Cinco minutos más tarde, la cabeza de nuevo sobre las manos, por segunda vez toma algo. La sustancia ingerida hace su efecto y Michael Marin convulsiona cayendo fulminado.
El dramático epílogo elegido ha dejado estupefacta a la sociedad estadounidense. Porque Michael Marin fue un triunfador. Su mansión de 3 millones de euros albergaba Picassos que exhibía ante las cámaras. Pero cuando llegó la ruina este padre de cuatro hijos la quemó para cobrar el seguro huyendo con el traje de buceo puesto para salir con vida. Detenido, juzgado e impuesta una pena equiparable al asesinato en segundo grado, Michael Marin no lo pudo soportar. Los exámenes toxicológicos desvelarán qué veneno tomó.
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