Eugenia Unger nació en Varsovia en 1926, en el seno de una familia judía de seis miembros. Los Rotsztejn eran papá, mamá y cuatro hermanos, pero al fin de la Segunda Guerra Mundial sólo quedó viva ella. Pesaba menos de 27 kilos y había pasado por el gueto y por varios campos de concentración. Había cargado piedras y comido ratas y bichos para sobrevivir.

Ahora, a sus 90 años, sentada en una butaca de su casa en Argentina echa la vista atrás y alza la voz con ira para contarle a Sinfiltros.com algo que no se olvida: cómo fue el horror del Holocausto.

“Yo tenía unos primitos de 5 añitos a los que les llevaba una sopita caliente y un día cuando llegué uno se había comido la mano de otro, del hambre que tenían. al día siguiente murieron”.

El próximo 27 de enero se conmemora el día internacional del holocausto. La fecha recuerda el momento en que las tropas soviéticas entraron al campo de exterminio de Auschwitz.

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