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OPINIÓN

Por qué la reforma laboral está condenada al fracaso

BIOGRAFÍA

Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español y trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es subdirector de El Confidencial.

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Carlos Sánchez.-  10/02/2010

La  histéresis es una propiedad de los metales bien conocida por los físicos. Se suele definir como la tendencia de un material a conservar una de sus propiedades en ausencia del estímulo que la ha provocado. El ejemplo más conocido tiene que ver con el hierro, capaz de mantener su magnetismo una vez que el campo magnético que ha suscitado esa propiedad ha sido retirado, por ejemplo, un imán.

No sólo los físicos utilizan este vocablo. Los expertos laborales vienen hablando desde hace muchos años de la histéresis en el mercado de trabajo, que se produce cuando una economía es incapaz de crear empleo aunque cambien las circunstancias económicas que explicaron la destrucción de puestos de trabajo. Eso es, precisamente, lo que ocurrió en España durante los primeros años 90, cuando el mercado de trabajo era insensible al nuevo contexto macroeconómico y seguía comportándose como si la economía continuara en recesión.

Por aquel tiempo, España sólo volvió a crear puestos de trabajo en el segundo trimestre de 1994, cuando el PIB aumentaba ya a un ritmo elevado: nada menos que el 2,6% en términos anuales, una quimera en las circunstancias actuales. En ese trimestre se crearon 98.000 empleos, pero después de haber perdido casi un millón de ocupados, lo que dice muy poco en favor de la economía para salir de la inercia de la recesión. Con razón, muchos expertos decían en aquella época que el mercado de trabajo español estaba ‘enfermo’.

Las expectativas son fundamentales y una reforma laboral diferida en el tiempo conducirá a muchos empresarios a retrasar la posibilidad de nuevas contrataciones

La enfermedad  se curó con reformas laborales y económicas, pero sobre todo con la entrada en euro, que obligó a España a hacer políticas económicas sensatas ajenas al tipo de cambio para ganar competitividad, las célebres devaluaciones. Algo inusual en un país que ha despreciado sistemáticamente el rigor presupuestario, al menos desde que hace un siglo Fernández Villaverde ocupara la cartera de Hacienda.

Pero hete aquí que el Gobierno acaba de presentar una reforma laboral sorprendente. Sorprendente no por su contenido -que también- sino por el hecho de que al no aplicarse de forma inmediata va  tener efectos perversos sobre el empleo. Todo el mundo sabe (y la vicepresidenta económica también) que los agentes económicos se mueven por expectativas, presumiblemente racionales. Y por eso cabe pensar que una reforma laboral diferida en el tiempo conducirá a muchos empresarios a retrasar la posibilidad de nuevas contrataciones. Precisamente porque de esta manera podrán aprovecharse de la nueva legislación, que se supone será más beneficiosa para sus intereses.

Se trata de una distorsión innecesaria que habría podido evitarse si el Gobierno hubiera publicado ya en el Boletín Oficial del Estado -y a modo de terapia de choque- algunos de los temas menos polémicos de la reforma, como es la extensión del contrato de fomento indefinido a toda la población laboral. Las reformas laborales son como las devaluaciones, no se anuncian, y hay que publicarlas cuanto antes en el BOE precisamente para evitar distorsiones. Como por cierto ha hecho Fomento en su pelea con los controladores.

¿Quiere decir esto que hay que gobernar a golpe de decreto? Desde luego que no. La historia ha demostrado que las reformas avaladas por sindicatos y empresarios son más eficaces que las que nacen sin apoyo social. Pero eso no es incompatible con la acción gubernamental.

Una reforma continuista

La falta de premura del Gobierno es todavía más preocupante si se tiene en cuenta que estamos ante una reforma laboral continuista que no va a resolver el problema de fondo del mercado laboral: la famosa dualidad entre contratos indefinidos y eventuales. El profesor Samuel Bentolila, uno de los mayores expertos laborales de este país, ha hecho una lúcida disección en Nada es Gratis y no estaría de más que alguien se la hiciera llegar al presidente del Gobierno.

