EL PELIGROSO EJEMPLO DE LOS HERMANOS TSARNAE

Los hermanos asesinos de Boston, últimos exponentes del ‘nuevo terrorismo’

Los autores de los atentados de la maratón de Boston eran dos hermanos instalados plácidamente en Estados Unidos desde que su familia se trasladó en 2003

Los autores de los atentados de la maratón de Boston eran dos hermanos instalados plácidamente en Estados Unidos desde que su familia se trasladó en 2003 desde la lejana república rusa de Chechenia, de donde eran naturales, a la localidad de Cambridge (Massachusetts). Lo hicieron con estatus de refugiados. Dzhokhar Tsarnaev, de 19 años, estudiaba medicina en la Universidad de Cambridge. Y Tamerlan Tsarnaev, de 26 años, cursaba una ingeniería en el College de Bunker Hill, a las afueras de Boston, aunque compaginaba las clases con su carrera de boxeador amateur. El pasado lunes, dejaron al menos dos mochilas cargadas de explosivos entre la multitud que se agolpaba en la meta de la prueba de atletismo. Mataron a tres personas e hirieron a otras 176. Todo a escasos metros de donde llevaban una década durmiendo.

Nada de los autores encaja en el perfil del terrorista. Y menos aún en el retrato del fundamentalismo religioso, aunque ambos eran reconocidos musulmanes. Puede que el modo en que programaron las bombas para que explosionaran de forma simultánea, el emplazamiento escogido para colocarlas o los productos caseros que utilizaron para poder confeccionarlas mantengan paralelismos con los ataques que los radicales yihadistas suelen perpetrar en Occidente para lograr la máxima repercusión con el mínimo material posible. Pero en el resto de elementos, al menos de forma preliminar, no hay ninguna conexión con el prototipo de asesino islamista despiadado. Y eso generará inquietud en la sociedad y en las fuerzas del orden. Porque lo que no tiene sentido no se puede predecir. Es aleatorio. Como estos dos hermanos.

De confirmarse, serían el último exponente de un terrorismo autóctono, incongruente, exhibicionista e incontrolado que ha llegado a las sociedades posmodernas para quedarse

Las primeras declaraciones de conocidos de Dzhokhar aseguran que era “muy dulce”. No recuerdan ningún incidente que hubiera revelado la violencia que guardaba. Aseguran que nunca le escucharon expresar opiniones políticas o religiosas. En internet aparece en fotos con ciudadanos de color, asiáticos, caucásicos... Tenía cuenta en la red social rusa VKontakte. Su perfil en esa plataforma es anodino. Afirma que sus prioridades son los estudios y el dinero. Trabajó de socorrista hace dos veranos en la Universidad de Harvard. Dzhozkhar quería ser médico, salvar vidas. La administración le ayudó con una beca de 2.500 dólares. Pero ayer pasó el día huyendo de la policía en el Honda Civic más célebre del planeta, tratando de prolongar su caída al averno.

Su hermano mayor tenía un carácter más áspero. Fue el protagonista de un estudio fotográfico colgado en la red. Aparece entrenándose duramente en un gimnasio. Esperaba que el boxeo le permitiera conseguir la nacionalidad estadounidense. “No tengo ningún amigo americano, no los entiendo”, dijo al autor del trabajo. Pero habría sido difícil tomarle en serio o apreciar un odio real en sus palabras. No llevaba barba, tenía un Mercedes, vestía ropa cara y en varias de las imágenes del trabajo fotográfico intercambia golpes con una joven que viste camiseta de tirantes, con los hombros y el pelo al aire. En las antípodas del fundamentalismo islamista.

Por las noticias que van llegando, parece que en los últimos meses, la vida de los Tsarnaev se torció. Desarrollaron un rechazo al país que les había acogido, extremaron su visión del Islam y comenzaron a consumir contenidos radicales en internet. Dzhozkar se abrió una cuenta en Twitter con un pseudónimo y lo utilizó para hacer cada vez más comentarios de tipo religioso y político. Citó a líderes salafistas y defendió la causa Palestina. Por su parte, Tamerlan se entregó al visionado compulsivo de vídeos extremistas y empezó a frecuentar foros yihadistas. ¿Se puede afirmar que los ataques de Boston guardan relación con el terrorismo internacional? Pensarlo quizá alivie el miedo a lo desconocido y genere sonrisas entre los verdaderos militantes del islamismo mundial. Pero el caso de los hermanos Tsarnaev está más cerca de Mohamed Merah, el ladrón y pequeño traficante de barrio de origen argelino que hace un año acabó con la vida de siete personas en Toulouse por puro sadismo, que de los autores del 11-S o de los atentados que todos los días convulsionan Irak, Siria, Somalia y Afganistán, convertidos gracias al entrenamiento y el adoctrinamiento religioso en peones de una idea conscientemente estructurada. El objetivo de estos dos chechenos de clase media, con estudios y bien relacionados es un misterio.

Como Merah, los Tsarnaev también han conseguido la repercusión que buscaban. Su acción ha tenido un alcance similar al de los atentados de Londres, Bali o Bombay. Millones de personas han visto las imágenes de las explosiones. Sólo en el canal de vídeos Youtube hay más de 400.000 grabaciones sobre las explosiones. Miles de televisiones internacionales han emitido en directo las ruedas de prensa de los investigadores. Barack Obama ha comparecido tres veces para referirse sólo a este episodio. Y los hashtag de la historia llevan desde el lunes entre los más mencionados por los tuiteros.

Si los investigadores demuestran la veracidad de los datos que van trascendiendo, es muy posible que ambos se radicalizaran en los últimos meses sin entrar en contacto directo con ninguna organización terrorista ni con ningún individuo radical. Internet, las redes sociales y los manuales de bombas colgados en la red se cruzaron en su locura para arrastrarlos en esa fatídica dirección sin tener que abandonar la ciudad en la que llevaban una década durmiendo.

El FBI tendrá que demostrar si los hermanos Tsarnaev representaban una idea o actuaban por iniciativa propia. Por ahora, sin comunicados de atribución del ataque cinco días después, gana por goleada la segunda hipótesis. De confirmarse, serían el último exponente de un terrorismo autóctono, incongruente, exhibicionista e incontrolado que ha llegado a las sociedades posmodernas para quedarse. Y hay mucho infeliz falto de referentes deglutiendo estos días la 'aventura' de los hermanos chechenos. 

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