08/08/2012
(06:00)
En tan sólo diez metros Liu Xiang vio cómo sus esperanzas se desvanecían por segundos Juegos consecutivos. Sólo se mantuvo durante siete zancadas de pasional efervescencia, donde pretendía derrocar los fantasmas que en Pekín 2008 impidieron al mejor atleta chino revalidar el oro de Atenas 2004. Entonces, en sus juegos, el llanto áspero durante el calentamiento anudaba el dolor físico - por la rotura del tendón de Aquiles - y el compungir patriótico. Esta vez, cuando Xiang observaba cómo sus ambiciones golpeaban en seco con el primer obstáculo de la serie de 110 vallas, las lágrimas no afloraron. Ya en el piso, torció el gesto, corrompido por la amargura, y contempló cómo la calamidad acorralaba sus pretensiones y le arrebataba otra oportunidad de éxito.
En un alarde de ademanes piadosos y deportivos, sus compañeros de serie le arroparon con gestos dignos del espíritu olímpico. Turner y el español Jackson Quiñónez se apresuraron por socorrer a su rival y ayudarlo a salir de la pista. Antes, el chino, desmintiendo su subordinación ante el infortunio, recorrió los últimos 80 metros a la pata coja y besó la última valla. Un roce lírico y lacerante que sugería la promesa de amor eterno.
En la frontera de los 30 años Liu demuestra haber acostumbrado su empresa a los malos momentos. La lesión priva al atletismo de un pulso pasional entre el chino y Robles, que se empeñan en arrebatarse los récords del mundo y títulos en la primera ocasión que tienen. El enfrentamiento alcanza tales cotas, que en los Mundiales de Daegu del año pasado, el cubano le arreó un manotazo cuando disputaban el título. Robles fue descalificado por la acción.
En esta ocasión Xiang es quien deja la competencia, de forma más dolorosa, pero más honrada. No pudo superar su mayor obstáculo, la mala suerte. Cuando la desventura se hace costumbre, el cuerpo se aclimata a la lastimosa rutina y los sentimientos se recogen. Quizá por ello, Xiang no sucumbió esta vez al llanto. Si lo hicieron, sin embargo, los comentaristas de la televisión estatal china, que retomando el relevo del desconsuelo, rompieron a llorar. "Si un deportista no tiene pies es como si un guerrero no tiene armas", señaló Yang Jian, comentarista del canal CCTV-5, tras recomponerse de un minuto de sollozos.