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@Esteban Hernández - 16/08/2010
Es llamativo que el mundo del trabajo esté cobrando fuerza como escenario de las novelas. Hasta ahora, la ficción se había nutrido con frecuencia del entorno profesional, pero sólo para aquellos productos televisivos de masas (como las series de abogados, periodistas, policías, médicos, etc.) que requerían un punto de partida reconocible a partir del cual atraer al espectador. Era más difícil en la creación literaria, donde lo narrado era algo que, por esencia, ocurría fuera del tiempo laboral. Pero quizá porque el trabajo es cada vez más importante en nuestras vidas, porque la gran empresa está cobrando un papel social mucho más relevante o porque tenemos que acudir a la ficción para encontrar aquello que los análisis teóricos no nos cuentan, lo cierto es que la novela de empresa es un género en auge que cuenta con varias tendencias.
‘Los imperfeccionistas’, de Tom Rachman
La primera de ellas queda sintetizada en Los imperfeccionistas, primera y exitosa obra de Tom Rachman, quien ha aprovechado el marco laboral para componer una novela estupendamente escrita en la que traza el retrato de un buen número de compañeros de profesión (Rachman ejerció de periodista) de los que privilegia el lado humano. No hay ánimo de sátira o de venganza, sólo descripciones realistas de unos personajes a través de los cuales demuestra conocer bien el corazón humano. Se trata de un texto compuesto por diversos relatos, cada uno de ellos centrado en un personaje relacionado con el periodismo, que apunta hacia el drama humano mucho más que hacia el análisis de la profesión en sí o de la situación que vive.
Rachman ambienta su obra en un diario internacional con sede en Roma, (el autor trabajó en el International Herald Tribune, editado en París, del que se dice es trasunto el periódico ficticio de Los imperfeccionistas), alrededor del cual circulan corresponsales acabados que se inventan las noticias para volver a la primera página, correctoras que quieren que las despidan, jefes de redacción cuyo deseo real es ser inventores y registrar sus patentes, o propietarios mentalmente limitados que sólo encuentran satisfacción vital cuando juegan con su perro. Así listada, la obra parece una más de esas novelas (últimamente tan frecuentes) que apuestan todo a la carta de la comedia patética y cuyo único mérito es inventarse a unos personajes lo más extravagantes posible. Esos personajes degradados, que rechazan todo punto de identificación, terminan colocando al lector por encima en lugar de a su lado: el lector (como si fuera un espectador de un reality televisivo) sólo puede pasárselo bien si accede a burlarse de esos personajes humillados que pueblan sus páginas.
Si bien algo de eso hay en la obra de Rachman, queda rápidamente soslayado por la pericia del novelista a la hora de entrar en el alma de sus personajes, expuesta al lector gracias a trazos precisos, rigurosos y no exentos de comprensión. En definitiva, Rachman utiliza la empresa como excusa para hablarnos del zoo humano. No hay, por tanto, crítica o reflexión alguna, sólo unos cuantos seres humanos pillados en sus miserias interiores en un ambiente en decadencia. Sin duda, algunos periodistas podrán reconocer tipos y expresiones que circulan por sus páginas, pero se trata de algo narrativamente insustancial. Lo esencial aquí son las historias, no el medio en el que acontecen. Rachman, en este sentido, lleva a la novela una tendencia periodística muy contemporánea, aquella que en lugar de realizar análisis sobre los hechos y examinar causas y consecuencias, prefiere centrarse en el carácter de los protagonistas y demás detalles de interés humano.
‘La corporación’, de Max Barry
Una línea muy distinta es la elegida por Max Barry en La corporación, obra satírica, un punto kafkiana, donde la intención crítica está presente desde el mismo planteamiento. Barry sitúa la acción en la Corporación Zephyr, una empresa cuya actividad concreta es ignorada por los empleados, donde nadie conoce al consejero delegado y en la que el mayor sueldo corresponde a la recepcionista. En ese contexto surreal seguiremos los pasos de Jones, el involuntario protagonista de la acción, a cuyo través veremos no sólo cómo la empresa se descompone paulatinamente sino cuál era la verdadera intención de Zephyr.
Al contrario que en la obra de Rachman, aquí la composición de los personajes queda por detrás del retrato de las prácticas. Lo que importa, y a eso debe la novela su éxito (y probablemente por esa misma razón la novela haya sido publicada por Alienta, editorial especializada en libros de empresa) es la sátira del management, de las formas de hacer de Recursos Humanos y del modo contemporáneo de dirección de las compañías. A Barry le preocupa mucho más que el lector pueda reconocerse en las prácticas cotidianas de las grandes empresas que el hecho de que pueda encontrar más o menos creíbles a sus personajes. El autor utiliza el humor y la ironía, pero al servicio de ese realismo de las métodos de gestión y no para banalizar a sus protagonistas, consiguiendo así una novela sin grandes méritos formales pero mordaz y crítica.
Dicho de otro modo, mientras Rachman sale ganando en el aspecto literario con su retrato de un mundo que se hunde, Barry es el claro vencedor con su crítica a un mundo, el del management, en ascenso.
Los imperfeccionistas. Tom Rachman. Ed. Plata. 352 págs. 17,00 €.
La corporación. Max Barry. Ed. Alienta. 250 págs, 17,95 €.
OPINIONES DE LOS LECTORES,
2 COMENTARIOS
2 .- Puedo opinar de aquello de lo que he leido, en este caso La Corporación; y en esta novela pululan algunos personajes que a todo oficinista le sonarán familiares.
En eso discrepo del autor de la columna; en mi opinión arquetipos como el eterno ninguneado; o el implacable trepa están espléndidamente reflejados en la novela de Max Barry. Por no hablar de lo peculiar que resulta comprobar que los "managers" descritos en la novela resultan sin excepción un atajo de energúmenos sin escrúpulos. Peculiar por la editorial que tan valientemente lo ha publicado, vaya...
La dedicatoria, sin concesiones. "A Hewett Packard" empresa donde al parecer trabajó el novelista.
1 .- ¿Periodistas y managers, "mundo laboral"?...Venga, hombre...