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Libropesia

Las (sin)razones del asesino

El caballo amarilloBoris Savinkov

@Nuño Vallés. - 12/11/2009

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Impedimenta reedita, traducido por primera vez del ruso –Andreu Nin lo hizo en 1931, pero desde el francés–, El caballo amarillo. Diario de un terrorista ruso, una suerte de memorias disfrazadas de novela escritas por el asesino revolucionario Boris Savinkov en 1917, durante su exilio en París. Allí, Apollinaire se refería a él como “notre ami l’assassin”, y es que, ante todo, Savinkov fue eso, un asesino, que narra en esta breve novela, estructurada con la apariencia de un diario, por un lado los preparativos para el asesinato del gobernador general de Moscú, el Gran Duque Sergei Alexandrovich –magnicidio acaecido el 4 de febrero de 1905, en la novela el 18 de agosto–, y por otro el “amor” adúltero del protagonista por Yelena.

 

Su calidad literaria es indudable, desde los personajes al decorado, pero especialmente el ritmo.

La ideología, para George –trasunto de Savinkov; Nin consideraba esta novela un retrato “de cuerpo entero”, mientras que para James Womack, traductor y prologuista de esta edición, es una “caricatura de sí mismo”–, es menos que secundaria. George/Savinkov mata sin motivo, mata por matar, por la acción de matar, y por la muerte: “El amor no existe en el mundo, ni la paz, ni la vida. Sólo existe la muerte. La muerte constituye tanto nuestro halo de santidad como nuestra corona de espinas” (p. 108). La obra entera, que es en esencia una indagación –sin conclusiones– en la propia personalidad, trata de decirle al autor quién es en realidad. Pero los devaneos de George no llevan a lugar alguno. George es un psicópata que se ha topado con la vía revolucionaria y hace uso de ella para sus propios fines, para probarse, como Raskolnikov, y encontrarse.

De ahí la acusación de Vania: “Tú piensas que eres el superhombre. Y te crees que has encontrado la piedra filosofal, el secreto de la vida. Pero eso no es más que el camino de Smerdiakov” (p. 57). George está lejos de sus compañeros terroristas –y de toda la humanidad, dada su falta absoluta de emociones: “Existe una barrera entre ellos y yo. Es una frontera infranqueable. Y es una espada carmesí” (p. 183)–, porque, mientras que su vida se reduce a la lucha (p. 175) y la muerte (p. 73), porque no reconoce ley alguna (p. 85, p. 135), ellos abrazan diversos motivos emocionales para llevar los bolsillos repletos de bombas y balas.

 

Así, Fiodor se hace revolucionario por envidia; Heinrich por ingenuidad juvenil; Vania por fanatismo; y Erna por amor –motivos espurios que denotan el escepticismo de Savinkov hacia la Revolución, el mismo que siente hacia el amor y que se manifiesta con Yelena, con quien encuentra la horma de su zapato: padece una psicopatía tan sólida como la suya-.

 

George es, sin embargo, mucho más pragmático. Los revolucionarios están convencidos de la necesidad de la revolución. Pero en el ambiente no flota esa necesidad. Y es que los revolucionarios no son lamarckistas (“la necesidad crea el órgano”) sino darwinistas (“el órgano crea la necesidad”). George es más que consciente de ello: “No sé por qué no se debe matar. Y nunca entenderé por qué es bueno hacerlo en nombre de la libertad, pero no en nombre de la autocracia” (p. 27).

 

El caballo amarillo es un retrato nihilista de un psicópata, que encuentra en el asesinato su conexión con la realidad. La calidad literaria de la obra es indudable; desde el perfilado de los personajes, henchidos de vida en apenas unas pinceladas, al decorado, igualmente pintado con sutileza, pero especialmente el ritmo, que no se ve estorbado siquiera por las peroratas teológicas de Vania –la presencia apabullante de San Juan, tanto del Evangelio como del Apocalipsis, aportan una textura mítica y frofética que enriquece el relato-, hacen de la narración una lectura absorbente. Luego será el lector el que deba decidir si un asesino debe ser leído –la eterna cuestión de la moralidad de la literatura-, y si sus (sin)razones pueden interesarle.

 

Regular El caballo amarillo. Ed. Impedimenta. 192 págs. 18,20 €. Comprar libro.

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Opiniones de los lectores (7)

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7. usuario registrado Myrmidon»12/11/2009, 12:58 h.

#1 Si en el P$O€ hubo terroristas y ponen sus fotos en sus sedes, eso debe difundirse para que se sepa la calaña de los mentirosos que mal gobiernan España.

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6. usuario registrado chax»12/11/2009, 12:52 h.

#5 Completamente de acuerdo.

La única crítica a Moa es negarle la entrada a casi todas las televisiones, decir que es un fascista y a media risilla que no es historiador. El desprecio suficiente. Ni una sola crítica a los datos que aporta en todos sus libros, que yo sí he leído y aconsejo. Él sí que analilza las manifestaciones y falsas verdades políticamente correctas de otros historiadores.

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5. usuario registrado LA Confidential»12/11/2009, 10:23 h.

Pues yo no habiendo leído nada de Pío Moa, sí le he escuchado en alguna ocasión, pero me da la impresión de que frente a los profesores oficialistas de la universidad, que están al servicio del régimen [del actual], se fue a los archivos a buscar este tipo de datos.

Y siempre recuerdo que en la última época de Gabilondo en la radio entrevistó a un profesor de universidad únicamente para decir que había que prohibir los libros de Pío Moa. No citó ningún dato falso de los libros de este, sólo que mentía y que no podía ser que dijesen lo contrario que ellos. La entrevista fue sólo esto.

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4. usuario registrado LA Confidential»12/11/2009, 10:21 h.

#1 Existe una cosa que estudian en las facultades de Historia que se llama historiografía. Siendo malvados consiste en que la verdad histórica es lo que la mayor parte de los libros o artículos dicen sobre cierto tema, incluso si hay una corriente opuesta de libros, a la primera se le pone el adjetivo de "moderna" y se acabó la discusión.

Esto permite entre cosas que se pueda hacer una tesis doctoral sólo leyéndose varias decenas de libros que hablan de lo mismo en la misma dirección, y no aportar nada nuevo, sólo contar lo mismo. A lo que viene esto que cuento, es que toda la historiografía "oficial" actual sobre la guerra civil se desmorona frente a un dato real, escrito, fácilmente comprobable, como las amenazas a las que haces referencia, y no es la única.

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3. usuario registrado GabrieldeAraceli»12/11/2009, 09:14 h.

#2 O sea, que le da la razón al comentario #1: eran unos asesinos

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