¿Y por qué se mantendrá la dualidad en el mercado de trabajo? Básicamente porque la reforma no actúa sobre la jungla de contratos que existe actualmente; lo cual, dicho sea de paso, sólo favorece a quienes pululan en torno al mercado de trabajo y que sólo encarecen el factor trabajo. La actual legislación da carta de naturaleza a nada menos que una veintena de modalidades de contratación que en su inmensa mayoría deberían ser eliminadas, y cuya aplicación inunda los juzgados de lo social por la alta litigiosidad. Provocando, además, unos fraudes de ley que ningún Gobierno está en condiciones de abordar, salvo que corra el riesgo de colapsar los tribunales, y claro está, después de contratar a miles de inspectores de trabajo para acabar con los abusos en el encadenamiento de contratos. Habría que caminar, por lo tanto, hacia un modelo más simple en el que convivan tres únicas modalidades de contratación.

La primera debería englobar a todo tipo de circunstancias laborales incorporando una indemnización creciente en función de los años trabajados. Se trataría de un contrato sin causalidad en su ejecución pero en todo caso garantizando el control judicial cuando la extinción del contrato afecte a derechos fundamentales. La segunda modalidad iría destinada a mantener los actuales derechos adquiridos de los trabajadores con contrato indefinido ordinario, los célebres 45 días. Y la tercera tendría que ver con una regulación específica dirigida a encauzar el empleo de jóvenes con menos de 30 años vinculada a programas de formación y ligado a actividades empresariales. Con el objetivo de que estos colectivos no se conviertan en mano de obra barata simplemente por razones de edad.

El ejemplo holandés

El pensar que el contrato a tiempo parcial es la solución es puro voluntarismo. Este tipo de contratos sólo triunfan en países con un mercado laboral sano -caso de Holanda- en el que hay flexibilidad entre oferta y demanda de empleo, lo que permite que un trabajador permanezca poco tiempo en situación de paro. Y por eso Holanda es el país que mejor ha campeado el temporal del empleo. No es el caso español, donde la inmensa mayoría de los contratos a tiempo parcial se hacen para ahorrar costes, y no porque los trabajadores quieran estar ocupados menos tiempo que la jornada laboral ordinaria. O dicho en otros términos, la mayoría de los empleados quisiera trabajar más horas pero no pueden hacerlo.

Para lograr esa flexibilidad no hay más remedio que legalizar de una vez por todas las agencias privadas de colocación, lo cual permitía reforzar el papel de los servicios públicos de empleo, reorientando sus funciones hasta convertirlos en grandes centros de formación de los trabajadores.

Se echa en falta, igualmente, una actitud más decidida en favor de eliminar el farragoso sistema de bonificaciones que sólo ha servido para rebajar las cuotas sociales por la puerta de atrás, y que no han servido para crear empleo. Desde luego que hubiera sido más eficaz destinar los 10.000 millones de euros largos que se ha gastado este país en los últimos tres años en todo tipo de bonificaciones a rebajar las cuotas de la Seguridad Social, pero de forma general y no de manera arbitraria.

Lo peor que puede hacer este país es una vez más poner paños calientes a la reforma laboral y confiar en que el incremento de la actividad derivado de la normalización económica en Europa -que se producirá- resuelva los problemas. Si se opta por ese camino, el batacazo en la próxima recesión está asegurado.

 

OPINIONES DE LOS LECTORES, 28 COMENTARIOS

28 .- La principal obsesión de los sindicatos [porque estaba en juego su credibilidad] era desbloquear los Convenios Colectivos, estancados por los empresarios ante la fuerte caida de sus ventas.

Y la CEOE, para no seguir apareciendo como el enemigo público núm 1, ha transigido en aceptar revalorizaciones salariales que no serán secundadas por la mejora de sus ingresos, ya que vamos hacia la deflación de precios.

A cambio se les promete a los empresarios una cierta [muy cortita] flexibilización en las condiciones laborales, que está por ver no sean luego torpedeadas en la práctica, mediante guerra de guerrillas sindical dentro de cada empresa o sector productivo.

