Opinión | corrupción | tribunal de cuentas | fiscalización | Camps | Correa
BIOGRAFÍA
Carlos Sánchez.- 09/10/2009
Acostumbrada a navegar sobre la espuma de las cosas, la clase política anda metida en el fango del ‘caso Gürtel’. Unos como acusadores y otros como acusados. Cosas veredes, querido Sancho. Pero lo cierto es que no les falta razón a quienes opinan que Rajoy se juega buena parte de su credibilidad como líder político. Y hoy por hoy está perdiendo la batalla.
Por supuesto que los ‘chorizos’ –como los denominó ayer Cristóbal Montoro- son un grupo de facinerosos vinculados al Partido Popular que han vivido durante años en los aledaños del poder (y hasta en el poder mismo). Pero no estaría de más que esa misma clase política que hoy se siente avergonzada de tanto latrocinio se sentara un rato a pensar por qué una pandilla de amorales ha sido capaz de poner en jaque al país. Y en particular a una parte del PP, cómplice del desaguisado. Pase lo que pase con Camps, Costa y demás cadáveres políticos, el propio sistema democrático es quien va a salir malparado de tanta cloaca.
Se dirá que no falla el Estado porque son, precisamente, los poderes públicos -policías, jueces y fiscales- quienes han puesto la luz sobre tanta basura. Pero se olvida que es muy probable que si el Estado hubiera funcionado de forma correcta y efectiva, los célebres 17.000 folios del sumario Gürtel cabrían en una carpeta de colegio. Pero claro, para eso hubieran tenido que funcionar las instituciones, algo que desde luego no ha sucedido.
No estará de más recordar que el caso Gúrtel no reúne a sofisticados expertos en ingeniería fiscal. Ni siquiera a versados especialistas en mercados de productos derivados o estructurados difíciles de entender. Sus protagonistas son simples conseguidores que se han arrimado durante años al poder -ya sea en Valencia, Madrid o Galicia- para lograr jugosos contratos. Así de fácil.
No actuaban a través de hedge funds u otros instrumentos financieros de complejo control en un contexto de libertad de movimientos de capitales, sino que operaban mediante un simple truco contable que consistía en trocear los contratos tantas veces como fuera necesario para que en ningún caso sobrepasaran los 12.000 euros, lo que hubiera exigido un concurso público. Así, por ejemplo, los gastos del homenaje a los trabajadores que participaron en el rescate de las víctimas del 11-M fueron troceados en 15 facturas distintas. Una parte se la quedaba la camarilla, y la otra la repartían entre su compinches a través de una caja B. Tan viejo como el 'café migao', que diría el castizo.
Como se ve, nada de sofisticación. Y por eso sorprende que tanto funcionario o empleado público no sea capaz de identificar tan grosera estafa. Es posible que eso tenga que ver con la desidia con que se hacen en este país los controles administrativos por falta de empuje político, lo que ha posibilitado que un sujeto como Francisco Correa llevara desde 1999 sin presentar declaración de la renta, cuando sus empresas estaban contratando con algunas administraciones públicas.
La causa de tal incuria probablemente tenga relación con el papel irrelevante que juegan los órganos fiscalizadores, convertidos en simples marionetas del poder político
Marionetas del poder político
La causa de tal incuria probablemente tenga relación con el papel irrelevante que juegan los órganos fiscalizadores, convertidos en muchas ocasiones en simples marionetas del poder político. No es de extrañar teniendo en cuenta su composición. Un somero repaso sobre quienes forman parte de los tribunales de cuentas justifica que haya que sospechar de su independencia.
Veamos. El Tribunal de Cuentas -el órgano encargado de fiscalizar los dineros de los partidos políticos- está presidido por Manuel Núñez Pérez, un veterano político de UCD (llegó a ser ministro de Sanidad), que posteriormente pasó al PP. Durante muchos años, fue diputado por la provincia de León. Núñez Pérez no es, desde luego, el único con pasado político. Ciriaco de Vicente, aquel ex dirigente socialista que se quedó a las puertas de ser ministro de Sanidad en el primer Gobierno de Felipe González, lleva en la casa casi desde que Churriguera construyó el pórtico de entrada al antiguo Hospicio de Madrid, situado justo enfrente del Tribunal de Cuentas. Menos tiempo lleva Luis Martínez Noval, ex ministro socialista de Trabajo, que llegó a la institución después de una dilatada vida política.
Más asombro, sin embargo, causa el hecho de que el presidente de la Sección de Fiscalización (y por lo tanto responsable de controlar a los partidos) sea el socialista Lluis Armet i Coma, que colaboró en la fundación del PSC, el Partido de los Socialistas Catalanes. Armet fue teniente de alcalde del ayuntamiento de Barcelona y diputado autonómico, lo que da idea de que no se trata de un político de paso.
Una canongía
El caso del Tribunal de Cuentas no es, desde luego, el único. Las cámaras regionales están trufadas de ex políticos que se han pasado al otro lado. En la Cámara de Cuentas de Andalucía, por ejemplo, podemos encontrar hasta dos ex dirigentes autonómicos del PSOE –Antonio Marmolejo y Mariano Pérez de Ayala- . Al igual que un antiguo vicepresidente de la Diputación Provincial de Málaga por Izquierda Unida. O a una ex secretaria general de la consejería de Economía y Hacienda.
