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Ismael Monzón. Port Said (Egipto) 03/02/2012 (06:00h)
Los alrededores del estadio de Port Said rezumaban ayer una calma impropia del campo de batalla en que se convirtió la noche anterior. Algunas pintadas apoyaban a los Águilas Verdes, los ultras del equipo local del Masry que arremetieron contra los seguidores de los visitantes del Al Ahly. Murieron al menos 74 personas y varios cientos resultaron heridas. Los operarios sólo retiraron los zapatos, latas de conservas o sacos de arena que se acumulaban sobre el césped, una vez se marchó el fiscal general del Estado. Nadie se explica cómo el partido pudo acabar de esta forma. Bassem Batomy lo vio todo desde su balcón, que asoma al modesto estadio del conjunto del noreste de Egipto.
“La gente había saltado al campo varias veces, todo era muy extraño, pero al finalizar el partido unos pocos invadieron la pista y muchos otros los siguieron”, explica a El Confidencial este farmacéutico de 32 años. La multitud arrinconó al millar de aficionados del equipo cairota del Al Ahly. Según los médicos de los hospitales cercanos, no hubo heridos por disparos ni por armas blancas; la mayoría de los fallecidos lo hicieron por traumatismos, como consecuencia de los golpes y la posterior avalancha.
“Uno de mis amigos estaba en coma inducido, aunque ahora se encuentra mucho mejor. Traté de ayudar como pude, ya que tengo conocimientos médicos. En cuanto vi las noticias fui a donar sangre a los hospitales. Llevo 24 horas sin dormir. Ayer pasé la noche llorando, hoy mi sentimiento es de ira y de impotencia”, prosigue este testigo directo. “No es normal que las fuerzas de seguridad se queden impasibles. Estoy convencido de que alguien provocó los incidentes”, reflexiona.
Las explicaciones giran en torno a estas teorías. Unos señalan a los seguidores del depuesto Mubarak, otros a la propia Junta Militar, que pretende justificar el mantenimiento de leyes represivas contra los actos vandálicos. El director del estadio, Mohamed Amely, argumentó que “la Policía se quedó inmóvil por miedo a la avalancha de gente”. “Todos los seguidores de los equipos de fútbol en Egipto son muy violentos, aunque nunca había pasado nada igual”, añadía el responsable de las instalaciones.
Una de las pintadas representa a un ultra del Masry lanzando un cóctel molotov, junto a la inscripción 25 January, en alusión al inicio de la revolución egipcia que acabó el pasado año con el Gobierno de Hosni Mubarak. Desde esa fecha, los radicales de la gran mayoría de equipos egipcios han estado en la primera línea de las protestas más violentas, antes contra las fuerzas de seguridad del antiguo régimen y ahora contra la Junta Militar que dirige la transición política. Los más fervientes seguidores de estos equipos se han cobrado venganza contra los agentes que durante años han reprimido los constantes enfrentamientos entre hinchadas. Ayer, esta rivalidad futbolística se disipó cuando las aficiones de los equipos más importantes del país tomaron juntas las calles de El Cairo para denunciar que la represión de las fuerzas de seguridad no ha cambiado después de la revolución.
Tormenta política
Los Hermanos Musulmanes, los grandes triunfadores de las elecciones legislativas, fueron los primeros en apuntar a la “mano negra” de los seguidores de Mubarak para desestabilizar el país. Mientras, el resto de grupos liberales, enfrentados de forma abierta con los islamistas durante los últimos días, pidieron la dimisión del Gobierno interino ante su incapacidad para mantener la seguridad en el país. El primer ministro compareció en una sesión extraordinaria del Parlamento para asumir su responsabilidad política. “Estoy dispuesto a cumplir con cualquier instrucción que me pida cuentas, porque sé que soy responsable políticamente”, aseguró Kamal Ganzhouri.
Lo que no han conseguido las protestas, que se han intensificado desde la pasada semana cuando se conmemoró el aniversario de la revolución, lo ha hecho una tragedia en un acontecimiento deportivo. El suceso más dramático de los últimos años en un estadio de fútbol ha vuelto a zarandear la ya de por sí inestable situación política que vive el país. Aún no están claras las competencias que tendrá el nuevo Parlamento recién elegido, mientras que el país debe aprobar una nueva Constitución y elegir a un nuevo presidente en los próximos cinco meses, si se cumple el calendario fijado por la Junta Militar.
Fruto o no del azar, Egipto recordará este dos de febrero como un nuevo ‘Día de la ira’, justo cuando se cumple un año de la jornada más violenta de la revolución. Entonces, decenas de personas murieron cuando cientos de partidarios del todavía presidente Mubarak entraron en la plaza Tahir a lomos de sus caballos y sus camellos. Ayer, en el ágora cairota, miles de manifestantes volvían a dirigir su rabia contra el Ministerio del Interior. A unos doscientos kilómetros de la capital, los vecinos de Port Said seguían cuestionándose por qué estos responsables no hicieron nada para evitar un nuevo derramamiento de sangre en el lugar más inesperado.
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OPINIONES DE LOS LECTORES,
2 COMENTARIOS
2 .- El Mediterráneo fue en el pasado la cuna de la civilización, pero en la actualidad casi no pasa un día sin que salga alguna noticia caricaturesca sobre las locuras que hacemos en sus riberas, desde lo del Costa Concordia hasta la masacre futbolera de Egipto. Eso sí, ya nos apañaremos para echar la culpa a los demás de nuestros problemas, al colonialismo en el caso de los moros o a la malvada Merkel los latinos.
1 .- Resulta increíble ver en lo que se ha convertido Egipto. Un país con una cultura milenaria, modelo de progreso a lo largo de la historia, y que es ahora. Es un país con una población incivilizada, donde la vida no tiene ningún valor y se mata al prójimo simplemente por que tiene una religión diferente, o una orientación política que no es la dominante, incluso por ser seguidor de un equipo de fútbol distinto o, no lo olvidemos, por ser un turista. Me pregunto si realmente el declive de está fascinante civilización, y otras del norte de África, no está relacionada con la aparición del Islam. Esta religión más que crear una cultura de la tolerancia promueve el desprecio al infiel, incluso su muerte. Desprecia a la mujer como ser humano y un largo etc. No bebas, no robes, no te drogues, no comas cerdo pero puedes comportarte como un animal y matar a todo el que se te ponga a tiro. Que lastima, algunas religiones en verdad son una lacra para algunas sociedades. Como es evidente, seguro que hay otros muchos factores que han contribuido a que se llegue a esta situación, pero educar odio como lo llevan inculcando los islamitas durante generaciones seguro que es importante.