hay jueces de derechas, como en cualquier país, y  los Gobiernos de distinto signo intentan nombrar para los puestos clave a los “más afines a su sensibilidad”, como decía Taubira. Sarkozy fue muy crítico con la supuesta flexibilidad y tolerancia de muchos jueces con la delincuencia común y con la obsesión por los supuestos escándalos de la derecha. Algunos no se lo han perdonado. Hollande, por su parte, intenta pasar como un presidente respetuoso con la judicatura, pero unas palabras suyas en una reunión con jóvenes diputados socialistas potenciaban las sospechas sobre el espionaje a su rival.  Refiriéndose a Sarkozy y su futuro político, Hollande dijo, según Le Figaro: “Sé muy bien lo que hace, le tengo vigilado”.

Hollande durante una conferencia junto a la ministra Taubira (Reuters).
Hollande durante una conferencia junto a la ministra Taubira (Reuters).

Abogados cabreados y ‘lepenistas’ encantados

Los últimos episodios de la crónica judicial han provocado también la ira de los abogados. Más de quinientos letrados firmaron un manifiesto mostrando su rechazo a las escuchas y a los registros domiciliarios contra su colega Herzog. Para uno de ellos, “hay una nueva generación de jueces para quienes los abogados son cómplices de sus clientes”. Denuncian “un atentado a las libertades públicas y al secreto profesional”.

Socialistas y conservadores de la Unión por un Movimiento Popular, las dos formaciones mayoritarias, compiten en el lanzamiento de descalificaciones graves a menos de diez días de las municipales. Para la extrema derecha es una bendición. Desde hace años, el Frente Nacional airea el lema “Tous pourris” (“Todos podridos”, “Todos corruptos”). Intentan equiparar a PSF y UMP y se proponen como el recambio al politiqueo tradicional. En los últimos días no han parado de ganar adeptos. 

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