BIOGRAFÍA
José Mª Montoto* 21/05/2010
La historia de la filosofía política se inicia con Platón y Aristóteles cuando Atenas había dejado de ser el gran centro de poder que fue durante el siglo V a.C -el denominado siglo de Pericles- tras ser derrotada por Esparta en las guerras del Peloponeso. Para Hegel no es extraño que así sucediera, ya que la filosofía, a la hora de decir "una palabra acerca de la teoría de cómo debe ser el mundo", llega siempre "demasiado tarde". La lechuza de Minerva, paradigma y encarnación de la sabiduría, sólo inicia su vuelo cuando está a punto de anochecer. Tal es, en efecto, una constante de la Historia. Fernando Prieto, en su Historia de las ideas y de las formas políticas, nos introduce en el estudio del Renacimiento con estas palabras: "Las crisis en la Historia son, entre otras muchas cosas, aquellos tiempos en los que una sociedad se renueva porque deja atrás una serie de elementos que ya no le sirven e instaura otros nuevos que, en definitiva, configuran nuevas formas de vida". Lo había dicho Tocqueville: "Un mundo nuevo requiere una ciencia política nueva". Vivimos hoy tiempos de crisis y, sean cuales sean las "nuevas formas de vida" que se precisen, es seguro que habrán de responder a unas -igualmente- nuevas ideas, porque son las que exige un mundo nuevo y diferente. Pero la historia es una sucesión de actos realizados por hombres de carne y hueso y toda obra requiere de los hombres adecuados para acometerla. La pena es que el destino no siempre es generoso proporcionándolos. Decía Ortega que la poco edificante historia de la primera mitad de nuestro siglo XIX estuvo caracterizada por la carencia de significados intelectuales pero que, en compensación, contó con grandes hombres de acción. "Si se quemaran los discursos y los libros compuestos en ese medio siglo –dijo- y fueran sustituidos por las biografías de sus autores, saldríamos ganando ciento por uno". Desde el desastre de 1898 al de 1936 nuestra tierra produjo sin embargo grandes genios e intelectuales, pero escasos hombres de acción; al contrario que en la época anterior, se podrían quemar todas sus biografías, pero a condición de salvar sus escritos. De 1936 a 1975 no hubo en España ni grandes intelectuales ni grandes hombres de acción, salvo quizá, entre estos últimos, Francisco Franco. Y desde 1975 hasta el presente también hemos carecido tanto de unos como de otros. Precedentes Es frecuente establecer equiparaciones entre la situación política actual y la vivida a mediados de los setenta, pero entonces los problemas eran de otra índole. De lo que en aquel momento se trataba era de sustituir el sistema de gobierno de los últimos cuarenta años por una forma de organización política conforme a patrones muy experimentados en nuestro entorno geopolítico, que nos sirvieron de referencia para articular la convivencia de un pueblo perteneciente a una sola nación y solidariamente asentado en un único territorio. No existían ya realmente las dos Españas de que nos habló Machado (la memoria histórica aún no las había resucitado), y mucho menos las diecisiete actuales. Puestos a buscar precedentes quizá debamos retroceder doscientos años para encontrar paralelismos con el actual estado de cosas. Hace dos siglos lo que se desmembraba era un imperio, en el contexto de la descomposición de las instituciones del Antiguo Régimen; hoy lo que se diluye es la nación que entonces comenzó a forjarse, en el del descrédito de las democráticas instituidas hace poco más de treinta años. Las soluciones a las crisis -decía Prieto- pueden ser paulatinas y apenas perceptibles, pero también pueden manifestarse "como una súbita explosión de energía social reprimida: son las revoluciones". Los dos últimos siglos han sido más propensos a esta segunda forma de solución que todos sus precedentes. Concretamente, en el XIX pareció instalarse una especie de revolución permanente, con réplicas más o menos virulentas de la misma originaria convulsión institucional, tal vez por la abundancia de hombres de acción de que nos habló Ortega, pero también por la escasez de materias grises de que igualmente se quejó. Es algo a tomar en consideración para evitar incurrir en idénticos errores. Afortunadamente, en los tiempos que corren los hombres de acción escasean. Pero, desgraciadamente, tanto como las buenas cabezas, y de éstas sí que se precisaría para sacarnos del atolladero. Clase política El penoso espectáculo de nuestra actual clase política -carente de miras de largo alcance y más pendiente de obtener mezquinas esferas de poder y de conservarlo que de aportar verdaderas soluciones a los problemas- no nos permite concebir grandes esperanzas al respecto, y por primera vez en nuestra reciente historia los políticos y su general modo de comportarse -atendiendo más a sus particulares intereses que a los generales de la Nación y coadyuvando impávidos a su disolución y a la descomposición de las instituciones que tan ilusionadamente pusimos en marcha hace tres décadas- ha llegado a convertirse en una de las principales preocupaciones de la ciudadanía, que asiste, absorta y en gran medida aún esperanzada, al lamentable y triste aquelarre. ¿Podemos fiarnos de Hegel y esperar que la lechuza de Minerva esté a punto de emprender el vuelo? Anochecer sí que está anocheciendo. Para algunos es ya incluso noche cerrada. Pero da la impresión de que con estos mimbres… *José Mª Montoto es abogado y vicesecretario del Foro de la Sociedad Civil.OPINIONES DE LOS LECTORES,
30 COMENTARIOS
30 .- #20 Sí, un voto en blanco o un voto en nulo no significa nada más que un voto descontento.
Alguien propuso que el Congeso de los Diputados redujera el número de diputados en la proporción de los votos en blanco, votos nulos y abstención
29 .- #26 Stylus muchas gracias, yo también comparto su postura en lo referente al voto nulo y a la clae política que, desgraciadamente, padecemos.
28 .- Señalo al autor del artículo que la solución de España no se encuentra en los "salvapatrias", de acción o intelectuales. Ya es hora de que los españolitos maduremos y comencemos a organizar instituciones de una sociedad civil: Asociaciones, grupos de interés y opinión... etc. Esas instituciones civiles sí pueden marcar el camino a los políticos. La solución está en el grupo organizado con intereses comunes, no en el llanero solitario.
27 .- Para ser abogado desconoce usted el Derecho Constitucional comparado, pues en ningun momento afirma ni valora el regimen politico reformado en España desde el 76 que es el motivo de las desgracias de los españoles que creen vivir en una democracia cuando viven en una regimen reaccionario.
Astupendo
26 .- #21.apreciado burgondio: suelo leer con mucho interés sus comentarios y no puedo estar mas de acuerdo con Ud. respecto a los dos que lleva publicados en este hilo.
Soy un acérrimo defensor del voto NULO en este mismo digital como podrá comprobar en la sección 'COMUNIDAD CONFIDENCIAL' vengo preconizando el VOTO NULO desde los inicios de mis intervenciones en este digital y es gratificante poder leer de vez en cuando a personas con criterio semejante al de uno, al menos en este tema.
Los defensores del voto NULO necesitamos un banderín de enganche donde podamos encauzar las bondades del voto NULO, hacer ver, a esos que pretenden castigar con su abstención o su voto en blanco, que NO votar es totalmente estéril y que votar en blanco siempre favorecerá a algún partido puesto que se lo repartirán proporcionalmente según la ley D'Hont.
Obtengamos el numero suficiente de votos nulos y hagamos NULAS las elecciones obligando a renovar primero las reglas del juego y luego a los actuales políticos que a mi modo de ver sobran mas del 75%.
VOTA NULO PASALO
UN PARADO=UN VOTO NULO
A POLITICOS NULOS VOTO NULO
POR LA REGENERACION DE LA POLITICA VOTA NULO.
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