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UNOS 300.000 INTENTAN LLEGAR CADA AÑO A EEUU

El nuevo negocio del 'narco': "Secuestrando inmigrantes ganan más que con la droga”

El nuevo negocio del 'narco': "Secuestrando inmigrantes ganan más que con la droga”

Valla que separa la frontera de México y la de EEUU en Arizona (Reuters)

@Pilar Salas (México) 24/01/2011   (06:00h)

Cruzar el Estrecho en patera es una pesadilla. Pero atravesar México desde Centroamérica hacia Estados Unidos como inmigrante indocumentado es adentrarse en un auténtico infierno; un camino en el que, según cuentan quienes lo han recorrido, se teme a todo: a la muerte y los desmembramientos que causa La Bestia -trenes de mercancía que abordan en marcha para hacer la ruta-; a las autoridades migratorias y policiales que, junto a bandas del crimen organizado, les roban, secuestran, extorsionan y asesinan, casi siempre con total impunidad; a las violaciones, en caso de ser mujer, por lo que muchas toman anticonceptivos para evitar embarazos.

Se calcula que unos 300.000 centroamericanos sin papeles cruzan cada año México con la esperanza de cumplir el sueño americano. Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), entre abril y septiembre de 2010 más de 10.000 inmigrantes de América Central y del Sur fueron secuestrados en la República; para su liberación se exigen rescates de entre 5.000 y 15.000 dólares, por lo que se ha convertido en un negocio millonario para los cárteles. Bandas como Los Zetas intentan reclutarlos para sus organigramas bajo amenaza de muerte.

En las rutas, donde también sufren frío y calor extremos y el riesgo de morir por ataques de animales venenosos, tienen escasa ayuda. Una red de casas de acogida dispuesta por la Iglesia católica y gestionada por voluntarios les proporciona cobijo y alimentación, pero también apoyo emocional, psicológico y legal. Por la Casa del Migrante San Juan Diego (Tultitlán, centro de México) pasan más de 10.000 personas al año; sólo dispone de 13 literas, algunas duchas y un pequeño comedor, pero llegan a acoger a 200 inmigrantes para el almuerzo y a un centenar para dormir “apretados como cigarritos, pero a todos los acomodamos”, explica a El Confidencial su directora, Guadalupe Calzada.

Entre los acogidos hay una joven a la que el también llamado tren de la muerte le amputó una pierna y a quien tratan de conseguir una prótesis y un visado humanitario en México; también un ex militar hondureño que perdió un brazo en un accidente laboral y, rechazado por su familia, “sólo se siente aceptado en el tren, con otros que viajan sin un brazo o una pierna, de camino a Estados Unidos”, narra Calzada. Este inmigrante, que ha abordado seis trenes para llegar a Tultitlán, necesitará otros tantos para llegar a su destino, donde espera ganar 100 dólares diarios, “el sueldo de 15 días en Honduras”. “Los policías municipales son unos rateros que nos roban todo lo que llevamos; también sufrimos la extorsión de la policía federal y tememos los secuestros; los cárteles sacan con nosotros casi más dinero que con la droga, somos su negocio aquí”, cuenta a este diario.

Una generación de emigrantes

Sin familia ni amigos en Estados Unidos, su sueño es llegar allí para “llegar a ser alguien en este mundo”. “La familia te pide que te quedes porque tiene miedo de que te ocurra algo, pero la desesperación por tener algo en la vida hace que tires hacia delante”, apunta un guatemalteco. Algunos han vivido al otro lado de la frontera pero fueron deportados por carecer de documentación; a otros les obligaron a regresar a mitad de camino las autoridades migratorias mexicanas. Nada les hace desistir en su empeño.

Toda una generación de jóvenes centroamericanos se ha visto forzada a la inmigración por las altas tasas de paro y la precariedad laboral. En el techo de los vagones se ve a hombres y mujeres que raramente sobrepasan la treintena; también hay menores y “algún viejito, pero no tantos, porque necesitas agilidad para alcanzar el tren y no perder la vida en el intento; tu vida depende de que pongas en ello los cinco sentidos”, cuentan. Si llegan a introducirse dentro de los vagones corren el riesgo de morir asfixiados; si viajan sobre ellos a duras penas soportan el frío; luchan contra el sueño, porque quedarse dormido puede significar caer en marcha. En Tultitlán, varias cruces sobre un montón de piedras a ambos lados de los raíles recuerdan a los muertos por La Bestia.

Mientras esperan otro tren para avanzar, duermen cerca de las vías y viven de la ayuda de los vecinos del lugar si no hay un centro de acogida donde “al menos duermes caliente, comes tres veces al día, te bañas y conversas con compañeros”, destaca el hondureño. Los trenes no tienen un horario fijo y a veces los esperan durante días durmiendo a la intemperie, “pasando hambre, sed y un frío infernal de madrugada”.

“Los policías mexicanos son un atajo de ladrones”

Viajan con poco dinero y toparse con un policía mexicano o un agente migratorio significa en la mayoría de los casos “perder entre 200 o 300 pesos como mínimo” (entre 12 y 18 euros), denuncian. “La policía municipal, estatal o federal te registra con la excusa de buscarte droga y lo que hacen es quitarte el dinero que llevas encima; son un atajo de ladrones y si no te encuentran nada te dan una paliza”, añaden. “Bonitos los ladrones en este país, que van uniformados”, apunta con sorna un guatemalteco. En cambio, destacan la ayuda que reciben de los militares desplegados por el territorio nacional por el Gobierno federal en su lucha contra el narcotráfico.

Critican la corrupción de los funcionarios mexicanos y que, en ocasiones, “son los propios policías los que te llevan hasta los secuestradores a cambio de su ‘mordida’ (soborno)”. Una vez en manos de las bandas, les obligan a llamar a sus familiares para que depositen una determinada cantidad en una cuenta bancaria a cambio de la vida de sus allegados. Muchos casos de violación de los derechos humanos no son denunciados, por lo que es difícil conocer la verdadera magnitud de este fenómeno. Ejemplos como los 72 centroamericanos y sudamericanos masacrados en Tamaulipas por Los Zetas el pasado agosto o los 50 secuestrados en Oaxaca y en paradero desconocido desde el pasado diciembre dan una idea del vía crucis al que se enfrentan.
 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 2 COMENTARIOS

2 .- Todos los "pobres" de Iberoamérica intentando vivir en los Estados Unidos y todos los "progres" del mundo hablando mal de los Estados Unidos. ¿Hay mayor contradicción?

GOG

24/01/2011, 10:44 h.

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1 .- México debería aplicar a los migrantes centroamericanos que atraviesan el país lo que reclama para los mexicanos que, también sin papeles, llegan a Estados Unidos. Eso le daría más credibilidad y fuerza en sus exigencias. Lástima que ni siquiera respete a sus propios ciudadanos en su territorio

don raimundo

24/01/2011, 07:05 h.

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