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Lunes, 14 de septiembre de 2009

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Libropesia

Ángeles y demonios a la conquista del mundo

libroEnrique Ruiz MartínezLos soldados del rey

@Nuño Vallés. - 10/09/2009

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Más vale tarde que nunca significa conceder a un vasto tratado el tiempo que merece, la atención al frondoso detallismo, hasta poder afirmar que se ha dominado la enfermedad con éxito y aprovechado el manjar libresco. Al libropésico le interesa todo texto impreso, pero no por ello deja de inclinarse hacia ciertas temáticas, quizá teñidas por la vieja pátina de la leyenda. Una historia legendaria que brota de fantásticas pinturas de lanzas y asedios, o de fascinantes relatos de Contreras, Estebanillos o Alatristes, o de mancos con mano firme para escribir el alma humana después de haber conocido altas ocasiones y celdas de moros y de cristianos.

 

***

Ante la estampa reseca y desangelada del otoño castellano cabe preguntarse, como hiciera Elliott, cómo fue posible que un país pequeño y pobre, situado en el confín del mundo, pudiera sostener uno de los mayores “imperios” que el mundo ha conocido y ser la nación hegemónica en Europa durante un siglo, más que ninguna otra después -o antes, sin contar con el Imperio Romano-. Muchos creen que fue gracias a sus soldados, bajitos, renegridos, horteras y pendencieros, pero también orgullosos, leales, valientes y firmes, la infantería más prestigiosa y temida. Dejando de lado que, evidentemente, no sostuvieron ellos solos aquel aparente milagro imperial, queda por resolver la misma cuestión, cómo una tierra pobre y falta de gente pudo armarse hasta el punto de contener las agresiones de franceses, turcos, berberiscos, ingleses y holandeses. La respuesta ya la sabemos: desgastándose hasta la extenuación, que llegó en la segunda mitad del siglo XVII. En este prolijo y amplio volumen, de más de mil páginas, se describe exhaustivamente este aparato defensivo sin que, a la luz de los abundantes datos que aporta, puedan descartarse favores divinos como causa última del nacimiento y duración del llamado Imperio español.

 

El ejército de los Austrias españoles era un conglomerado confuso y multiforme, enfocado más a la defensa que al ataque, cuya organización supuso un reto descomunal para su época. Sostenido siempre de forma agónica, en última instancia su pervivencia se debió los hombres que lo componían. “Al soldado español se le han imputado grandes defectos -en lo que estaría en la línea de los demás coetáneos- y muchas virtudes -en lo que, tal vez, tenga alguna ventaja sobre los demás-, y unos y otras se le achacan con humor, con odio, con rabia, con afecto, con envidia... Por eso, unas veces puede parecer un personaje odioso y diabólico, próximo al infierno, y otras, heroico o abnegado, muy cercano al cielo. En definitiva, una imagen que sólo es capaz de ofrecer el ser humano... Y aquellos soldados fueron profundamente humanos, como humanos fueron los ejércitos en los que combatieron.” (p. 1015). Una preocupación por el soldado, en cuanto ser vivo y carnal, que ya expresó el autor en su regular novela El castellano de Flandes, didáctico relato de la vida de Sancho Dávila, paradigma del soldado de los tercios.

 

Mas la hueste que se desangraba en la interminable guerra de los Ochenta Años, siendo la más conocida y afamada, no era la única bajo la bandera del Rey. El ejército del Rey se desplegó por todo el mundo, incluyendo por descontado España. De hecho, uno de los aspectos más valiosos de esta monografía es que repara el desconocimiento del “ejército interior”, las fuerzas y milicias peninsulares, aunque intencionadamente deja de lado a las fuerzas de ultramar y a la Marina, partes ambas del edificio militar de la Monarquía poco o mal conocidas.  A lo largo de toda la obra, y sea cual sea el ámbito que se describe -los presidios africanos, la estepa castellana, la costa cantábrica o el mismo Flandes- se repiten los mismos males endémicos que la administración de la Monarquía nunca supo corregir, aunque insistió en intentarlo. El fondo del precario éxito de este aparato bélico a lo largo de dos siglos, así como de su postrero fracaso, es la debilidad de la Hacienda Real para acometer el gasto que le supone el despliegue militar. Esta Hacienda, por descontado, incide sobre el pueblo, que es quien debe correr con los gastos entregando su esfuerzo para la defensa de tierras que jamás verá, por beneficios que jamás disfrutará. Así vemos el desgaste permanente de Castilla, cuyo fisco equilibra otros más deficitarios, pues en realidad la mayoría de las Haciendas de la Monarquía lo eran. Desgaste al que se debe añadir el aporte de capital humano, principal alimento de los ejércitos. Una pescadilla que se muerde la cola, porque cuantos más hombres se sacan de un territorio, menos riqueza puede éste producir, lo que incide negativamente en las posibilidades demográficas del lugar.

 

Otro de los elementos constantes es el fraude y la corrupción, que las autoridades tratan de limitar aumentando los filtros y recorridos, con lo que, además de no conseguirse nada, se ralentiza todo el proceso burocrático. También habría que pensar si no es corrupción y fraude, y aún peor, que el rey retuviera los sueldos de sus soldados, que a veces pasaban años sin recibir paga alguna. Hecho éste que tenía terribles y fácilmente imaginables consecuencias, al existir hordas de hombres desharrapados y hambrientos, pero armados, protegidos por un fuero propio, entremezclados con una población que tenía el deber de acogerles en sus propias casas. Los motines del Ejército de Flandes, con el saco de Amberes a la cabeza, son el ejemplo más tristemente célebre, pero no el único, del resultado de esta mala administración española.

