Gentrificación
Escudo de MadridE

El activismo ha importado un concepto anglosajón para definir, desde el rechazo, la transformación que está experimentando el centro de Madrid, convertido (dicen) en un "parque temático del ocio”. Muchos vecinos secundan y denuncian que están subiendo los precios y el nivel de ruido, haciendo insoportable su día a día. Otros, al contrario, se muestran entusiasmados por poder vivir en un área donde nunca dejan de pasar cosas excitantes. Estos son sus motivos.

Zona centro de MadridZona centro de Madrid
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La visita se alarga más de tres horas, durante las que el grupo (alrededor de 40 personas) sigue las explicaciones de un guía. Recorren Lavapiés deteniéndose en lugares emblemáticos para escuchar explicaciones históricas y consideraciones políticas, entorpeciendo el tránsito de coches y peatones, arremolinados como turistas japoneses recién caídos de un autobús cualquiera.

La paradoja está servida porque la ruta es un recorrido en el sentido contrario por el corazón de la gentrificación, por la transformación de un manojo de calles elevadas a categoría, por las molestias del turismo de masas, la 'hipsterización' y 'elitización' de centros urbanos tomados por 'clases creativas' en que los vecinos de toda la vida ('clases populares') quedan desplazados como consecuencia de “políticas neoliberales que persiguen posicionar a las ciudades en el mercado global como destino de inversiones y turismo”, en palabras del guía, de Alberto Vigil-Escalera, profesor de la Universidad Europea de Madrid y coordinador del II Taller de Gentrificación organizado por La Casa Encendida.

ManifestaciónManifestación

'Gentrificación' se refiere al proceso de revalorización de un barrio de clase obrera que se ve desplazada por población de mayor nivel adquisitivo

El concepto 'gentrificación', un término que se puso de moda en el mundo anglosajón hace ya varios años para describir lo que ocurre en Manhattan o San Francisco, ha arraigado por fin en Madrid, despertando un activismo que ahora levanta su trinchera en Lavapiés después de dar por perdidas zonas enteras de Malasaña, Chueca o el Barrio de las Letras. En su vertiente más militante, emborrona con pintadas las fachadas de negocios 'gentrificadores' y convoca concentraciones para paralizar las obras de un hotel. En la más vecinal, eleva quejas al Ayuntamiento, recopila datos sobre terrazas abusivas y bares sin licencia, para poner denuncias y presentar informes detallados y apelaciones a las normas vigentes que después envían a los partidos políticos.

Como cualquier juego óptico, la gentrificación depende mucho de quién y cómo la mire. Unos observan satisfechos la renovación de fachadas, la apertura de más y mejores restaurantes, los bares llenos, las plazas impolutas, los museos y salas de conciertos, las calles más limpias y seguras, las 'boutiques' de diseño y panaderías 'gourmet' en la misma esquina donde antes se trapicheaba con hachís y se ofrecía sexo a plena luz del día.

Algunos de los asistentes al II Taller de Gentrificación organizado por La Casa Encendida

Vecinos de toda la vida que se marchan porque no pueden seguir el ritmo de los cambios

Otros lo que ven son alquileres más altos, servicios públicos que pierden terreno ante las atracciones turísticas, terrazas ruidosas que incumplen la normativa municipal hasta altas horas de la noche, comercios tradicionales asfixiados por las franquicias y las multinacionales, turismo de borrachera, especulación inmobilaria, intereses económicos ocultos, vecinos de toda la vida que se marchan porque no pueden seguir el ritmo de los cambios y bolsas de marginalidad empujadas a otras zonas de la ciudad por la policía...

Como en todos los procesos de transformación y destrucción creativa, unos empujan y otros resisten. Unos gentrifican y otros son gentrificados. Con un sinfín de zonas grises. En una de las últimas paradas, el taller de la Casa Encendida, se detiene a charlar con los responsables de la Asociación de Vecinos del barrio. Un señor de unos cincuenta años, que llegó procedente del País Vasco hace menos de dos décadas, resume su posición en un par de frases. “Aquí ha venido siempre gente distinta y el barrio ha ido cambiando constantemente. Sobre la transformación del barrio unos lo ven con buenos ojos y a otros no les gusta. Lo que todos los vecinos llevamos mal es el ruido”.

