





Viernes, 28 de abril de 2007
Zafiros, esmeraldas, rubíes, topacios, turquesas, diamantes y perlas fueron algunas de las piedras preciosas que en forma de pendientes, collares, colgantes y brazaletes lucieron guapas y elegantes oficiales como la modelo Martina Klein, o la sofisticada Ana Gamazo. La cita tenía que ver con la presentación de las nuevas tendencias de la firma Suárez.
Esta familia de gemólogos abrió la primera tienda taller de joyería y relojería en Bilbao en los años cuarenta. Tras la muerte de los padres en accidente, los hermanos Benito y Emiliano tomaron las riendas del negocio que ahora ya cuenta con la tercera generación.
Todos los Suárez, incluidas Isabel, Lola y la nuera Marta, que desapareció misteriosamente un par de veces -después les contaré qué pasó-, recibían a pie de pista. No en un circo, que también podría ser, porque desde que abrió el Price se ha puesto de moda, sino en el mismo restaurante donde hace dos domingos Fernández Tapias festejó a su embarazadísima mujer con una fiesta sorpresa.
Cortinas, Alcoceres, Abellós y demás pandilla endogámica celebraron el cumpleaños feliz de Nuria González, que, como está a punto de caramelo, fue la excusa perfecta para comentar embarazos y partos reales. Por cierto, a Nuria su señor marido le regaló unos pendientes de brillantes y oro blanco que volvió a reestrenar la noche del convite joyero.
Como muchas de las mujeres famosas o simplemente conocidas en su condición de hijas de o esposas de suelen llevar ropa, zapatos, alhajas y, hasta si me apuran, ropa interior prestada que previamente el gabinete de comunicación correspondiente anuncia de quién es, Nuria González, con gran sentido humor, explicaba a los periodistas que le preguntaban que: "Todo lo que llevo es mío, mío hasta el tripón".
Impactante Nati Abascal que acudió acompañada de su hijo, el actual duque de Feria. Un muchacho encantador y genéticamente una copia de su madre. Rafael Medina ha puesto en marcha un negocio innovador que consiste en realizar trajes y ropa a medida para caballero sin que éste deba trasladarse al local. Sastre y ayudante se acercan a la oficina, toman medidas y en quince días te lo llevan de nuevo a casa o donde el cliente prefiera. Si quieres complementos tipo corbata, camisas o gemelos lo mismo. Servicio completo.
Muy cerca de ellos, Miriam Lapique, con un collar también "mío, mío" de perlas golden hasta la cintura, contaba la relación familiar que le unía con los Vallejo-Nágera: "A Colate le he limpiado los mocos cuando jugaba con mis hijos". A su verita, siempre a la verita suya, el marido Alfonso Cortina, el señor que mejor ha cambiado la piel. De tiburón Repsol de gesto adusto en los lugares público a hombre campechano que vende y firma vino de sus bodegas.
Maribel Yebenes, Bimba Bosé, apunto de emprender gira musical con el disco que ha grabado, Ana Rosa Quintana, la eficaz y espléndida Carmen Valiño, Montse Cuesta, Ana Marchéssi, Marina Castaño, Marisa de Borbón, otra que gana en la cercanía; y luego la panda de niñas monas, todas ellas de prestado, como María Bravo, la que fuera novia del primogénito Casiraghi, el de los pitillitos de la risa, una chica de la que poco se habla. Es lo que tiene presentarse como acompañante/modelo y acabar como protagonista de un tema del Dúo Dinámico. Aquel que decía "el final del verano, se fue y tu partirás...".
De la fiesta de las joyas, al estreno de cine organizado por la espléndida Mayte Valiño para presentar la película de Jean León, el asturiano que emigró a Los Ángeles y convirtió su restaurante La Escala en el lugar obligado de todas las estrellas del Hollywood dorado. Por allí pasaron Frank Sinatra, las hermanas Gabor, Ava Gardner, Rita Hayworth, James Dean y puede ser que hasta nuestra Antonia/Sara Montiel, que era la íntima -según ella misma contó hace años- de éste último. En el documental aparecen imágenes impagables de lo que fue el entramado más glamoroso de aquella época.
Más tarde, en la cena posterior celebrada en el Hotel Orfila, los invitados casi se dan de bruces con el iracundo Ernesto de Hannover, que acodado en la barra del bar bebía Dom Pérignon en copa de balón y con cubitos de hielo. Pasada la medianoche, aún continuaba ejercitándose en la barra fija. Al día siguiente llegaba Carolina y otros amigos para iniciar el fin de semana de caza. De ahí lo de apurar la vida loca.
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