450 MILLONES EN MANOS DE PARTICULARES

La deuda subordinada del Banco Popular, en manos de pymes y clientes vip

No solo los accionistas del Popular han perdido todo su dinero en la venta del banco. Los titulares de subordinada también, en su mayoría pymes y clientes de banca privada

Foto: Una sucursal del Banco Popular junto a otra del Santander. (Reuters)
Una sucursal del Banco Popular junto a otra del Santander. (Reuters)

Los accionistas del Banco Popular están protagonizando los titulares por haber perdido todo su dinero en la venta al Santander y por empezar a preparar demandas para reclamar judicialmente su dinero. Pero no son los únicos en esta situación: también se ha quedado a cero la deuda subordinada, de la que se colocaron unos 450 millones entre clientes de la red. Según fuentes conocedoras de la situación, se trata en su mayor parte de pymes y de clientes de banca privada (altos patrimonios), aunque también hay algunos pequeños ahorradores pillados.

[Qué pasa si tengo deuda subordinada del Popular]

La deuda subordinada, que también sufrió pérdidas junto a las preferentes en el rescate de las cajas y luego fue objeto de un arbitraje para compensar a los inversores particulares, son bonos que tienen más riesgo que los normales porque cobran después de la deuda ordinaria en caso de concurso de acreedores. Precisamente para compensar ese mayor riesgo, suelen pagar unos intereses más altos que la deuda sénior, que los hace más atractivos para los inversores.

Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

En el caso del Popular, estos títulos se colocaron en tres emisiones. La primera se realizó en diciembre de 2009, cuando todas las cajas y bancos colocaban estos títulos y las preferentes —ahí se produjo la histórica emisión de 3.000 millones de Caja Madrid— con un plazo de 10 años y un cupón del 3,27%. Las otras dos llegaron en 2011, en plena crisis financiera y cuando ya habían caído varias entidades españolas. En ese entorno, el banco que entonces presidía Ángel Ron tuvo que pagar unos intereses del 8% en julio y del 8,25% en diciembre; estas emisiones también vencían a los 10 años.

El Popular siempre ofrecía todas sus emisiones (preferentes, bonos, acciones) en la red de oficinas además de a los inversores institucionales. En parte, porque de esa forma facilitaba la colocación; los profesionales siempre piden condiciones más exigentes que los particulares con menos cultura financiera. Y en parte, porque los comerciales de la entidad consideraban que eran buenas oportunidades de inversión para sus clientes, sobre todo las que pagaban el 8% de interés. Suponiendo que nunca quebrara el banco, claro.

Popular fue cauteloso con los particulares

El caso de la subordinada de 2011 fue un poco especial, según las fuentes consultadas, porque la percepción del riesgo en esos tiempos convulsos era muy alta y no querían buscarse potenciales problemas con "viudas y ancianitos". Máxime cuando ya habían colocado a muchos de ellos preferentes. Por eso, el banco evitó venderles también subordinada y se centró en los clientes de banca privada —con mayores conocimientos y normalmente con carteras muy diversificadas para diluir el riesgo— y pymes.

"El Popular siempre ayudaba a las pymes cuando tenían alguna necesidad, y recíprocamente les pedía ayuda cuando necesitaba colocar una emisión", señala una fuente. Otra añade que los pequeños empresarios sabían que, si compraban estos productos, obtendrían una compensación en forma de refinanciación, alargamiento de plazos o rebaja en los intereses o las comisiones de sus préstamos. En todo caso, sí hubo algún director de oficina que, para cumplir los objetivos de venta, colocó subordinada entre los pequeños ahorradores.

Más fácil ganar que los accionistas

Ahora todos ellos han perdido su dinero por la decisión del BCE de convertir estos títulos en acciones y venderlas a su vez al Santander por un euro para absorber las pérdidas del Popular. Algo que está contemplado en la directiva europea de resolución, por lo que hay pocas probabilidades de que prospere una demanda judicial contra esta decisión; además, habría que plantearla ante el Tribunal de Luxemburgo.

Sin embargo, lo tienen más fácil que los accionistas para reclamar por la vía civil. La razón es que será complicado que los titulares de acciones demuestren que no sabían lo que estaban comprando o que desconocían que en la bolsa se puede perder, pero los titulares de subordinada sí tienen posibilidades de convencer a un juez de su desconocimiento de las características de estos valores. Hay numerosísimas sentencias a favor de los tenedores de subordinada de las cajas por este motivo; muchos afectados incluso han alegado que creían que compraban depósitos. Si la praxis comercial del Popular no fue demasiado ortodoxa, tienen una importante vía para recuperar su dinero.

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