BIOGRAFÍA
Carlos Sánchez .- 08/04/2010
A algunos economistas les gusta recurrir a la metáfora de la pasta dentífrica para definir ciertos fenómenos económicos. La utilizan frecuentemente para referirse a la inflación, y suelen decir que los precios son como la pasta de dientes. Es muy fácil sacarla de su envoltorio pero muy difícil -por no decir imposible- lograr que vuelva al punto de partida.
Algo parecido le sucede a las subvenciones. Es sencillo concederlas pero extremadamente difícil recortarlas, lo que convierte a esta partida en una especie de peaje que año tras año se incrusta en los Presupuestos Generales del Estado. Ni que decir tiene que no se trata de un asunto menor. Todo lo contrario. Este país -tan sólo la Administración central- concede cada año más de 11.600 millones de euros en subvenciones (algo más del 1,1% del PIB), pero curiosamente el parlamento está huérfano de debates sobre su eficacia y buen uso. Y no sólo eso. La información que proporciona la Administración es tan escasa que hay razones fundadas para pensar que su permanencia tiene que más que ver con la capacidad de presión de los lobbys que con una política económica rigurosa.
El problema, sin embargo, es mucho mayor. El Gobierno no sólo ofrece subvenciones sino que, además, es generoso a la hora conceder toda suerte de deducciones, lo que convierte los tipos impositivos nominales en una simple filfa estadística. Los tipos reales son en realidad mucho más bajos de lo que normalmente se dice, y sí a usted le cuentan que una empresa tributa al 30% en Sociedades o un contribuyente al 43% en IRPF es simplemente falso. Precisamente por la existencia de deducciones que achatan la presión fiscal nominal.
Tampoco en este caso se está ante un asunto menor. El presupuesto de beneficios fiscales para este año -lo que deja de ingresar Hacienda por todo tipo de impuestos- asciende a una cantidad a todas luces desorbitada; pero que, sin embargo, no suele llamar la atención. Se está hablando, de nada menos que de 47.474 millones de euros. O lo que es lo mismo, alrededor de un 4,7% del producto interior bruto.
Parece más que evidente que a este y a los gobiernos anteriores se les ha ido la mano a la hora de conceder subvenciones
Entre unas cosas y otras cada año -y sin contar las exenciones y prebendas fiscales que conceden ayuntamientos y comunidades autónomas- Hacienda deja de ingresar cerca de 60.000 millones de euros que desaparecen de las arcas públicas por arte de birlibirloque. Como se ve, una cantidad enorme que serviría, por ejemplo, para reducir el déficit público a la mitad.
Distorsiones en el mercado
La existencia de subvenciones forma parte de un viejo debate entre economistas, pero en lo que hay acuerdo es que distorsionan el funcionamiento del mercado. ¿Quiere decir esto que hay que acabar con las subvenciones? Evidentemente, no. Parece razonable pensar que una de las funciones básicas de los poderes públicos es procurar la actividad económica con el fin de satisfacer el interés general, ya sea fomentando el reequilibrio territorial o procurando la igualdad de oportunidades, lo cual exige pagar becas, subvencionar la contratación de colectivos de difícil inserción laboral o mantener abiertas determinadas líneas de transporte que de otra manera estarían condenadas al fracaso.
Pero dicho esto, parece más que evidente que a este y a los gobiernos anteriores se les ha ido la mano a la hora de conceder subvenciones, lo cual, en contra de lo que la mayoría cree, beneficia a los poderosos y perjudica a los débiles, Es decir, justo lo contrario de lo que se pretende. No estará de más, por eso, recordar un dato que aparece en el presupuesto de beneficios fiscales, y que viene a decir que las ayudas para el acceso a la vivienda y el fomento a la edificación alcanzan los 7.361 millones de euros, mientras que la merma de ingresos por servicios y promoción social apenas supone 4.740 millones de euros. Es decir, una cantidad sensiblemente inferior.
Las subvenciones, por lo tanto, determinan el nivel de solidaridad de un país, y por eso sorprende la ausencia de una evaluación sistemática de sus resultados más allá del simple control de legalidad. Y por eso sorprende que el Gobierno haya anunciado subvenciones por valor de 590 millones de euros a la industria del automóvil para fabricar coches eléctricos en lo que parece una simple ayuda de Estado encubierta para mantener la producción en España.
