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Algo huele a podrido en Dinamarca

Cumbre Copenhague China Obama Co2 emisiones ecología

@Carlos Sánchez - 18/12/2009

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La cumbre contra el cambio climático ha derivado en una sutil perversión. La opinión pública interesada en la emisión de gases de efecto invernadero ha sido condenada por los medios de comunicación a atender más a la forma que al fondo. Al continente que al contenido. Las crónicas hablan de la llegada triunfal de Obama a Copenhague, de las cargas policiales contra los manifestantes antisistema, del caos organizativo, del climagate o de las 46.000 acreditaciones (sí han leído bien) entregadas a los asistentes para participar en una asamblea en la que a priori debería primar el rigor científico y el conocimiento.

Lo ocurrido era de esperar teniendo en cuenta que el mundo parece gobernarse desde hace algunos años a golpe de cumbre para mayor gloria de sus convocantes. No se trata de un fenómeno nuevo. Los acuerdos de Bretton Woods salieron adelante después de tres semanas de reuniones. La Conferencia de Potsdam -que diseñó el mapa de Europa tras la II Guerra Mundial- se celebró durante dos semanas a las afueras de un devastado Berlín. Mientras que el Congreso de Viena, que restableció las fronteras europeas tras la derrota de Napoleón, se celebró durante nueve meses y ocho días.

De aquel cónclave queda todavía una memorable frase del príncipe de Ligne, que a la vista de las fiestas y banquetes que se celebraban en los mejores palacios de la capital austriaca dijo aquello de Le Congrés ne marche pas, il danse, algo así como el Congreso no funciona, se divierte.

No hay, por lo tanto, nada nuevo en celebrar cumbres. Lo que es distinto es su intensidad. Hoy cualquier ciudadano puede contemplar con profusión y de forma un tanto obscena cómo muchos líderes han visto en las grandes cumbres internacionales una herramienta extraordinariamente útil para esconder sus vergüenzas nacionales. Y eso explica la obsesión de muchos gobiernos por celebrar reuniones al más alto nivel en su territorio. Cuesten lo que cuesten y al margen de que el país de referencia tenga algo que aportar sobre el asunto a tratar. Las cumbres iberoamericanas son un buen ejemplo de la inutilidad de este tipo de reuniones.

Pobreza y comercio mundial

Las cumbres mundiales crean la falsa imagen de que el planeta se gobierna por consenso, lo cual es un atentado contra la inteligencia

Esta obsesión por las cumbres ha provocado paradojas como la ocurrida hace algunas semanas en Roma, donde se celebrara una reunión al más alto nivel de la FAO, la organización de las naciones unidas para la alimentación y la agricultura. Acudieron a la cita sólo los países pobres -que conocen mejor que nadie sus problemas y no necesitan reunirse con ellos mismos-, pero los gobernantes de las naciones más ricas (los que realmente tienen algo que decir ya que sus políticas proteccionistas están acabando con el comercio mundial de productos agrícolas) hicieron mutis por el foro. Simplemente porque el hambre ha pasado de moda. Ahora lo relevante es hablar del cambio climático.

No es que se haya resuelto el drama, sino que la atención de los medios de comunicación se ha desplazado ahora hacia todo lo relacionado con las energías limpias, sin duda un asunto de vital importancia para el planeta y al que hay que dedicar mucha atención. Pues bien, sin televisiones por medio, los líderes políticos no consideraron necesario asistir a tediosas reuniones como la de Roma, que más que en la capital italiana debería haberse celebrado en Ginebra, la sede de la Organización Mundial de Comercio.

Debido a la prodigalidad de este tipo de reuniones, se ha creado la falsa impresión de que el mundo vive una especie de diplomacia multipolar. Nobles y plebeyos, paganos y creyentes, participan en los mismos foros como si las decisiones se tomaran en franca camaradería. Se crea así la falsa imagen de que el mundo se gobierna por consenso, lo cual es un atentado contra la inteligencia. Copenhague será un éxito o un fracaso sólo si EEUU y China -responsables del 40% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono- llegan a un compromiso. Y todo lo demás es retórica. Pero sobre todo, saldrá adelante si se crean mecanismos de verificación de lo acordado con un régimen sancionador para las naciones que se sumen al acuerdo, pero que al día siguiente se olvidan de lo firmado. El caso español, el país europeo que más se ha alejado de los objetivos de Kyoto, es palmario.

Como palpable es el sistemático incumplimiento los compromisos económicos. ¿Alguien se cree que los países ricos pondrán a  disposición de los pobres a corto plazo 10.000 millones de dólares al año para combatir las emisiones de Co2 a la atmósfera? ¿O incluso 100.000 millones en 2020 para reconvertir industrias energéticamente obsoletas en modernas fábricas eficientes en términos medioambientales?

