Los Hermanos Musulmanes mantendrán su pulso en las calles después de que el ‘Viernes de la Ira’ convocado por los partidarios del depuesto presidente Morsi volviera a teñir el país de sangre, en una jornada que deja a Egipto al borde del caos y reaviva los temores hacia una guerra civil.

"Los militares han extendido la mano para asesinar y quemar a miles de egipcios en varias masacres", asegura la hermandad en su último comunicado. "Todo lo que nos atribuyen los medios oficiales es mentira, no es más que una tapadera para ocultar el terrorismo, la traición y la brutalidad contra manifestantes pacíficos y desarmados que fueron asesinados a balazos desde helicópteros y azoteas".

La cofradía culpa al ministro de Defensa, Abdel Fatah el Sissi, de quien recuerdan que afirmaba recientemente: "Nos cortaremos las manos si dañamos a los egipcios" o "Es mejor que los egipcios hagan fila para votar durante 15 horas que el país retroceda 30 o 40 años".  Los islamistas insisten en que “no queda más camino que actuar” y llamaron a una semana de protestas consecutivas.

Tras los enfrentamientos de este viernes, sólo el toque de queda consiguió enfriar una situación límite. Con los edificios de El Cairo aún ardiendo, muchos manifestantes se fueron a sus casas obedeciendo el mandato de la Hermandad, que a última hora de la tarde dio por terminadas las protestas para “evitar un número mayor de muertos”.

Un miembro de los hermanos musulmanes, herido (reuters)Un miembro de los hermanos musulmanes, herido (reuters)

Será sólo una tregua, porque el movimiento religioso replicó al Ejecutivo con otro comunicado en el que dejaba claro que la violencia sólo “aumentará la insistencia del pueblo egipcio para acabar con el sangriento golpe militar”.

Los Hermanos Musulmanes carecen de una estructura armada y además su liderazgo se ha visto tremendamente debilitado. Pero, como advertía anterior uno de sus portavoces, todavía disponen de un número importante de fieles con la rabia “fuera de control”.

Decenas de muertos en nuevos enfrentamientos violentos

Este viernes, miles de seguidores de los Hermanos Musulmanes se arremolinaban ya antes de que comenzaran las protestas en la mezquita de Al Fatah, en la céntrica plaza cairota de Ramsés. Su voluntad era condenar “pacíficamente” la masacre del pasado miércoles que ha dejado ya 638 víctimas mortales, según el Ministerio de Sanidad. Entre ellos, manifestantes como Ibrahim Awa, que clamaba que el ministro de Defensa, Abdel Fatah el Sissi, era “un asesino” y que había acudido a las protestas sólo para expresar el “rechazo del pueblo egipcio”.

Ibrahim insistía en que su voluntad era pacífica, pero la baba se le salía de los labios. Ni siquiera se esforzaba por contener la rabia, que desembocó poco después en unos enfrentamientos viscerales que dejaron decenas de muertes.

La Policía acudió bajo el mandato de disparar con munición real a todo aquel que alterara el orden público. Y así lo hizo. Las fuerzas de seguridad, que ya habían reforzado su despliegue, se apostaron en los puentes para disparar sin contemplaciones. Las víctimas, como es habitual, corrieron de parte de los islamistas, que sin embargo, tampoco se mantuvieron impertérritos.

La mayoría de los agitadores se servían de piedras, pero también se vieron armas de fuego, que la televisión se encargó de repetir una y otra vez. “Egipto lucha contra el terrorismo”, era el titular que utilizaban los informativos de uno de los canales públicos.

El Gobierno emitió un comunicado en el que llamaba a la unidad de la nación, aunque dejando fuera a una parte importante: “El Gobierno, el Ejército, la Policía y el gran pueblo son una sola mano en la lucha contra el oscuro plan terrorista de los Hermanos Musulmanes”, sentenciaba el comunicado emitido por el Consejo de Ministros.

Mientras tanto, los actos de sabotaje continuaban en El Cairo. Varios edificios quemados y el asalto a las comisarías confirmaban la teoría ya de por sí inoculada desde los poderes públicos. Las facciones enfrentadas se difuminaban en las calles y junto a las fuerzas de seguridad actuaban también hombres vestidos de civiles.

Los choques violentos se extendieron de nuevo por todo el país, dejando un reguero de muertos difícil de cuantificar. Más cuando entran de nuevo en disputa las autoridades y los islamistas. Mientras el Ministerio de Sanidad dejaban la cifra en 27 fallecidos, los Hermanos Musulmanes declaraban que ya por la noche el balance superaba el centenar.