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Esteban Hernández - 22/02/2010
La hostilidad con que el diario El País acogió en 2003 la presencia en El Escorial de Alain de Benoist, a quien señalaba como uno de los más influyentes ideólogos de la ultraderecha francesa, no dejaba ser sorprendente. Si bien fue uno de los creadores de lo que dio en llamarse Nueva Derecha, Benoist es un pensador que se aleja notablemente del estereotipo de ultra que podemos tener en mente. Y, desde luego, las tesis que mantiene, no son las del derechista prototípico, ese reaccionario de aspiraciones fascistas, defensor del escudo con el águila y supporter del integrismo religioso que tanto gusta de evocar el diario de Cebrián.
Cierto es que el episodio Benoist fue interpretado entre algunos medios de la derecha como parte del enfrentamiento de El País con la editorial Áltera (la que publica al francés en España) y con su cabeza visible, Javier Ruiz Portella, con motivo de un pleito relacionado con los derechos de autor de una traducción. Y aun cuando probablemente algo de aquello hubiera, Alejandro Salvatierra y el propio Portella apuntan otra tesis en la conversación que sirve de prólogo a este libro, según la cual la “peligrosidad” de las ideas de Benoist habría sido reconocida en su potencialidad por el diario de Prisa.
Si eso fuera cierto, y probablemente lo sea, habría de apuntarse que Benoist no sólo es incómodo para el cebrianismo; tampoco la derecha que le cobija puede identificarse en exceso con alguien que afirma que esta democracia supeditada al mercado se ha convertido en un régimen único que debe combatirse.
Porque Benoist, Gran Premio de Ensayo de
Benoist, pues, trata de alejarse del liberalismo y del socialismo (de la derecha y de la izquierda) para proponer un pensamiento que, aun recogiendo cosas de uno y otro espectro, niega sus dogmas más firmes. En especial en lo que hace a ese pretendido igualitarismo al que, por una vía u otra, ambas dicen aspirar y que en nuestro actual régimen político suele cifrarse en la fórmula “igualdad de oportunidades”. El académico francés cree en la jerarquía y en las élites, pero no en su formulación actual (“la meritocracia americana como encumbramiento de los listillos”, tal y como la define Ruiz Portella) sino en una versión más nietzscheana: la de una nueva aristocracia que detente una rigurosa ética vital.
Además, mientras que la derecha actual ha tendido a liberarse de su relación con vínculos conservadores y a apostar por un mundo móvil e interconectado, el ensayista francés ha adoptado el camino contrario: la historia y las raíces son un aspecto básico de su pensamiento. En su obra, la comunidad se vuelve esencial, en tanto es el espacio de donde surge algo tan importante como la identidad y que tan denostada resulta por esa visión imperante que aboga por el nomadismo, la ausencia de fronteras y la interrelación global. Y para rematar la heterodoxia, además de manifestarse contra la guerra de Iraq, ha publicado textos recientes contra el crecimiento y a favor de un peculiar ecologismo.
Y precisamente por ello puede decirse que Benoist ocupa una posición exterior respecto de la política contemporánea, en tanto sus ideas se apartan notablemente de lo que la derecha y la izquierda sostienen, y él mismo poco tiene que ver con esos habituales intelectuales cuya influencia social emana de la presencia masiva en los medios. Benoist es otra clase de intelectual, ese que sin renunciar a la aparición en medios de masas, cree que la batalla se juega en el terreno de la cultura y de los valores, tesis que le ha granjeado muchas simpatías entre una derecha que está concienciándose cada vez más de que la sociedad se gana desde esa perspectiva.
En definitiva, Benoist es un pensador peculiar cuyas ideas quedan sintetizadas a la perfección en una antología que cumple sobradamente el propósito de introducir al lector en el mundo del ensayista francés. Otra cosa es que le pueda convertir en un pensador popular, tarea harto complicada, ya que Benoist ocupa un lugar más marginal de lo que El País le atribuía. Puede que su influencia sea muy importante para ciertos sectores de la derecha, pero éstos no dejan de ser los más alejados del poder.
Más allá de la derecha y la izquierda. Ed. Áltera. 344 páginas. 21 €. (Comprar libro
OPINIONES DE LOS LECTORES,
3 COMENTARIOS
3 .-
No parece que diga nada que no haya leído o escuchado otras veces, pero le echaré un vistazo.
Le animo a que siga comentando algunos libros de este tipo. A los lectores de este medio ese tipo de lecturas nos puede interesar.
2 .- Perdone que le diga, Sr. Hernánez, pero tiene ud.un gazpacho ideológico considerable. Y el autor sobre el hace la exégisis tampoco le anda a la zaga.
Dos cosas me han llamado la atención. Una, que Benoist diga que la izquiera y la derecha han apostado por el individualismo cuando, en esencia, los socialistas de izquieras y derechas abominan de él y han hecho del colectivismo su seña de identidad.
Dos, que diga "liberalismo y del socialismo [de la derecha y de la izquierda]" habla bien poco de ud. puesto que denota su falta de conocimiento de lo que el Liberalismo es. Identificar liberalismo con derecha, a estas alturas, demuestra su exceso de lecturas de "El Plural" y "Público". Una pena
1 .- ¿Y por qué de derechas? PRISA carga contra él precisamente por que no hace planteamientos derechistas, sino porque reclama una superación de la nauseabunda dialéctica izquierda-derecha [en España más nauseabunda aún, PP-PSOE]. Claro, no en vano se nos ha dicho -mintiendo- por algún sinvergüenza bien asentado en el sistema que quienes así razonan son una emanación de profundas simas de horror que sólo prentende laminar derechos y establecer dictaduras. Como si nuestro querido sistemita no pudiera ser discutido, mejorado y, por qué no, sustituido. ¿Acaso alguien cree que un señor feudal en la edad media no consideraba aquel sistema sociopolítico como el perfecto? ¿Acaso alguien cree que, dentro de algún tiempo, esto que tanto nos gusta no sera visto como ahora nosotros vemos al feudalismo?