Es curioso. Los británicos no tienen carné de identidad porque lo consideran una intromisión en su vida privada, pero están acostumbrados a que cada uno de sus movimientos sea captado por
miles de cámaras de seguridad. La cifra oficial nunca se ha dado. Unos hablan de un mínimo de 1,8 millones. Otros, de un máximo de 4,2 millones. Sea como sea, las hay en todas partes. Están en recitos públicos y también en privados. Las hay en hospitales, universidades, aparcamientos, pubs. Las hay incluso móviles. Actualmente, hay 53 “CCTV cars” que patrullan 31 ayuntamientos de Inglaterra.
Siempre ha habido grupos que han advertido sobre las consecuencias que esta situación puede acarrear si no se ponen unos límites. Hasta ahora habían sido escuchados con más o menos atención, pero una noticia les ha vuelto a dar protagonismo. Scotland Yard ha adquirido unos instrumentos que les permite tener acceso a los móviles y localizaciones de ciudadanos anónimos cuyo único “delito” ha sido estar al lado de una protesta.
Según publica The Guardian, la MET cuenta con una tecnología de vigilancia que, mediante control remoto, les permite apagar las terminales, interceptar comunicaciones o recoger datos de miles de usuarios en un área determinada de hasta 10 kilómetros cuadrados. El Gobierno británico lo llama “Listed X”.
La nueva adquisición, que no abulta más que una maleta, habría sido comprada a la empresa Datong, que entre sus clientes cuenta con los Servicios Secretos británicos y estadounidenses, el Ministerio de Defensa británico y regímenes en el Medio Oriente.
El sistema se habría podido utilizar ya en varias ocasiones, como en las protestas del G-20 o los violentos
disturbios callejeros que tuvieron lugar el pasado verano. La pregunta ahora es si los agentes también están utilizando este tipo de dispositivo para controlar los movimientos de los
indignados acampados desde hace dos semas en la
Catedral de San Paul.
Los protestantes, a los que les han dado permiso para seguir con su campamento pacífico hasta principios de 2012, tan sólo son una unidad del movimiento global que empezó el pasado 15 de octubre. Uno de los acampados, perteneciente al grupo Anonymous, explicó a El Confidencial que hablan por email o por teléfono con sus compañeros de España y EE UU casi a diario. Si realmente están siendo espiados, las policía podría estar tanto de sus planes, pero también de los movimientos o conversaciones de los miles de curiosos y periodistas que cada día acuden a verles.
Nick Pickles, director Big Brother Watch –grupo que defiende la privacidad y las libertades civiles- asegura a El Confidencial que “es muy probable” que esta tecnología de espionaje se esté utilizando en las puertas de la catedral londinense. “La Policía Metropolitana compró estos equipos hace tres años, pero sólo ha sido ahora cuando nos hemos enterado de sus existencia. No sabemos ni cómo ni cuándo se han utilizado”, matiza.
Cuando este periódico se puso en contacto con la MET para hablar sobre el asunto, un portavoz se limitó a decir que ni podían confirmar ni desmentir la noticia. “No hacemos ningún tipo de comentario sobre las tecnologías que empleamos para hacer nuestro trabajo”, dijo. La empresa Datong tampoco quiso hacer ninguna declaración al respecto.
Con todo, The Guardian defiende su tesis asegurando que ha visto un documento que demuestra cómo la MET llegó a pagar a la compañía 143,455 libras por un “ICT hardware” en 2008/09.
El periódico liberal ya publicó en mayo que la Policía Metropolitana había adquirido “Geotime”, un programa de seguridad utilizado por los militares de EE UU que muestra los movimientos de un individuo y las comunicaciones que éste tiene con otras personas en un gráfico tridimensional. Puede ser utilizado para cotejar la información obtenida de los sitios de redes sociales, equipos de navegación por satélite, teléfonos móviles, transacciones financieras y los registros de la red IP.
Por su parte, el conservador The Telegraph también ha añadido leña fuego. Al investigar cómo afectaban los recortes impuesto por el Gobierno a los diferentes ministerios, el rotativo descubrió que Scotland Yard cuenta, al menos desde 1997, con aviones que han sido equipados con sistemas de vigilancia secreta capaz de interceptar llamadas de teléfono móvil o escuchar las conversaciones de los ciudadanos por la áreas dónde llevan a cabo sus operaciones.
“La historia nos enseña que, a pesar de que los poderes y la tecnología están destinadas a prevenir el terrorismo, pueden también ser rápidamente utilizados en situaciones donde no hay absolutamente ninguna amenaza. No está nada claro qué autoridad legal tiene la Policía para operar dicha tecnología”, recalca Pickles.
Según el experto, Reino Unido se ha familiarizado con las cámaras de seguridad, pero el uso de estas nuevos métodos policiales, que tienen acceso a comunicaciones personales, “no es conocido y no tiene precedentes en la democracia occidental”. “Es esencial obtener más información para que pueda haber un control adecuado”.