POR EL CANJE DE DEUDA DE LOS BANCOS

La ampliación de Pescanova arruina a 9.000 accionistas minoritarios

Los históricos engañados por Manuel Fernández De Sousa sufren las consecuencias del canje de deuda de los bancos, que reduce al mínimo su representación en el capital

Foto: Señal hacia la factoría de la compañía en Chapela, Vigo. (REUTERS)
Señal hacia la factoría de la compañía en Chapela, Vigo. (REUTERS)

Pescanova ya es en un 75% de los bancos, que han canjeado su deuda por capital. Y los grandes perdedores de la operación han sido 9.000 familias, las de los 9.000 accionistas minoritarios que padecieron los engaños que han llevado al expresidente Manuel Fernández de Sousa ante la Audiencia Nacional, y que ahora ven cómo su dinero se queda reducido prácticamente a nada. Es el resultado de la operación de ampliación de capital aprobada esta semana por la junta general de Nueva Pescanova, que diluye la participación de los históricos del 20% hasta un ridículo 1,7%.

Las consecuencias de la desastrosa gestión de Sousa se prolongan así para el grupo de accionistas que forman parte de la antigua Pescanova S. A., que han fracasado en su intento de que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) vetara la ampliación de capital y que mantendrán el litigio en sede judicial. Pero sin ingresos propios y sin la posibilidad desde hace años de cotizar en bolsa, las esperanzas de éxito se diluyen para el amplio grupo de inversores que ve cómo su dinero se esfuma sin remedio. “Nos sentimos doblemente engañados; primero por Sousa y ahora por los bancos”, denuncian.

La ampliación de capital supone un paso significativo en el plan estratégico aprobado el pasado año por Nueva Pescanova. La operación asciende a 135,4 millones de euros, por lo que el capital social se incrementa en más de un 1.000%, hasta situarse en 147,6 millones. Es una ampliación por compensación de créditos de los acreedores, que capitalizan deuda por un total de 340,3 millones de euros.

De esta forma, el accionariado de la compañía queda compuesto por Banco Sabadell, como mayor accionista con un 23,8% del capital social, seguido por Caixabank (15,3%), HSBC (12%), UBI Banca International (5,9%), BBVA (5,9%), Banco Popular (5,9%), Abanca (5,5%), Barendina (3,7%), Bankia (3,5%), Merrill Lynch (3,4%), Pescanova (1,7%), y otros (13,5%).

Impugnación

El pasado marzo, los minoritarios -que en su día llegaron a representar el 60% del capital- aprobaron la impugnación de la ampliación de capital y no adherirse a la operación. Pescanova pedirá la nulidad del crédito supersénior ante los tribunales, lo que reduciría según sus cálculos en unos 320 millones de euros la deuda bruta de Nueva Pescanova, y además impugnará la ampliación de capital sobre la improcedencia de los deterioros de activos que por importe de 151 millones realizó Nueva Pescanova y que la han dejado sin fondos propios. Fueron decisiones adoptadas por mayorías escuetas, nunca superiores al 55% de los votos, ya que a ellas se opusieron el fondo Broadbill y Sodesco, la sociedad del expresidente Sousa.

Desde la óptica de Nueva Pescanova, la ampliación de capital es un hito histórico, que su presidente, Jacobo González-Robatto, consideró una segunda salvación de la histórica compañía. “Es la segunda vez que, literalmente, salvan este grupo y la responsabilidad que asumimos todos los que formamos Nueva Pescanova para responder a esa confianza es enorme”, señaló.

La actual Pescanova, que emplea actualmente a más de 12.000 personas, fortalece así sus recursos propios y reduce considerablemente su endeudamiento, lo que le permite poner en marcha otros objetivos de su plan estratégico y de viabilidad. El acuerdo fue homologado judicialmente el pasado mes de marzo, sin que nadie impugnase la decisión judicial. El plan estratégico 2016-2020, bautizado con el nombre ‘¡Todos a una!’, pasa por un incremento en un 50% de la cifra de ventas, hasta los 1.500 millones de euros, y por cuadruplicar el resultado operacional (Ebitda), hasta los 139 millones de euros.

Tras 11 meses de negociaciones y casi 100 reuniones, el convenio sigue estancado en dos cuestiones clave: flexibilidad y rebaja salarial

Ese discurso está lejos del sentir de los minoritarios, que incluso han tenido que enfrentarse al problema interno representado por la denominada Asociación de Accionistas Minoristas de Pescanova (AMAP), que según el resto de la antigua empresa es una organización “fantasma”. De ese grupo, los minoritarios señalan a Carlos Federico Sanz Navarro, un personaje que consideran clave en la pérdida de sus ahorros. “Engañó y utilizó a cientos de minoritarios, para, en beneficio propio, conseguir un sueldo de 104.000 euros al año”, acusan.

La denuncia de sueldos “de escándalo” en los nuevos consejeros es una constante en el colectivo de los que han visto diluida su participación en Pescanova. Lo ingresado por Sanz parece poco comparado con lo obtenido por César Mata Moretón, antiguo hombre de confianza de Sousa, que dimitió en febrero de este año como consejero. Según el informe anual de retribuciones de Pescanova, Mata Moretón cobró 420.000 euros solo en 2014, y otros 118.000 el año anterior.

Paros

Del lema del plan estratégico también se desmarcan los trabajadores de la compañía, que en los últimos días han detenido la producción por primera vez en sus 57 años de historia. La famosa paz social de la que se jactaba Fernández de Sousa -al que se le imputa la venta de acciones antes de la quiebra, falsear datos económicos y beneficiarse de información privilegiada- finalizó el pasado marzo, cuando un paro masivo, seguido según el comité de empresa por el 100% de la plantilla, detuvo las máquinas de elaboración y frigoríficos de Chapela y O Porriño, donde trabajan unas 400 personas. Con un único precedente de huelga hace dos décadas, los empleados se mantuvieron del lado de la empresa incluso en los momentos más turbios, cuando fueron invitados por el entonces presidente a leer un comunicado de apoyo y hacerse una fotografía con él.

La causa de las protestas es el nuevo convenio laboral, que consideran basado en la precarización. Tras 11 meses de negociaciones y casi 100 reuniones, el acuerdo sigue estancado en las dos cuestiones clave: la flexibilidad y la rebaja salarial para las nuevas incorporaciones. Pese a que Comisiones Obreras se ha desmarcado de las convocatorias, impulsadas por otros cuatro sindicatos, el seguimiento de las movilizaciones es masivo. El nuevo convenio forma parte de la compleja reestructuración organizativa, emprendida desde hace meses y que se intensificará a lo largo del presente año. Son los nuevos retos de la Pescanova del siglo XXI tras aplastar a los accionistas históricos.

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