¿Qué hacen los políticos? La ciudadanía se organiza para vigilar a la Administración

¿Podría la inteligencia ciudadana, los de

Autor
Tags
    Tiempo de lectura9 min
    ¿Podría la inteligencia ciudadana, los de abajo, mantener el músculo de la democracia más fuerte que las instituciones creadas para ello? La plataforma Cuentas Claras, que desde que hace unas semanas se filtrara la contabilidad del Partido Popular coordina informalmente la auditoría popular de las cuentas, cree que sí. 
    Por eso, desde el colectivo se ha lanzado un reto a los ciudadanos: auditar las cuentas del PP antes que el organismo encargado de ello: el Tribunal de Cuentas, que acumula un retraso de cuatro años en el cumplimiento de esta función que le encomienda la Carta Magna. 
    El reto es hercúleo, pero gracias a las nuevas tecnologías, posible. No es la primera vez que la inteligencia ciudadana se propone (y conquista) un objetivo semejante en nuestro país, que es un alumno aventajado en estas cuestiones. 
    Explicamos cómo se organiza la ciudadanía desde las redes para fiscalizar a los políticos y repasamos algunos hitos nacionales en el campo de las auditorías colectivas. Un ejército de ciudadanos Visualicemos el escenario: a un lado, los expertos de una institución como el Tribunal de Cuentas. Al otro, más de 200 personas entre las que se encuentran informáticos, periodistas, contables o juristas. Un ejército de ciudadanos que se reúne eventualmente, esta vez con el fin de organizar los cerca de 4GB que componen la contabilidad del PP, desde el año 90 hasta el 2011, y auditar colectivamente al partido del Gobierno antes que el TC.
    ¿Y cómo son ellos, esos ciudadanos fiscalizadores? Son personas corrientes, “gente que no asiste a todas las manifestaciones, algunos incluso a ninguna”, explican a Teknautas desde Cuentas Claras. Ellos conforman ese “activismo de salón que muchos critican”, pero tan útil en estas circunstancias que exigen pasar horas frente al teclado y la pantalla y guardarse la rabia para adentro, convertirla, si acaso, en combustible para seguir frente al ordenador una hora más, dos, tres… las que sean necesarias. Y es que es el tiempo propio lo que estos ciudadanos ceden a la causa.

    ¿Y de dónde nace la rabia de este ejército de personas corrientes? Lo explican desde Cuentas Claras: de los silencios, de la falta de explicaciones o, por decirlo en una palabra, de la opacidad. “Se les llena la boca con la transparencia, pero cuando la ciudadanía tiene acceso a las cuentas de su partido salen corriendo a poner una denuncia”, critican los activistas,“el 90% del dinero que reciben sale de las arcas públicas y por eso es su deber justificar cómo se lo gastan, máxime cuando nos piden austeridad a los demás”, insisten. 
    Es la ausencia de este tipo de compromiso la que dispara la acción desde abajo: “La inteligencia colectiva es un movimiento de los de abajo para acabar con la impunidad de los de arriba, donde los gobernantes no quieran llegar, llegará la ciudadanía”, advierten desde Cuentas Claras.  Un claro objetivo ¿Y cómo opera esta inteligencia ciudadana/colectiva? ¿Cómo lleva a término su desafío? Con paciencia y muchas horas de un trabajo que tiene la dificultad y la ventaja añadidas de que se realiza cooperativamente y en abierto
    A los activistas de Cuentas Claras (que ahora cuentan con el apoyo de otros colectivos como Auditoría Ciudadana de la Deuda o Política a Corto Plazo -del 15-M-, que también se han sumado al reto), les toca, tal y como explican en su blog, convertir los documentos filtrados  a formatos procesables, procesar y organizar la avalancha de datos y, finalmente, cruzarlos, hacerlos hablar
    Procesos todos estos tediosos y complejos, pero apasionantes, que conocen bien los miembros de plataformas como Qué hacen los Diputados -ésta dedicada desde hace más de un año a fiscalizar toda la información existente sobre nuestros representantes en la Cámara Alta- o la Fundación Civio, que lucha por la transparencia (real) y los datos abiertos. Sus experiencias, y las de otros grupos, nos ayudarán a comprender cómo se organizan los de abajo para tener a raya a los políticos.  Documentos legibles para las máquinas “Un montón de píxeles en un PDF son entendibles poŕ nuestro cerebro, pero es necesario que esa información esté en un formato que  las máquinas puedan leer”, inciden desde Cuentas Claras. Los PDF, y más si han sido generados mediante el escaneado directo de algún documento, provocan un inmediato mohín de rechazo en cualquiera que trabaje en pro de la transparencia (prueben y verán). 
    Paloma Contreras, miembro de Qué Hacen los Diputados, no es una excepción. En 2012 su plataforma lanzó una campaña (Adopta a un Diputado) para organizar las toneladas de información que los parlamentarios habían colgado en la web del Congreso sobre sus declaraciones de bienes y patrimonio. Los datos no sólo se hicieron públicos en el dichoso formato PDF sino que, para más inri, se presentaban en forma de folios, toscamente caligrafiados y directamente escaneados. 

