Europa avanza en pos de una postura común sobre la crisis siria. España, Francia, Reino Unido, Alemania e Italia mantienen intensos contactos para unificar posiciones sobre la posible intervención contra el régimen de Bachar Al Asad por el uso de armas químicas, un ataque que Washington pretende liderar. El objetivo es simple: lograr, en esta ocasión, una única voz europea. Los países mencionados mantienen contactos directos con Moncloa en la persona del jefe de Gabinete de Presidencia, Jorge Moragas. Y dichas negociaciones, que se han intensificado en las últimas horas, están dando sus frutos.

Fuentes solventes aseguran a El Confidencial que Europa sólo apoyará una acción militar contra Siria si esta se emprende en el marco de la legalidad internacional, esto es, si se aguarda al veredicto del equipo de inspectores de Naciones Unidas que investigó sobre el terreno. Sólo si el informe de la ONU confirma que el Ejército sirio gaseó a los rebeldes y el Consejo de Seguridad da luz verde al ataque, Barack Obama obtendrá el respaldo europeo.        

Francia y Reino Unido, tan belicosas en los primeros compases de la crisis, parecen haber reconsiderado sus posturas. Tras el varapalo que cosechó David Cameron en una votación en la Cámara de los Comunes para que Londres se implicase en el ataque promovido por EEUU, el premier descartó ayer públicamente la posibilidad de una acción militar británica en Siria.

El régimen sirio ataca con gas a rebeldesEl régimen sirio ataca con gas a rebeldesCameron declaró que Reino Unido “no puede participar y no lo hará” en una intervención contra Al Asad, aunque instó a Obama a actuar contra el régimen porque “desmarcarse de la línea roja (marcada por Washington) sería muy peligroso. Podría dar lugar a otros ataques con armas químicas”. Su cambio de discurso llega tras días de especulaciones según las cuales el líder tory, presionado por su propio partido para celebrar una nueva votación, podría autorizar a los parlamentarios a reconsiderar su postura.

François Hollande, por su parte, también ha reculado. Tras anunciar recientemente que no celebraría una votación en el Parlamento sobre un eventual ataque en Siria (en virtud de la Constitución francesa es el jefe del Ejército y tiene poderes para ordenarlo), ahora supedita su participación en el mismo a la creación de una amplia coalición internacional.

El rechazo de un 64% de los ciudadanos franceses y de toda la oposición política a la guerra parece haberle convencido. Ahora sólo contempla una acción “legitima, colectiva y reflexionada”, aunque al igual que Cameron advierte de que no castigar a Al Asad supondría enviarle el “terrible mensaje de que se pueden volver a usar armas químicas, quizá de forma más masiva”.    

Las posturas de Reino Unido y Francia se van ajustando paulatinamente a las posiciones de Alemania y España. Pese al sinfín de condenas y amenazas que ha dedicado al régimen sirio, la canciller Ángela Merkel sostiene que, para tomar una decisión, es necesario esperar al informe de Naciones Unidas sobre el ataque que el 21 de agosto dejó 1.400 muertos en Ghuta, un suburbio a las afueras de Damasco, y lograr un acuerdo en el Consejo de Seguridad de la ONU. España, por su parte, ha abordado la crisis a la gallega: nunca ha opinado sobre la intervención de castigo contra Al Asad y siempre ha supeditado su posición sobre el conflicto a un acuerdo en el Consejo de Seguridad.      

Rebeldes del ELS se refugian en una casa destruida en Deir al-Zor, Siria (Reuters). Rebeldes del ELS se refugian en una casa destruida en Deir al-Zor, Siria (Reuters).

Una Europa sin consenso cada vez que mira al exterior

La mesa a cinco creada para abordar la crisis siria rompe una trayectoria demasiado extensa. A pesar de los más de 15 años transcurridos, del esfuerzo inicial de Javier Solana, de la puesta en marcha de un megaministerio de Asuntos Exteriores (el Servicio de Acción Exterior Europeo, SAEE) y de la creación del puesto de Alto Representante de la UE, la vieja Europa sigue mostrando una crónica falta de consenso en asuntos claves cada vez que mira al exterior.

La UE ha dado en los últimos meses varios ejemplos de esa carencia de visión común. La falta de una postura clara ante la reciente crisis en Egipto, a pesar del trabajo de fontanería previo del enviado especial, Bernardino León; la tibia reacción al escándalo del espionaje estadounidense, con unos Gobiernos europeos más interesados en cooperar con Washington que en mantener una postura común firme, o las divisiones en temas claves como Palestina o la actual crisis en Siria, evidencian que Europa no hace el camino caminando.

La jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, ha sido criticada, a menudo con razón, por su falta de experiencia en el campo de las relaciones exteriores, por no acudir a reuniones importantes o por no ser lo suficiente comunicativa. Como señaló recientemente el antiguo comisario para Ampliación, Günter Verheugen, la UE está perdiendo influencia en el mundo todos los días debido a la falta de un “liderazgo sensible”. Su equipo insiste en señalar algunos logros importantes conseguidos, como el acuerdo histórico, duramente negociado, entre Serbia y Kosovo, o la puesta en marcha del SAEE. Además, señalan sus defensores, si Europa no tiene una sola voz, se debe ante todo a que los estados miembros ponen palos en las ruedas.

*Jorge Valero ha colaborado en esta información desde Bruselas.