En la Cámara de Cuentas de Madrid, igualmente, nos encontramos que entre los consejeros se encuentra Mariano Díaz Guerra, subsecretario del Ministerio de Trabajo en los tiempos de Javier Arenas. La cuota ‘socialista’ está cubierta por Emilio García Horcajo, concejal del ayuntamiento de Madrid en los tipos de Enrique Tierno Galván, y Ángel Luis del Castillo, ex diputado autonómico.
En el País Vasco, más de los mismo. Uno de los consejeros de la cámara de cuentas es José María Gorordo, antiguo alcalde de Bilbao por las listas del PNV. Mientras que en Cataluña, erre que erre. La Sindicatura de Cuentas de Cataluña la preside Joan Colom, antiguo diputado del PSC y ex portavoz socialista en el Parlamento Europeo. Uno de sus compañeros es Alexandre Pedrós, ex portavoz del PP en el ayuntamiento de Barcelona, mientras que Jaume Amat o Ernest Sena también ocuparon puestos relevantes en la Generalitat.
La lista podría ser mucho más extensa, pero es suficientemente ilustrativa sobre una realidad que a menudo se esconde, la omnipresencia del poder político en los órganos de fiscalización, lo cual resta credibilidad a sus informes. Entre unos y otros (hoy por tí y mañana por mí) se tapan las vergüenzas, y así no es fácil avanzar en la regeneración democrática.
Pero no sólo los tribunales de cuentas tienen algo que esconder. Resulta verdaderamente sorprendente descubrir que operaciones de crédito de millones de euros no hayan sido detectadas por los respectivos parlamentos regionales, incapaces de hacer un mínimo grado de seguimiento sobre el destino final de los fondos públicos. No hay apenas control ni evaluación presupuestaria a posteriori, y eso explica que sean posibles hurtos a gran escala, como el que se ha descubierto en el Palau de Barcelona, donde para más inri están presentes todas las instituciones territoriales del Estado.
¿Quiere decir esto que con sólo estrechar el cerco administrativo se puede acabar con la corrupción? Evidentemente, no. Pero es una condición necesaria, aunque no sea suficiente, que los órganos fiscalizadores sean realmente independientes del poder político. De lo contrario, en poco tiempo asistiremos a un Gürtel o Filesa II.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
44 COMENTARIOS
44 .- #36 PCJM, tu , majete, como siempre, ¡¡¡ y que -oño tiene que ver ... Lanzarote ... con Gurtel!!!
Los verdaderos culpables del ‘caso Gürtel’ es la noticia. Que no tienes nada que decir, pues a callarse. Pero todo el dia con cuñas publicitarias y con comentarios "disuasorios" es demasiado cargante y no cuela.
Prefiero que te subas a la tanqueta de la "Division Acorazada Gurtel" por cuanto estas "en tu sitio".
43 .- #39 Muy bien dicho, coincido con Vd.,
"hasta ahora",
en los Tribunales de Cuentas no creo, pues para sacar trapos sucios hace falta trabajar mucho y hacer Auditorias serias y no solo Contables ... formalmente. Vale para todas las Autonosuyas.
42 .- #40 PCJM ya no niegas tu vinculacion con el PP, con militancia incluida.
Y dices "me di de baja en el PP" por lo blandengue que era "su" oposicion, que no la tuya. Fijate que eres "duro" que llegas a decir que "los medios preferidos por Rajoy fueron la Cadena Ser y El País.
Y por ultimo y casualmente terminas tu comentario con una de tus preguntas "desviacionistas"
¿Ha oído a Rajoy hablar del caso Faisán?. Tema de insercion obligatoria en cualquier charla publica o privada de los cargos y militantes del PPartido, segun uno de sus ultimos "Argumentarios"
41 .- Deespués de leer esta noticía, uno llega a pensar que España está llena de "chorizos". Los hay en política, los hay en la Administración, los hay en las empresas, en general los hay en casi todos los sitios; y ésto pasa porque la democracia en éste país no se ha sabido utilizar, se ha dejado demasiado descontrol de las cosas y no se ha perseguido más que mantenerse en el poder a costa de lo que fuere. !Así nos va! Encima la justicia no aclara nada respecto a los corruptos, veáse en casa Malaya, el caso Filesa, el caso Gürtel, o como se diga, el caso Naseiro, etc.. etc., solo se persigue a quien, por omisión, a dejado de pagar un poco menos a la hacienda pública,[llámese declaración de la renta]
40 .- #38 Desde pasadas las elecciones de 2008, vengo criticando muy duramente a la oposición que está haciendo el PP, por blandengue.
Por no estar de acuerdo con dicha oposición, me di de baja en el PP.
Antes y después de Congreso de Valencia, los medios preferidos por Rajoy fueron la Cadena Ser y El País.
Algunos lo criticamos porque si dichos medios estaban de acuerdo con la política de Rajoy, algo estaba haciendo mal este.
¿Ha oído a Rajoy hablar del caso Faisán?.