Pese a estas dudas, sin embargo, la Cumbre de Copenhague será un éxito. O al menos así se presentará a la opinión pública. Una reunión de 190 países no puede acabar con un fracaso. Precisamente porque sería el reconocimiento explícito de que el formato de las cumbres no es válido. Y eso sería lo mismo que poner fin a una falsa diplomacia multipolar que adormece conciencias. Como diría Umberto Eco, la providencia no quiere que se glorifiquen acontecimientos fútiles.

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Opiniones de los lectores (16)

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16. usuario registrado nestor antonio»18/12/2009, 22:26 h.

A UPyD se le hace el vacío, pero como me sorprende las referencias a "algo huele podrido en Dinamarca" desde que en 2007 Albert Boadella lo nombrara en la presentación de UPyD en la Casa de Campo a proposito de como huele el ambiente de la política española[ se puede ver en youtube]y contiguo a este titular, otro que hace referencia a Ítaca, que tan en boga ha puesto Rosa Diez.
Claro que los ajenos a la actualidad dirán que como clásicos que son, estos siempre han sido citados.

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15. usuario registrado no olvido»18/12/2009, 18:56 h.

No puedo evitar referirme a la teatralización de ZetaParo con lo de la tierra y el viento que, no lo dudo, alguien se escribió en el guión y que, a su vez, ese alguien, había sacado de un escritor progre americano.

Teatral, ridículo, patético e insultante para los Españoles que le pagamos el sueldo y a los que nos ha ridiculizado ante el mundo.

Todo ello, al margen de que está haciendo uso y abuso de las clases de declamación y expresión corporal, que le enseñaron los del equipo americano que contrataron en las anteriores elecciones generales. Repito, patético, extravagante, grotesco y esperpéntico.

Me viene a la cabeza la “perorata” del señor Marx [Groucho no Karl] al periodista impertinente: --Es preferible quedarse callado aunque a alguien le pueda parecer que es idiota a decir cosas y que la gente compruebe que, efectivamente, es idiota.

Me da verdadera vergüenza, como Español, cada vez que este personaje, que nos representa a nivel internacional, decide abrir la boca. No se ridiculiza a si mismos, no; nos ridiculiza a todos y cada uno de los que le estamos pagando, religiosamente, todos los meses.

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14. usuario registrado Sharp I»18/12/2009, 18:37 h.

Que la actividad humana afecta a ka Tierra, es incuestionablem pero el cambio climatico, es un fenomeno es cuestion y además está ligado a muchos mas factores que las emisiones de CO2.

Hace quince años hablamamos de los Flourocarbonados como causantes de la destrucción de la capa de ozono. Se prohibieron y fueron sustituidos por otros menos !agresivos!, y la capa de ozono no se recupera.

Hace diez añs se hablaba de Dioxinas, hoy quien se recuerda de ellas. Hace diez años nos vendian la moto de la energia limpia: el GN. sin embargo GN es metano y metano más aire igual a CO2 mas agua y NOX, como es en el carbón, los hidrocarburos, la leña, el butano tc,,,

Las energias más limpias; hidraulica nuclear, no interesan, hay que hacer eolica [gran negocio en la instalación y gran negocio en la explotación, pero el coste diferencial lo pag VD en su factura].

Se acuerdan Vds de lso biodiesel, ahora se dan cuenta del inmenso coste ecologico de las plantaciones para generar este......

No se preocupe, nos venderán algo y Greenpeace subiendose al carro,cuando es en el fondo un lobby que defiende no solo sus intereses ni alguno más espureo.


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13. usuario registrado Carla»18/12/2009, 17:55 h.

#12 Pues sí, amigo, se puede dudar y mucho. De hecho, la ciencia se basa presisamente en dudar de todo, ponerlo todo en cuestión para seguir planteando hipótesis que se puedan convertir en tesi.
Pero claro, para dudar primero hay que ser libre y eso a los políticos, principales impulsores del timo del clima no les interesa. Les interesa más la verdad revelada e incuestionable. Todo lo demás es libertad y de eso, amigo, no quieren ni oir hablar.
Por cierto, las frasecitas apocalípticas de los políticos son para hartarse de reir si no fueran para llorar.

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12. usuario registrado jaks»18/12/2009, 16:14 h.

#8

Con todo el respeto, creo que a día de hoy no se puede dudar de la realidad del efecto del hombre sobre el ecosistema, y por ende del clima.

Y a nivel intuitivo no creo que miles de millones de personas puedan vivir "contra natura" sin que haya ningún efecto...

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@Carlos Sánchez

Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español y trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es subdirector de El Confidencial.

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