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Un grupo de mujeres participa en una manifestación en Egipto. (REUTERS)
Ismael Monzón - Oriente Próximo 26/11/2011 (06:00h)
A Wesam Abdel Aziz todavía le pesa la conciencia. Es doctora en el hospital de Mansoura en El Cairo y durante la última semana ha estado colaborando en los centros médicos improvisados que se han instalado en los alrededores de la plaza Tahrir. Ayer esta licenciada en medicina colgó por un momento su bata y decidió sumarse a la manifestación que se produjo en la plaza. La frágil tregua entre los militares y los manifestantes ha dado un respiro a las ambulancias. Wesam, sin embargo, visita en cuanto puede a sus compañeros para comprobar qué realmente no necesitan su ayuda.
“Apoyo a la revolución como puedo”, declara la joven de 29 años, en una calle paralela a la plaza Tahrir, frente a la iglesia de Kasr al Dobara, convertida en hospital por unos días. “La situación era mucho más segura y he pensado que era un día fundamental para apoyar las protestas”, prosigue la doctora, consciente de la importancia de la manifestación, a tres días de que comiencen las elecciones legislativas en Egipto. Bajo la manga de su chaqueta asoma un vendaje. “Esto no es nada”, responde. “Me caí en otra manifestación, cerca del hospital donde trabajo, pero eso no me impide que pueda seguir ayudando”.
A unos pasos de la iglesia, varios médicos bromean en un corrillo, relajados tras el estrés de los últimos días. La recién licenciada, Ola Momen, confiesa que no necesitan tantos refuerzos como otros días y que varias de sus compañeras han dejado su puesto y se han sumado a la concentración. Miles de mujeres volvieron ayer a tomar las calles después de haberse mantenido a la expectativa durante los violentos días de Tahrir.
Wasem, Ola y la mayoría de las mujeres van cubiertas con hiyab, el tradicional pañuelo islámico. También lo luce Nemir, que ha acudido a la manifestación con su marido Hany. Él es quien da la clave: “Los viernes es un día familiar, es festivo para los musulmanes, y la mayoría de las familias salen juntas a la calle”. Aunque ella no muestra ningún tipo de sumisión y rápidamente replica que ni ella ni el resto de las mujeres están dispuestas a abandonar la plaza. “No vamos a cometer el mismo error que en la revolución de enero, cuando nos fuimos de Tahrir y los matones del régimen entraron aquí y provocaron una masacre”, justifica apasionada.
El cese momentáneo de las hostilidades ha provocado que las mujeres se unan a la causa de unos manifestantes, que ven como ganan la partida por la vía pacífica. Tras una semana de protestas, los manifestantes ya han conseguido que la Junta Militar que dirige la transición política en Egipto acepte una remodelación total del Gobierno y acelere el calendario para elegir a un presidente democráticamente. Pero Tahrir sigue clamando más, sigue exigiendo el abandono definitivo e inmediato del Ejército del poder y ayer lo hizo también con voz femenina.
La importancia de la mujer en la revolución
Hace unos días, la directora de la Alianza para las Mujeres Árabes, Hoda Badran, señalaba precisamente la importancia de las mujeres durante la revolución en una entrevista con este diario. “Ellas estuvieron en las manifestaciones, participaron en las protestas y fueron muy importantes para conseguir la caída del régimen”, afirmaba. La responsable de una de las organizaciones feministas más importantes en el mundo árabe señalaba que tras el derrocamiento del rais, la situación de las mujeres había empeorado, pero confiaba en que las elecciones democráticas corrigieran estas circunstancias.
En el Gobierno dimisionario sólo había una ministra, mientras que ninguna mujer formó parte del comité que elaboró las enmiendas constitucionales que se redactaron tras la caída del dictador y se aprobaron en referéndum el pasado marzo. “No se habla de las mujeres durante la campaña, estamos excluidas, pero soy muy optimista y espero que consigamos una representación de entre el 20 y el 25% en el Parlamento en estas votaciones; y si seguimos trabajando duro, creo que podremos llegar hasta el 40% dentro de cinco años”, manifestaba entusiasmada la activista.
Según la cadena estadounidense CNN, la única mujer que ha anunciado su intención de presentarse a las elecciones presidenciales egipcias, la periodista Bothaina Kamel, fue acosada y detenida por unas horas el pasado domingo, después de asistir a las protestas de Tahrir. Aquel día, los militares entraron en la plaza y arrasaron todo cuanto encontraron.
Las egipcias saben que episodios de este tipo se repiten cada vez que se encienden las protestas. Tras la revolución una mujer se atrevió a denunciar a los militares que abusaron de ella y de otras 17 de chicas al someterlas “a pruebas de virginidad”, tras ser arrestadas. Wesam Abdel Aziz camina con cuidado, pero sabe que la presencia de las mujeres dota a las demandas de los manifestantes de una fuerza mucho mayor. “Las mujeres fuimos parte de la revolución y ahora no nos podemos quedar fuera de ella”, grita, rodeada por la multitud.
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