Olas gigantescas y la ciencia que las provoca

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Olas gigantescas y la ciencia que las provoca
Olas rompiendo sobre el faro del puerto de  Kalk Bay, en Cape Town (agosto de 2005)
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Olas rompiendo sobre el faro del puerto de Kalk Bay, en Cape Town (agosto de 2005)

Una ola es una perturbación que mueve energía entre dos puntos. Aunque estamos más familiarizados con las del agua, las hay de otros tipos, como las ondas de radio que viajan de forma imperceptible para nosotros a través del aire. 
Una ola rompe en San Esteban de Pravia, en Asturias, en enero de 2014
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Una ola rompe en San Esteban de Pravia, en Asturias, en enero de 2014

Las olas gigantes, olas vagabundo u olas monstruo son aquellas que tienen al menos dos veces la altura de una ola estándar, que se refiere a la media de las tres olas más altas de un periodo de tiempo concreto. Según las imágenes por satélite, esas olas no solo existen, sino que son relativamente frecuentes. 
Un surfero coge una ola en la competición internacional que se celebra cada año en Getxo, Vizcaya, en enero de 2013
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Un surfero coge una ola en la competición internacional que se celebra cada año en Getxo, Vizcaya, en enero de 2013

Esto causa varias preguntas: si efectivamente esas olas monstruosas existen, ¿qué las causa? Y, lo que importa más a la gente que vive cerca de la costa, ¿se pueden predecir?
El tifón Fitow, en la provincia china de Zheijang, en octubre de 2013
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El tifón Fitow, en la provincia china de Zheijang, en octubre de 2013

Hasta los años 90, el estudio de las ondas estaba muy influenciado por el trabajo del oceanógrafo y matemático británico Michael Selwyn Longue-Higgins, que en uno de sus trabajos postuló que, cuando dos o más olas chocas, se combinan para crear una mayor en un proceso denominado "interferencia constructiva. La altura de la nueva ola sería la suma de las alturas de las olas originales. Así, una ola monstruo solo existiría si coincidiesen las suficientes olas en un mismo punto. 
Una ola azota el muro protector del puerto pesquero de Pornic, Francia, en noviembre de 2008.
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Una ola azota el muro protector del puerto pesquero de Pornic, Francia, en noviembre de 2008.

Sin embargo, durante los 60 aparecieron nuevas evidencias que sugerían que la cosa no era tan sencilla. El matemático y físico Thomas Brooke Benjamin observó en un gran tanque de agua que mientras que las olas comienzan con frecuencia y longitud de onda estables, eso cambia de forma inesperada poco después de su formación, y las que tienen una mayor longitud de onda alcanzan a las que la tienen menor. Eso significa que mucha energía termina concentrada en olas grandes de vida corta. 
Otro surfero se enfrenta a una gigantesca ola en Nazare, Portugal, en noviembre de 2013.
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Otro surfero se enfrenta a una gigantesca ola en Nazare, Portugal, en noviembre de 2013.

Durante mucho tiempo, los científicos creyeron que este fenómeno, denominado "inestabilidad de Benjamin-Feir" (por el ayudante de Benjamin) solo ocurrían en las olas generadas en el laboratorio que viajan en la misma dirección, una situación muy artificial, y por tanto no se consideraba apropiada para describir el mundo real. 
Dos niños escapan de una ola en Sebastopol, Crimea, en marzo de 2012.
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Dos niños escapan de una ola en Sebastopol, Crimea, en marzo de 2012.

Pero la teoría lineal no servía para explicar el número de grandes olas que los satélites comenzaron a captar: había demasiadas, tenía que haber otro mecanismo involucrado. Así que los científicos proponen ahora que se trata de un sistema no lineal, en el que un cambio en una aportación al sistema no es proporcional al cambio en su resultado. 
Un hombre en bici será bañado en unos instantes por las olas que generó el tifón Saola en Manila en agosto de 2012
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Un hombre en bici será bañado en unos instantes por las olas que generó el tifón Saola en Manila en agosto de 2012

Eso querría decir que, si las olas interaccionan en un sistema no lineal, podría ser imposible calcular la altura de una nueva ola simplemente sumando la de las olas originales, sino que una ola en un grupo puede crecer rápidamente a expensas de las otras. 

Olas tan altas como un edificio de diez pisos, paredes verticales de agua en un océano enfurecido, puertos inundados, barcos destrozados, edificios dañados por la fuerza del mar. Las descripciones de oleajes ilusualmente violentos han sido considerados durante siglos como poco más que cuentos de marineros. Con pocas o ninguna evidencia y el tamaño de las olas aumentando a medida que la historia se contaba una vez, y otra y otra, no es raro que los científicos las considerasen eso, un cuento. 

Hace aproximadamente medio siglo, cuenta este reportaje de la BBC, cambió la historia y las evidencias convencieron a los escepticos de que estas olas descomunales podían existir. Serían extremadamente raras (una ola de 30 metros puede tener lugar cada 30.000 años), pero posibles. 

Estas fotos no son de esas olas gigantes y raras, sino de otras, también grandes y violentas pero no tan extremas. Para que vayan echando sus cálculos...

Ciencia
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