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Jesús Chacón - 13/02/2010
Juan Cobos Wilkins (EP).
La voz que emana de la poesía de Juan Cobos Wilkins (Minas de Riotinto, Huelva, 1957) es inconfundible. Es ella misma. Quien conozca su ya larga trayectoria literaria lo sabe. Incluso en el registro de sus novelas (El corazón de la tierra, Mientras tuvimos alas, El mar invisible), escritas en los últimos 10 años –el intervalo que transcurre desde la publicación de su anterior poemario, A un dios desconocido–, es reconocible su sello, su atmósfera, su mundo. Biografía impura (Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2009) es su vuelta a la poesía. Vuelta editorial, porque el poeta onubense no ha dejado jamás de trabajar el verso, como trabajados están hasta la extenuación los de esta nueva entrega.
Aunque pueda parecer que el adjetivo “impura” del título actúa de contrapunto a aquel proyecto de poesía pura de Juan Ramón Jiménez, nada queda más lejos de la realidad. Porque, como ha de verse al leer estos versos, en la forma de trabajar la poesía de Juan Cobos Wilkins –pulir, transparentar el verso sin perder profundidad– hay mucho de juanramoniano (“la transparencia, Dios, la transparencia”). Esta impureza es más guiño pues que controversia, y alude a la vida reflejada en estas páginas, a la mancha que produce la experiencia de vivir, de ser tocado por todos los accidentes de la vida (no se olvide que estamos ante una biografía).
Articulada en cuatro partes (el niño, el adolescente, el joven, el poeta), Juan Cobos recorre aquí las sombras y los gozos de su andar por el mundo. Ya lo advierte el poeta en el “Ars vivendi” que sirve de pórtico a esta biografía vivida y escrita: “Eso ha sido tu vida”. El poeta y el hombre sujeto de estos versos ha gozado y ha sufrido en soledad, “Pero siempre / con una flor abierta en la solapa”. Hay en este camino (del niño al poeta) lección de vida que es también elección, pues desde las sombras primerizas de la infancia (“un niño mira sombras en la pared…”), en pleno retrato del artista adolescente se resuelve el dilema al escoger “Armonía y Pasión / las solas provisiones de su vida futura”, para llegar al joven y al poeta que será. El joven que “consulta los posos del café” buscando “entrever su destino” y el poeta que “no debe en primavera / cruzar solo la tarde de los parques”.
Arte poética hay también en la parte final del poemario (El poeta), y guiños a lecturas (entre otros, a Cernuda, Lorca o Bécquer) y a la música (Leonard Cohen, Elvis Presley). Y, fiel a su lema de acción literaria –Pasión y Armonía–, Cobos Wilkins continúa, como lo hacía y deshacía su admirado Juan Ramón Jiménez, fraguando su Obra: ejecuta el equilibrio perfecto entre la depuración formal de su propia voz de siempre (son reconocibles tonos, ritmos, metáforas de otros libros) y la luminosidad de un poemario completamente nuevo. Se hace difícil pensar tras la lectura de esta Biografía impura cómo su autor va a superar lo alcanzado en estos versos. El desafío es total.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
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