Nadie recuerda un debate en profundidad en sede parlamentaria sobre la necesidad de conceder tan abultadas subvenciones, y de ahí la incredulidad que provoca la decisión del Gobierno. Máxime cuando entre las acciones del plan se incluye la subvención por la adquisición de un vehículo eléctrico, y que ascenderá al 20% del coste con un máximo de 6.000 euros por coche. Tanto los usuarios particulares como las flotas privadas se beneficiarán de las subvenciones, lo cual significa que quien no pueda pagarse un coche de última generación estará obligado a subvencionar a quien disponga de recursos suficientes para conducir un coche con batería. Como se ve, un ejercicio de solidaridad obrera.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
19 COMENTARIOS
19 .- Parece ser que subvenciones, muchas o pocas, tiene que haber, el asunto crucial es su control. En la 'mili' sucedía que cuando venía alguien "principal" al acuartelamiento, a veces, se añadían más puestos de seguridad que, pasado el evento, nadie se ocupaba de eliminar, quedaban allí. La fiscalización de las subvenciones tiene que ser un caso crucial de control para toda oposición que se precie porque hay que denunciar el clientelismo que en muchas ocasiones conlleva. Sabemos que es difícil su efectivo control pero quizá se reduciría si no fueran fáciles las sucesivas renovaciones. Otra cosa interesante sería utilizar el IRPF y añadir casillas para, por ejemplo, en grandes organizaciones sociales tipo partidos políticos, sindicatos, etc. recibieran en función del grado de afinidad, tal y como sucede con la Iglesia católica. Esto de la solidalidad con el dinero de los demás, sinceramente, muchos no lo acabamos ni de encajar ni de admitir y debemos acostumbrarnos,como los "yanquis",que ésto o aquello se paga sólo y exclusivamente con nuestros impuestos.
18 .- A la basura no van,eso seguro.Todo lo más irán en"bolsas de basura" a financiar al partido correspondiente de turno en el poder.Siempre aparece un dirigente político a la cabeza o apoyando a las organizaciones subvencionadas.
17 .- Hace años un político andaluz dijo que la justicia en este pais era un cachondeo. Ahora con el paso de los años esa afirmación puede hacere extensiva a toda la vida pública española, catalana, madrileña, vasca, andaluza, gallega, balear, valenciana, murciana, etc, etc.
Lo que en su tiempo se tildó de salida de tono, ahora se revela como una verdad general, extensiva, comprobable y verificable a todos los niveles.
Lo opuesto, la eficiencia, la sobriedad en el gasto, las decisiones responsables y el pensar en el pais mas que en el beneficio propio, son la rara excepción. No tienen razón los politicos cunado se quejan de que les metamos a todos en el mismo saco, no todos son iguales, los hay corruptos, muy corruptos y los que en medio del lodazal miran para otro lado.
16 .- Seamos claros. Una importantísima parte del pastel de las subvenciones [dinero público a lo bestia] es la herramienta preferida de los políticos para comprar voluntades, primar a sus familiares y amigos, conseguir favores..... en definitiva comprar votos y poder con el dinero de todos. Algún ejemplo? "Subvención de unos cuantos miles de euros a la asociación "La Quinta Marcha de Chirivel" ¿Alguien sabe quienes son estos o a que se dedican?. Pues asi hay miles de casos. Si no leánse el boletin oficial de la Junta de Andalucia. Otro ejemplo? Subvenciones de cientos de millones de euros a los sindicatos. Estos si sabemos todos a que se dedican. Pues eso, que si alguien lo sabe me diga como puede uno hacerse objetor fiscal y apátrida.
15 .- No estoy de acuerdo en que las subvenciones sirvan para equilibrar nada. Al menos tal como se conceden en estos momentos. Territorialmente...en que se emplearon en galicia las de la comunidad europea?, hacer más correodiras asfaltadas, pistas absurdas en el monte y muchos, pero que muchos paseos marítimos. Ello además de montones de obras absurdas en aldeas que ahora tienen todo hecho una mierda porque no hay presupuesto para mantener las cosas. Subvenciones al campo o a empresas que no se llevan salvo que te la gestione la empresa fulanito s.l. a cambio de un módico 10% de la subvención. Subvenciones a la energía solar que a los 5 minutos de salir el boletín oficial correspondiente ya están agotadas [se las llevan los propios funcionarios]y así todo.
Subvenciones a una empresa nueva....para que?, no sería más facil devlverle el IVA entiempo en vez de tener que esperar un año y medio?
Las subvenciones son un nido podrido de corrupción [y las escolares, sin excepción, un aparcaburros]
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