Los bares y restaurantes se han convertido en esta ocasión en grandes distribuidores de dinero. A través de papeletas o de décimos enteros, camareros de media españa han repartido cientos de millones entre los asiduos a cafés y tertulias. Por ello, desde el 'gordo' hasta los 'quintos' han llegado a todos los rincones.
Una familia de rumanos ha repartido en Huesca 38 series del 'gordo' de Navidad desde un bar que abrieron hace un mes y que bautizaron como "Carlitos", el nombre dado al hijo más pequeño de la dueña, nacido ahora hace diez meses. Desde la inauguración del bar, la familia de Carlitos, asentada en la localidad próxima de Grañén, en cuya administración fue adquirido el número 58.268, repartió un total de 380 décimos. Mijaela, hermana de Carlitos, se esfuerza detrás de la barra en atender a un grupo de clientes a los que sirve champán o lo que piden, y se niega a coger el dinero que le entregan mientras repite entre sonrisas: "hoy no se paga".
Mientras tanto, Carlitos llora asustado entre los brazos de la madre al ver el trasiego de gente que entra y sale del local, bailando, gritando y tratando de comprender la cantidad de millones que van a recibir. Según Mijaela, la práctica totalidad de clientes del bar son trabajadores o inmigrantes que se mueven por la zona y entre los que se ha distribuido la totalidad de décimos que pusieron a la venta. Entre ellos se encuentran Ana y Antonio, un matrimonio que regenta otro bar en una zona próxima y que saludan a todos los vehículos que pasan por la calle.
El bar Palma, de oro
El bar Palma, situado en el municipio tinerfeño de La Victoria, ha vendido quince billetes del número 02184, que obtuvo el tercer premio.
Úrsula Gutiérrez, hermana del dueño del establecimiento que también se quedó con algunos décimos premiados, ha afirmado a Efe que ayer tarde devolvieron un par de billetes que no se habían vendido, pero el resto se ha vendido entre la clientela del bar, especialista en carne de conejo, y entre otros bares de la zona.
Algunos de los vecinos agraciados se han acercado al bar, como el caso de Carolina García, que es dueña de otro establecimiento y que tiene un par de décimos "para algún capricho porque gracias a Dios", ha dicho, no tiene deudas.