TENDENCIAS
Informacion, periodsmo, sensacionalismo, actualidad, medios de comunicación
@Carlos Sánchez - 02/12/2009
El profesor Tomás y Valiente -cruelmente asesinado por ETA- escribió en una ocasión un fino opúsculo sobre su pasión intelectual: la Inquisición española. El estudio puede leerse en Internet, y forma parte de un trabajo más amplio sobre el Santo Oficio. El juez inquisidor, recordaba Tomás y Valiente, tenía un poder absoluto en el proceso penal que se iniciaba contra el acusado. Dirigía el procedimiento de una manera discrecional y no solamente juzgaba, sino que además investigaba. Ordenaba las indagaciones (lo que ahora hace la policía judicial) y hasta acumulaba pruebas contra los acusados. Esta actividad inquisitiva, indagadora, al estar dirigida por quien habría de juzgar posteriormente la culpabilidad o inocencia del reo o reos, decía el ex presidente del Tribunal Constitucional, “disminuía notoriamente la imparcialidad del juez”.
Diego Pastrana, acusado desde el primer minuto y en juicio sumarísimo de haber matado a la pequeña Aitana, también ha sufrido las garras de la inquisición y de la jauría humana.
Como se sabe, la inexistencia de la presunción de inocencia para el acusado ha provocado una viva polémica sobre el papel de los medios de comunicación. Y no les falta razón a quienes acusan a los periodistas de falta de imparcialidad por tomar partido desde el primer momento en contra de Pastrana.
Parece evidente que estamos ante un clamoroso caso de negligencia profesional, por supuesto que no sólo de la clase periodística. Pero sería absurdo pensar que se trata de un simple error de apreciación. Lo que hay detrás de todo este maldito asunto es, como sugería Tomás y Valiente, un abuso de posición dominante en el caso de la prensa, que diria una especialista en competencia. Un abuso cosechado por quienes se encargan de instruir el sumario y además están convencidos de que su sentencia es imparcial. Pero informar no es lo mismo que repartir certificados de condena o de absolución.
Desgraciadamente se ha ido en esa dirección y eso explica que los periódicos –agobiados por la cuenta de resultados- se hayan ido convirtiendo progresivamente (no sólo ellos) en maquinarias al servicio de intereses de parte, aunque es evidente que la generalización es injusta. Olvidan, como el juez de los tiempos de la Inquisición, que tienen un formidable poder que deben administrarlo con mesura, toda vez que en un santiamén pueden acabar con la honorabilidad de cualquier persona o institución. La clase periodística no parece haber aprendido de casos como el de Rocío Wanninkhof.
Los responsables de la tropelía tienen nombres y apellidos, pero clama la ausencia de normas internas de actuación capaces de evitar los desmanes. No es, desde luego, un asunto exclusivamente español. El caso del periodista Jayson Blair (27 años), que durante meses engañó al New York Times con reportajes inventados, está ahí para el descrédito de una institución como el Times.
La mirada del asesino
Desaparecido el miedo reverencial al papel en blanco (aunque ahora se escriba con ordenador) se da carta de naturaleza a letras temerarias, como si la nada estuviera detrás de la noticia. Como si poner en primera página de un periódico de tirada nacional la mirada del asesino fuera un acto sin sustancia. Incluso de valentía ciudadana.
Esta banalización de la información va en el ADN de la profesión, pero crece a medida que la prensa escrita se ve cada vez más contaminada por la industria de la televisión, que vive la inmediatez del hecho periodístico de otra manera. La consecuencia no puede ser otra que una especie de dictadura del instante que establece una falsa categoría informativa: lo último es lo más importante. Lo relevante es la actualidad y nadie puede sustraerse a la feroz competencia que se deriva de un mando a distancia. En la televisión el hecho informativo es truculento. Lo importante es la imagen y todo los demás es accesorio. En la prensa, ganar al tiempo. A costa de lo que sea.
Incluso Internet –que es una herramienta recien salida del horno- puede caer en la tentación. Hasta este mismo periódico no está exento de peligros. De ahí que lo relevante no sea buscar culpables de tanto desatino cometido con Diego Pastrana, sino lograr que el ‘error Aitana’ ayude a recuperar la sensatez informativa. Y eso pasa por desmontar los grandes conglomerados informativos que convierten al periodista en una especie de proveedor de contenidos que trabaja indistintamente para radio, televisión, internet y prensa escrita. El deterioro de las relaciones laborales en las redacciones o la cada vez más escasa consideración de un periódico como un proyecto intelectual van en esa dirección equivocada.