Los sindicatos se han empeñado en dirigir la politica económica, cuando son la antítesis de la que hace falta aplicar ahora, y en los próximos años, para salir de la profunda depresión en que seguimos hundiéndonos.

Qué desgracia la nuestra, por la confusión de ideas y el ser pasto de cantos de sirenas, que padecen millones de votantes socialistas.

observando

10/02/2010, 21:26 h.

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27 .- Es normal en este sujeto que la "propuesta" de reforma laboral haya sido tímida y diferida.

Nuestro presidente, obcecado por una ideología radical y trasnochada, está convencido de que no son los trabajadores quienes deben trabajar para el empresario, sino que es el empresario quien debe trabajar para sus trabajadores, y para el presupuesto público.

Que el empresario haya de poner el capital, asumir los riesgos, y poner en juego su talento y credibilidad personal, ZP lo considera una obligación hacia la causa socialista. Esta concepción ha llevado al fomento del comisariado sindical en las últimas décadas, como apoyo a los gobiernos socialistas. Cientos de miles de sindicalistas liberados, han de vigilar en las empresas que el empresario trabaja para su causa.

Está muy bien que tengamos toda una serie de disposiciones legales de protección de unos derechos mínimos de los trabajadores, pero que eso dificulte [y muchas veces impida] que las empresas puedan reaccionar rápido ante las coyunturas del mercado, no creo que sea fomentar la riqueza nacional, sino todo lo contrario.

Estoy hablando de un cáncer con metástasis, que viene obstruyendo nuestro crecimiento económico.

observando

10/02/2010, 21:06 h.

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26 .- Sr Sanchez, ¿tiene algun enlace a datos de la estructura de costes laborales de otros paises?

Leo por ahi titulares de una iniciativa de Van Rompuy sobre un Gobierno Europeo que supervise a todos los paises.

En el tema laboral nos distinguimos desde siempre por tener un paro estructural del 4 o 5 %.
No solo eso. Tenemos unos costes de SS del 32%.
Un impuesto de sociedades del 30% [rebajado recientemente].
Unas pensiones insuficientes.
Sanidad Universal, gratuita, con matices.
Varios millones de autonomos [Españoles de 2ª a estos efectos de SS y Pensiones].

Y rematamos con un salario neto, medio, de la mitad que en Francia y/o Italia.

Reforma laboral?
¿Se refiere a tipos de contratos, indemnizacion por despido, litigios en Magistratura y la imposicion rigida de los acuerdos del "Pacto Social"?

Mi opinion es que este sistema nuestro penaliza el empleo, aumenta la burocracia, crea recovecos para otorgar-captar subvenciones y distorsionar el mercado, en definitiva torturar la vida personal, familiar y la economia de todo bicho viviente.

¿Que tal una comparativa, Don Carlos?


Russell brown

10/02/2010, 19:32 h.

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25 .- #23 Mucha razón tienes. Creo que la reforma laboral por sí sóla no va a crear empleos. Tenemos un tejido productivo que da para lo que da. Lo importante es intentar cambiar el tejido productivo español del ladrillo y el turismo a otros sectores más productivos. Porque siempre se habla de falta de productividad de la economía española, pero ¿cómo se puede aumentar la productividad si nuestra economía se basa en sectores intensivos en mano de obra? es que no veo cómo podemos aumentar la productividad de un camarero, la verdad.

toledano

10/02/2010, 15:50 h.

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24 .- Lo que revoluciona e impulsa la economía, y por consiguiente, el empleo, es el mercado. El libre mercado, no el mercado intervenido.
Mercados que funcionen con el Códgo Civil, y en lo laboral, bajo determinadas condiciones sanitarias, y ¡venga mercado!. No tiene sentido que el empleador tenga que aguantar un empleado que le cuesta 100, cuando hay desempleados que harían el mismo trabajo por 80.
Ninguno de nosotros practica tal disparate en nuestra vida diaria. Nadie paga 10 euros por una toalla, la misma toalla que cuesta 9 en el comercio que está a 100 metros.

taraza

10/02/2010, 15:35 h.

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