    “Podías perder hasta media hora analizando cada declaración”, recuerda Paloma a Teknautas, “sin la ayuda de los ciudadanos habríamos tardado meses”.  Precisamente en esta fase se encuentran ahora los voluntarios implicados en el análisis de las cuentas del PP. El primer paso es convertir los PDF a formato texto, para lo que los activistas pueden, o bien sacarse los ojos copiando manualmente los datos, o a herramientas informáticas. 
    David Cabo, director de Civio e impulsor de la primera campaña de Adopta a un Diputado/Senador en el año 2011, ha puesto a disposición de los voluntarios un repositorio con código e instrucciones para realizar este tedioso proceso.  Una base de datos de acceso público Convertir los documentos a texto sólo es el principio. Para que los datos sean íntegramente absorbidos (y bien digeridos) por el software de tratamiento de datos deben estar organizados en tablas de acuerdo a ciertos estándares (por ejemplo, separar ciertas categorías con comas) ¿Por qué? David Cabo lo explicaba así durante la campaña de Adopta a un Senador, para fiscalizar el patrimonio de los miembros de la Cámara Baja: “Al dar el formato correcto a los datos y cruzarlos con otros que están siendo procesados de igual forma podemos descubrir huecos, irregularidades o simplemente tener una imagen más exacta de sus patrimonios y su evolución”, afirmaba él. 
    En 2011, Cabo publicó dos tablas en Google Docs e invitó a los internautas a completarlas con información extraída de las declaraciones de diputados y senadores (click en los enlaces para descubrirlas). En apenas unos 3 días, con una rapidez inusitada e imposible para un grupo de expertos, la tabla de senadores estaba completada. La de diputados tardó algo más porque, según afirma él mismo, “la gente se cansa”. Por otra parte en 2012, según cuenta Paloma, la segunda campaña de Adopta a un Diputado se completó en el plazo de una semana: participaron en el proceso cerca de medio centenar de personas.

    Pese a los éxitos, trabajar de forma colaborativa y en abierto está lejos de ser una experiencia idílica. Cabo, por ejemplo, narra en este post cómo las tablas abiertas en Google Docs sufrieron de sobresaturación y fueron atacadas por spammers: “Google Docs manejaba la carga sin problemas inicialmente, pero cuando hubo más de 50 personas a la vez en la hoja se notaba al editar, hasta hacerse casi inservible”, apuntaba sobre los problemas con la herramienta de trabajo. Respecto al vandalismo, Cabo recoge en sus anotaciones la dificultad de mantenerlo a raya cuando son medio centenar de personas las que completan a la vez un mismo documento.
    El modelo Wikipedia de dejar a los vándalos y luego restaurar no funciona muy bien aquí: primero, es mucho más difícil detectar que alguien ha puesto algo mal, la hoja es enorme y los cambios son en tiempo real; y segundo, todo el mundo trabaja a la vez, de forma que cuando te das cuenta y restauras estás borrando el trabajo de mucha gente”, escribía.  Hacer que los datos hablen Con todos los datos correctamente expresados, sólo hace falta hacerles hablar, cruzándolos de forma sencilla a través de aplicaciones informáticas o generando visualizaciones. En todos estos aspectos es experto el equipo de Civio, que ya ha publicado varias aplicaciones que permiten a los usuarios trabajar de forma sencilla con los datos, por ejemplo, para saber más sobre los incendios que se han producido en su comunidad o los indultos que han concedido los Gobiernos en la historia de la democracia española
    Por su parte, Qué hacen los Diputados engrasa motores para publicar este mes de septiembre una renovada web que nos permitirá cruzar datos y conocer, en muy pocos clicks, qué votan los diputados, quiénes son los que más se ausentan o quiénes los que tienen más viviendas en propiedad, por ejemplo. 
    En cualquier caso, la caja de Pandora ya está abierta. Los políticos no responden, porque no quieren, porque no saben o porque no tienen capacidad para hacerlo. ¿Pueden los ciudadanos llenar esas lagunas o incluso ser más eficaces que las propias instituciones? Vicky Bolaños, de Qué hacen los Diputados, tiene dudas: “Fiscalizar no es sencillo, sobre todo si no provienes del ámbito de la Administración”, comenta, “no creo que el trabajo de los ciudadanos deba sustituir la obligación de fiscalización por parte del Estado”. 
    ¿Cuáles son los límites de la fiscalización ciudadana? Para Vicky son dos, tiempo y dinero: “Requiere mucho esfuerzo, tiempo y dinero financiar un proyecto como el nuestro”, explica, “no podemos ofrecer un sueldo a quienes colaboran voluntariamente con nosotros. Les agradecemos muchísimo su ayuda, pero tampoco les podemos exigir un compromiso, ni una periodicidad en su colaboración”, lamenta. 
    Desde Cuentas Claras, sin embargo, lo ven desde otro punto de vista: “Nadie nos paga por hacer esto, es cuestión de tener una conciencia que cada día despierta en más ciudadanos. Contra eso no hay maquinaria burocrática que pueda competir”. Una opinión que también comparte Cabo, que recogía en sus anotaciones: “Sigue siendo posible para los ciudadanos construir iniciativas que no solo complementan las oficiales, sino que también las subsanan. Es posible, por increíble que resulte a estas alturas de la feria y en mayor o menor medida, mejorar nuestra sociedad por nosotros mismos”. El desafío está sobre la mesa.
    Mercados
    Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
    0 comentarios
    Por FechaMejor Valorados
    Mostrar más comentarios