Las economías de escala y de alcance son eficaces desde un punto de vista financiero, pero mal planteadas y adoptadas exclusivamente con criterios economicistas llevan a la ruina de la empresa periodística. Como sucede. Periódicos que financian grandes conglomerados audiovisuales y que al final son engullidos por ellos mismos al calor de su propia estrategia suicida. Cuando los distintos productos informativos de un mismo grupo empresarial se parecen como dos gotas de agua, sólo pueden emerger el empobrecimiento de la información y su principal consecuencia: la necesidad de sacar la cabeza por la vía más rápida: la falsa actualidad.
Así, la prensa, ha ido alejándose gradualmente de sus lectores potenciales. Ya no es mejor que la sociedad a la que dice representar. Es en ocasiones vulgar y de trinchera, y desconoce que la libertad y la independencia de criterio hacen mejores periódicos que cualquier otra cosa. Hace unos días el sociólogo Manuel Castells sugería que la crisis de la prensa se superará cuando un periódico cueste 10 euros para ser viable, lo que a la postre redundaría en un producto de mayor calidad. Tiene razón Castells. O los periódicos -y, en general, los medios de comunicación- recuperan el saber hacer o el negocio periodístico está muerto. Pero para eso hay que crear redacciones nueves capaces de no sucumbir ante el último minuto. Y ante la fascinación del falso 'scoop'.
Opiniones de los lectores (11)
11.
Verísimo-I»02/12/2009, 19:25 h.
#6 .-
No se en que se basa para decir que la prensa ha linchado al presunto homicida, Sr. Mainar.
¿Es acaso vd., parte interesada en el caso?.
Si busca todas las noticias, que sobre el caso se han publicado, observará que en casi todas ellas, se justifica la acción por lo malo que era el Alcalde y lo buenísimo que era este hombre.
Lo que no entiendo es como no hay más de un procesado por encubrimiento y cooperación...
10.
delavalle»02/12/2009, 17:02 h.
Todo lo que dice el articulista me parece muy bien pero y la policia/Guardia Civil?. Quien le ha tenido 5 dias en un zulo encerrado a pan y agua no ha sido la prensa. Tampoco ha sido la prensa quien le ha enseñado las fotos de su hijastra desfigurada. No quiero ni pensar si eso me hubiesen pasado a mi con mi sobrino.
la prensa tendrá sus normas o no como diria Rajoy, pero señores la
policia tiene que respetar el estado de derecho y no puede cometer estas tropelias con ciudadanos que pagamos muchos impuestos; por que si no me compro una pistola y ya me defenderé yo que para estos defensores de la seguridad no necesito alforjas como diria el castizo.
9.
poraquiandamos»02/12/2009, 15:35 h.
Sr. Sánchez:
Mis felicitaciones, de nuevo, por el tratamiento de la noticia y por no tener complejos en entonar el mea culpa.
Fijese que en materia judicial el reforzamiento de las garantías vino con la separación entre órganos instructores y órganos decisores. Algo así debería verificarse en los 'medios de comunicación', expresión para mí preferida a la de 'medios informativos'. A la vista está que ésto último en muchas ocasiones no son. Son simples voceros de su amo y de sus intereses, al igual que los comentarios vertidos o los foreros o los numerosos blogs que inundan las redes.
Un saludo.
8.
rascayun»02/12/2009, 14:43 h.
Ha de ser duro certificar la irreversible contaminación amarillista de la prensa y la defunción del periodismo caballeroso de antaño. Pero lo mas triste de todo es constatar que el señor Sánchez tiene más razón que un santo. El periodismo digital tiene tal vez la oportunidad histórica de recuperar el rumbo, pero me temo que el forcejeo entre el papel y el soporte virtual lo va a impedir.
7.
zenda»02/12/2009, 11:37 h.
¿Y qué pasa con el caso Fago?
Me llama la atención que a nadie -ni al columnista- se le haya ocurrido aprovechar el artículo para exigir que no se linche a Mainar hasta que no se dicte sentencia.
Vamos, que le gusta hablar a toro pasado.
Si fuera inocente: ¿Tiene ya preparado el hipócrita artículo?
Estamos muy enfermos. Todos
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Quise ser periodista para viajar; pero al final algo debió fallar y he acabado siendo una especie de tecnócrata del periodismo económico. No me quejo. Ello me permite aprender todos los días y contar lo que sucede. Sin apriorismos y sin necesidad de echar mano de los célebres espejos deformantes que colgaban del Callejón del Gato, y que tanto asombraban a Valle-Inclán. Nací en Madrid en el mismo año en que Bardem estrenó Calle Mayor y soy Licenciado en Ciencias de la Información. He escrito un par de libros sobre el capitalismo español y trabajado en radio, televisión y prensa escrita. Y al final he descubierto que Internet es todo eso y algo más. Carlos Sánchez es subdirector de El Confidencial.
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