 

Unos temas repetidos que sugieren que el volumen podría haberse adelgazado algo, idea que se afirma con la repetición casi literal de algunos pasajes, y aún de algunas citas de considerable longitud, en diversas partes del libro. No obstante, el lector puede encontrar aquí prácticamente todo  lo referido a los ejércitos españoles de la época moderna, y si algo está meramente apuntado se señala en cambio la bibliografía adecuada para desplegar su curiosidad. Su estructura, amplia y exhaustiva, funciona muy bien para el propósito pretendido, con un avance bien organizado. No se trata de una obra reivindicativa, aunque encontramos algunas puntuales (p. 29 y ss.); no pretende el autor alabar ni recriminar nada, tan sólo describir, con los datos que se conocen, el estado del aparato defensivo hispánico, que abarcaba todo el mundo y que, pese a los constantes ataques a lo largo de dos siglos y de la tan cacareada decadencia, se mantuvo en pie de forma casi milagrosa dejando como herencia para la nueva dinastía borbónica un vastísimo imperio que aún habría tiempo de aumentar.

 

Regular Los soldados del rey. Enrique Ruiz Martínez. Ed. Actas. 1047 págs. 45 €. (Comprar libro).

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Opiniones de los lectores (17)

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17. usuario registrado satiricon-»11/09/2009, 18:17 h.

#7 El soldado español siempre ha tenido una gran reputacion en cualquier epoca de la historia,
No en vano pese a publicidades ideologicas, en la antiguedad romanos y cartagineses alistaron a muchos y siempre elogiaron las cualidades militares de aqui [por cierto segun las fuentes historicas en la batalla de cannas se nos atribuye la mayor parte de la matanza de romanos], tambien fuimos el lugar en donde mas sufrieron cartaginses [aqui murio Asdrubal, y romanos en donde se llego a considerar una pena de muerte el destino a Hispania].
En la era moderna y contemporanea tenemos elogios de todos los gustos y colores, y de casi todos los paises,
baste recordar aquel general britanico que se le escapo aquello, en la guerra de las malvinas, que esperaban que el ejercito argentino estuviera compuesto por descendientes de italianos, y no de españoles porque si no iban a tener serios problemas xD

Saludos

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16. usuario registrado satiricon-»11/09/2009, 18:06 h.

Mantener guerras simultaneas contra Francia, Inglaterra, Flandes y los Turcos solo estaba al alcance de España pero el coste de aquello se pago a muy alto precio y a largo plazo.

Por todo lo demas, lo que mas me llama la atencion es que se mantuviese intacto los territorios americanos aun con las carencias materiales existentes al final del imperio.

Por extension geografica creo que el Imperio mas grande ha sido el de los mongoles, pero todo esto ya saben que se presta a discusiones porque p ej. el imperio romano no fue tan extenso como el español, ingles, mongol, etc pero su dominio sobre los territorios fue el mas intenso y conquistaron 2/3 del mundo conocido en su epoca. Quizas en instensidad le siga el Español, el britanico y holandes creo que fue mas mercantil


Saludos

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15. usuario registrado satiricon-»11/09/2009, 17:59 h.

La supremacia española por tierra se debia a la superioridad de los tercios, y el germen de los tercios esta en la experiencia militar adquirida en la guerra de Granada, lugar montañoso en donde las cargas de caballeria pesada mediaval eran imposible y en donde la artilleria movil, la flexibilidad y movilidad de la infanteria eran esencial, mezclado con las aportaciones del gran capitan que se fijo en la antigua legion romana y trato de incorporarle las armas del momento, sobre todo la polvora.
La flexibilidad y movilidad tactica de los tercios españoles motivo sus mas de 100 años sin conocer la derrota.
Pero los problemas del Imperio se deban en buena medida a un mal planteamiento de la estrategia española, se introdujo en demasiados proyectos y demasiadas guerras, y aunque a corto y medio plazo tuvo exito, a largo plazo las consecuencias fueron terribles, al dejar agotado y esquilmado al propio pais, arruinado economicamente, con el tejido economico destruido y con una gigantesca administracion corrupta.
Se ha señalado mucho que Carlos V quiso retener Flandes porque temia que en un futuro fuese invadido por Francia, pero a la larga fue un error.

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14. usuario registrado nelsonbronte»11/09/2009, 14:19 h.

Mi teclado me ha jugado una mala pasada con una d final y una h perdida, espero que a nadie se le ocurra por ello tachar mis comentarios de poco convincentes...Santiago Cierra, Cierra!!!!!!!

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13. usuario registrado nelsonbronte»11/09/2009, 14:17 h.

"Hondista95", de verda que me he perdido algo, no te entiendo, me estas diciendo que España no fue la potencia egemonica en Europa, que fuimos subordinados del sacro imperio. Hombre!...repartiamos el bacalao en Italia antes del matrimonio de Doña Isabel, y Carlos I y Felipe II fueron más que nada Reyes de ESPAÑA, así con Mayusculas, quizas a ti te han enseñado otra historia, documentate... y a Myrmidon, [bonito nombre pardiez, compañeros de Aquiles casi somos todos desde Homero], no entiendo la reflexión anti catolica, siempre he pensado que los españoles antes y despues de sus numerosisimas gestas, se arrodillaban ante la cruz y la difusión del catolicismo estaba entre sus objetivos prioritarios, nada de lo que avergonzarse, al menos ellos, nosotros ...ya sabes...depende de la audiencia, como he constatado en demasiadas ocasiones..."cagaos que somos unos cagaos"...

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