Un día ha tardado el presidente de la Reserva Federal,
Ben Bernanke, en dar marcha atrás. Si ayer
anunciaba ante el Congreso que el regulador tenía un paquete preparado, el tercero desde que estalló la crisis financiera en 2008, para inyectar en la economía de Estados Unidos en cuanto las cosas se pusieran cuesta arriba, hoy matiza en el Senado: "No estamos preparados para tomar ninguna acción en estos momentos".
El presidente de la institución ha explicado que la inflación se encuentra "alcista" y "cercana" a los objetivos que tiene el banco central y las presiones alcistas sobre los precios en Estados Unidos este año es una de las razones por las que la Fed no se embarcará de manera inmediata en su tercera ronda de compra de bonos.
De esta manera, borra de un plumazo su comparecencia de ayer en la cámara alta dónde explicó las medidas que adoptarían en el caso de que la economía estadounidense no cumpla las previsiones de crecimiento de actividad y, entre ellas figuraba una tercera ronda de flexibilización cuantitativa.
Por su parte, los mercados de Wall Street, que habían conseguido ignorar las advertencias de la agencia apoyados en las buenas expectativas de resultados empresariales, después de que primero
Alcoa el lunes y
JPMorgan el jueves hayan batido las expectativas del mercado, no han podido con la decepción de la rectificación de Bernanke.