Jueves, 4 de julio de 2013

LIBIA PRETENDE APLICAR UNA SENTENCIA EJEMPLAR CONTRA EL HIJO DEL TIRANO

Los Gadafi, sin la justicia de los Mubarak

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Muamar el Gadafi

Los Gadafi, sin la justicia de los Mubarak
Graffiti de Gadafi, su hijo Saif al Islam y el ex jefe del Servicio de Inteligencia libio. (REUTERS)
Ismael Monzón (El Cairo) 10/06/2012   (06:00)
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El cuerpo ya moribundo de Muamar el Gadafi arrastrado por unos milicianos y el gesto imperturbable de Hosni Mubarak recostado en una camilla sellaron el trágico final que sus pueblos les habían preparado tras décadas de tiranía. El líder libio murió luchando, mientras que el ex dictador egipcio deberá pasar el resto de sus días en prisión. Hace una semana que el último de los faraones se convirtió en el primer ex mandatario árabe juzgado por su propio pueblo. Ahora Libia trata de imitar al país vecino, dictando sentencia para el hijo del tirano fallecido.

El Tribunal Penal Internacional (TPI) reclama a Saif al Islam, el preferido de los vástagos de Gadafi, desde hace un año, cuando la guerra civil libia se encontraba lejos de su final. La corte de La Haya acusó entonces al líder libio de perpetrar delitos de lesa humanidad contra su pueblo y a su hijo de ser el inductor de estos crímenes. Saif al Islam fue detenido un mes después de la muerte de su padre y desde entonces, Libia mantiene un contencioso con la Justicia internacional. Las autoridades rebeldes se niegan a entregar a su principal botín de guerra, al entender que el TPI no tiene competencias para juzgarlo. Libia pretende dictar una sentencia ejemplar contra él. En su país se enfrenta a la pena de muerte, mientras que en La Haya le espera la cárcel.

El camino del hijo de Gadafi había corrido en paralelo al de Gamal Mubarak, el heredero del rais egipcio. Hace poco más de un año ambos estaban llamados a suceder a sus vetustos y enfermos padres en el poder. Pero el estallido de las revueltas árabes truncó sus destinos. Gamal y su hermano Ala fueron absueltos, junto a su padre, de varios delitos de corrupción. Los hijos de Mubarak continúan en prisión y deben enfrentarse aún a varios cargos por blanqueo de capitales, pero de momento ya han esquivado una primera prueba de en los tribunales, lo que ha desencadenado la rabia de los revolucionarios egipcios, que piensan que a medio plazo los descendientes del dictador todavía podría recoger la herencia del cabeza de familia.

La revolución egipcia ha dado con los huesos del tirano en la cárcel, pero las estructuras del poder permanecen intactas. La Junta Militar que dirige la transición ha mantenido en sus cargos a jueces, ministros, diplomáticos y a toda la cúpula de las fuerzas de seguridad. Incluso el último primer ministro de la dictadura se disputa la presidencia en una segunda vuelta con los Hermanos Musulmanes. En Libia, sin embargo, el régimen quedó mutilado sin Gadafi. El extravagante dictador se encargó de concentrar todo el poder. El país debe ahora preparar sus primeras elecciones democráticas con un país entero por construir.

Las milicias al frente del desgobierno

Estaba previsto que en poco más de una semana los libios eligieran a los miembros de una Asamblea de nuevo cuño que debe redactar la próxima Constitución, aunque la inestabilidad ha provocado que los comicios se retrasen hasta julio. El Ejército, al que Gadafi denostó durante años por miedo a una sublevación, no tiene ningún control sobre el territorio. Decenas de milicias asumen ese dominio e incluso en la región oriental de la Cirenaica, tradicionalmente la más zona más levantisca, varias tribus han intentado declarar la autonomía del resto del país.

Saif al Islam se encuentra detenido en Zintan, una población a unos 150 kilómetros al oeste de Trípoli, custodiado por una de estos grupos armados. Nadie se atreve a entrar allí y sólo la entrega por parte de los guerrilleros atrincherados podría facilitar su traslado a un tribunal. La Corte Penal Internacional ha aceptado que se mantenga en territorio libio hasta que se resuelva si tiene jurisdicción en el caso, aunque de ser así ha anunciado que el Consejo de Seguridad de la ONU tomará las medidas necesarias. La Justicia internacional ha denunciado que el hijo de Gadafi podría haber sido sometido a malos tratos.

Los rebeldes claman venganza contra quien se mantuvo al mando de las operaciones durante la sublevación que acabó con cuarenta años de tiranía. Saif al Islam se erigió en portavoz oficial del régimen durante la contienda y continuó el guión escrito por su padre al calificar de islamistas “borrachos y drogados” al pueblo que se levantó en armas contra el régimen. “La única solución es una guerra civil”, aseguró en los primeros meses de las revueltas el hijo de Gadafi, que después descartó su responsabilidad al “no ser miembro del Gobierno”.

Nunca ocupó puestos en el Ejecutivo, aunque durante años se convirtió en el lugarteniente de su padre. Educado en Viena y en la London School of Economics jugó un papel importante en el terreno diplomático, en especial en la reparación a las víctimas del atentado de Lockerbie de 1988 y en el programa de desarme que Libia comenzó a principios de siglo. Para algunos Gobiernos era considerado una especie de primer ministro y desde hace años contó con el favor de Estados Unidos. Era el rostro amable del régimen, la cara moderada de un sistema despótico.

En 2008 declaró que no se ocuparía más de los asuntos de Estado. Hasta que la guerra despertó el instinto de supervivencia de los Gadafi. Aislado en el poder, su padre era consciente de que su hijo Saif era el más diligente de sus colaboradores y quizá el único en quien podría confiar. A él se le atribuyen las negociaciones con el Consejo Nacional de los rebeldes para buscar una solución poco antes del sangriento desenlace del dictador. Pero la guerra ya se encontraba en un escenario de todo o nada. Como su padre, Saif al Islam no abandonó Libia. Las guerrillas lo capturaron poco después cuando trataba de camuflarse vestido de tuareg. Ahora de ellas depende su futuro y no de una maquinaria heredada del antiguo régimen.

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