Pasada la medianoche en Washington (seis de la mañana en España), el Gobierno federal estadounidense quedaba oficialmente paralizado por culpa de su clase política. El Senado (controlado por los demócratas) y la Cámara de Representantes (en manos republicanas) han sido incapaces de pactar unos presupuestos federales antes de que concluya el año fiscal.

Aunque se mantendrán los servicios mínimos, y a pesar de que infinidad de competencias están en manos de los 50 estados de la Unión, el desacuerdo congela indefinidamente los empleos de más de un millón de funcionarios federales, cercena la actividad pública y pone en riesgo la recuperación económica. Se calcula que el país podría perder entre un 0,15  y un 0,35 de su PIB por cada semana que dure la crisis.

¿Cómo han conseguido llegar hasta aquí?

La ley estadounidense prohíbe que el Gobierno federal incurra en gastos que no hayan sido aprobados previamente por el Congreso. Cuando, como ahora, ninguno de los dos grandes partidos tiene el control de ambas Cámaras, aumenta la posibilidad de que no se llegue a un acuerdo.

¿Cuál es el epicentro del desacuerdo?

Los republicanos, especialmente los miembros del Tea Party, exigen que se aplace o cancele la reforma sanitaria lanzada por Barack Obama, el llamado “Obamacare”. Para ello, presentan presupuestos que excluyen las partidas necesarias para la implementación de la reforma. Los demócratas lo consideran un “chantaje inaceptable” y dicen que no están dispuestos a negociarlo.

¿Estamos ante algo inédito?

Para nada. Ha pasado 17 veces desde 1976. El “apagón” más largo, a mediados de los 90, duró 21 días bajo la presidencia de Bill Clinton. La década más correosa fue sin embargo la de los años 70, cuando el Gobierno se paralizó seis veces.

¿Qué servicios se mantienen?

Las estructuras federales que se financian de manera autónoma o paralela, como Correos o los servicios consulares. También se respetan aquellas que son consideradas “esenciales” para la “seguridad de la vida humana o la protección de la propiedad”.

¿Por ejemplo?

La mayor parte del personal de agencias de seguridad como la CIA o el FBI, las embajadas, las prisiones, el tráfico aéreo, los trenes, las aduanas, el Ejército, y tres cuartas partes del personal de la Casa Blanca. También están asegurados servicios y seguros sociales básicos como los programas sanitarios para pobres (los llamados Medicare y Medicaid).

¿Qué se suspende entonces?

Todo aquello considerado “no esencial” como es la NASA, los centros de investigación, los museos, oficinas de tramitación burocrática no urgente, los monumentos públicos, áreas turísticas (incluso la Estatua de la Libertad), parques naturales, y todas las áreas no esenciales del resto de ministerios, agencias y organismos.

¿Afecta a todos los ministerios igual?

En absoluto. En algunos, como el Departamento de Agricultura o el de Medio Ambiente, se manda a casa a prácticamente todo el personal. Por ejemplo, el área de Educación sólo considera “indispensables” a 242 de sus 4.225 empleados. En el extremo opuesto se encuentran el Departamento de Justicia, el de Estado (Exteriores) y el de Seguridad. Este último dejará marchar a tan sólo 31.295 sobre un total de 231.117 trabajadores.

¿Cobrarán los funcionarios?

Aquellos considerados “no esenciales” tienen prohibido acudir a su puesto de trabajo hasta que se reanude la actividad del Gobierno y se prevé que pierdan la parte equivalente de su salario. Mientras, casi todos los clasificados como “esenciales”, incluido el millón y medio de militares en activo, no cobrarán hasta que la crisis política se resuelva, pero luego recibirán los atrasos.

¿Y los congresistas?

Pese a ser los principales responsables del problema, ellos sí percibirán sus salarios. No así sus asistentes y ayudantes. Un legislador estadounidense gana 170.000 dólares anuales.

¿Cuál será la ciudad más afectada?

Sin duda la capital, Washington DC, ya que es la única que depende íntegramente del presupuesto federal y un porcentaje enorme de su población trabaja para el Gobierno. Está previsto que se suspenda incluso la recogida de basuras y se pierdan unos 200 millones de dólares al día.

¿Qué piensan los norteamericanos?

Los estadounidenses están muy hartos de su clase política, especialmente de los inquilinos del Capitolio, que ostentan los peores índices de popularidad de la Historia. Más de un 80 por ciento de la ciudadanía se muestra insatisfecho con ellos. Y cosas como la de anoche agravan el enfado. Todos los sondeos de opinión reflejaban que una aplastante mayoría exigía un acuerdo político, el que fuese, para evitar el “apagón” gubernamental.

¿Cuándo se volverá a la normalidad?

Los expertos calculan que durará entre dos días y tres semanas, dependiendo del grado de indignación popular y de la cabezonería de los congresistas.

¿Por qué el problema es sólo “relativamente grave”?

Porque se avecina otro mucho peor. El Congreso y el presidente Obama tendrán que pactar a mediados de mes los términos para elevar el techo de la deuda federal, de modo que el Departamento del Tesoro pueda seguir pidiendo dinero prestado para cumplir con todas las obligaciones del Gobierno, entre ellas el pago de intereses sobre la deuda ya emitida.