@María José S. Mayo - 06/08/2010
Durante un tiempo seguí con pasión su trabajo pero llegó un punto en que empezó a irritarme profundamente y perdí todo el interés. Kenneth Branagh me había enganchado a sus adaptaciones de Shakespeare como Enrique V o Mucho ruido y pocas nueces, me hacía hecho reír y llorar con su canto a la amistad en Los amigos de Peter; e incluso me había atrapado con una de suspense, Morir todavía. Pero todo se fastidió cuando, en un exceso de histeria y ego, estrenó cosas como su Frankestein de Mary Shelley.
Su separación de la gran Emma Thompson –que incluso llego a decir que sus “espermatozoides iban con muletas”- también sumó puntos a mi negativa a seguirle, y que aumentaron cuando recorrió nuevos caminos de la mano de actrices como Alicia Silverstone. Como director fue cuesta abajo –lo último fue un anodino remake de La Huella-, y como actor, a pesar de que se puso a las órdenes de Robert Altman o Woody Allen, muchos empezamos a hartarnos de sus tics nerviosos y sus andares atropellados.
Reconozco, por tanto, que había dejado de prestarle atención. Pero ahora hay algún rayito de esperanza. En las últimas semanas se ha sabido que interpretará a Laurence Olivier, aquel con el que tanto se le comparó por su trayectoria shakespeariana dentro y fuera de la pantalla. Será en la película titulada My Week with Marilyn, que narrará la relación amorosa que el interprete británico y Marilyn Monroe vivieron durante el rodaje de El príncipe y la corista. Un proyecto que me entusiasma más aún gracias a la presencia de la encantadora Michelle Williams.
Pero lo más curioso será comprobar cómo ha afrontado la dirección de una historia de cómic como
Thor. Tengo confianza, y parece que no soy la única. Muchos rumores apuntan a que
su acercamiento al cómic puede estar a la altura de la edificante vuelta de Batman en manos de Christopher Nolan. Por más que
algunos se pregunten sobre las razones de su elección, me alegro que gente como Branagh, una persona cultivada en los grandes de la escritura, acometa estas historias que tanto deben al mundo de los mitos, a los grandes dramas clásicos. Sinceramente, creo que otros como Zack Snyder aportaron muy poco a las visiones que en el Noveno Arte dieron Alan Moore o Frank Miller. Simplemente sacaron provecho a su imaginería.
Mientras vamos conociendo poco a poco las imágenes del proyecto, en el que también cuenta con su compositor habitual, el magnífico Patrick Doyle, esperamos que Kenneth recupere el empuje de hace años, o al menos nos diga en qué frecuencia -como en la canción de R.E.M- le podemos encontrar los que antes conectábamos con su cine.