Lee el capítulo II: Así son los que se van del centro

Los que se van

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María R. decidió que había llegado el momento de marcharse cuando empezó a desarrollar instintos asesinos. “Una tarde me descubrí fantaseando con atropellar a las hordas que me encontraba al volver del trabajo. Se me empezó a ir la olla, así que vendí y me mudé a Moncloa”. Dejó atrás “10 años maravillosos” en Chueca, “un barrio que cambió mucho en muy poco tiempo”. En ese lapso, los ruidos nocturnos pasaron de algo puntual a un griterío constante. “Recuerdo que el primer síntoma fue dejar la televisión encendida por las noches para combatir el ruido. Fue a más y acabé desquiciada, poniendo denuncias, quejas, reclamaciones, escribiendo cartas a todos los partidos políticos...”. Una madrugada, recuerda, llamó a la policía llorando. “Llevaba días sin dormir, había tomado un lexatin y al día siguiente tenía que trabajar como todo el mundo. Y pasaron de mí, como siempre”.

María Donoso compró hace ocho años un piso de 65 m2 en la calle Regueros "como inversión y para mi hijo". Los inquilinos, dice, le duran pocos meses. "Llegan encantados con la zona y al poco tiempo se marchan por el ruido", denuncia.

“Es un parque temático 24 horas. Nos gastamos un dineral en instalar cristales acústicos, pero no cambió demasiado”

La desesperación llevó a Jesús D. algo más lejos. En 2008 compró una casa para su hija en los aledaños de Sol. “Aquello degeneró pronto y ella empezó a tener problemas para dormir. Luego tuvo un bebé y ya se hizo insostenible, porque además allí no hay guarderías ni servicios públicos. Así que decidimos permutar las casas y me mudé a Sol con mi mujer”. Los primeros días, dice, no se lo podía creer: los ruidos atronadores a cualquier hora del día y de la noche, las luces proyectadas desde las terrazas... “Es un parque temático 24 horas. Nos gastamos un dineral en instalar cristales acústicos, pero no cambia demasiado”.

Una madrugada, Jesús perdió los nervios y plantó cara a unos patinadores que habían montado un espectáculo callejero con altavoces debajo de su casa. Le insultaron, le zarandearon, le quitaron el móvil y le rompieron la cara. Se lo llevó el Samur y casi pierde un ojo. Semanas después decidió alquilar una casa en un pueblo de Burgos para pasar allí “los más de 180 días al año en los que directamente es imposible vivir allí: los meses de verano, Navidad, Semana Santa y todos los días que hay manifestaciones, actos públicos...”.

Precios de venta de vivienda (por m2)Precios de venta de vivienda (por m2)

Los que cierran

Las navidades de 2014 fueron las últimas para muchos locales tradicionales de la céntrica calle Fuencarral. La moratoria de la Ley de Arrendamientos Urbanos acabó con las rentas antiguas, que permitían a negocios modestos estar en una zona privilegiada. Una de ellas fue Bazar Matey, abierta en 1931 y especializada en maquetas de trenes, que tuvo que trasladarse al no poder pagar un alquiler 10 veces mayor.

Ahora, una franquicia de moda y productos éticos ocupa el escaparate al que varias generaciones pegaron la nariz para ver piezas de locomoción únicas. “Una vez, vino Galerías Preciados a comprar una maqueta expuesta para regalársela al príncipe Felipe, pero dije que no, me daba más dinero tenerla aquí”, recuerda Fernando, la segunda generación de este negocio que empezó como juguetería y que continuará su hija Lorena, ahora al frente de la web.

Desde su nueva tienda en la calle Santísima Trinidad, más amplia y con espacio para talleres, habla sobre el fin de una época. “Ahora, como piden alquileres brutales, ya solo hay multinacionales, que van a volumen, no como nosotros, que nos dedicamos a la pequeña venta”, explica Fernando. “Uno de los nuevos dueños me decía que no hacían dinero, pero tienen que estar por marca y para hacer competencia a otras cadenas”.

Lorena y Fernando Matey, en su nueva tienda de la calle Santísima Trinidad, en Chamberí

Lorena y Fernando Matey, en su nueva tienda de la calle Santísima Trinidad, en Chamberí

Los precios y horarios de los supermercados del barrio han dejado sin sitio a los bocadillos de mortadela y jamón

Cerca de allí, en Malasaña, las callejuelas aún resisten la invasión de las franquicias, pero eso no impide la transformación de las fachadas y el cierre de negocios de toda la vida. Uno de los últimos en irse han sido Joaquín y Pedro, que estos días guardan con cuidado las legumbres y conservas que se han quedado sin vender. Desde su tienda de ultramarinos han visto pasar los peores años de la droga, la época de oro de la Movida madrileña y la revalorización de la zona, que ha cambiado hasta a sus clientes: “Antes eran fijos y hablaban contigo, ahora dices buenos días y algunos hasta se salen de la tienda”, explica Pedro.

Los precios y horarios de los supermercados cercanos han dejado sin sitio a los bocadillos de mortadela, sardinas o jamón con tomate por los que eran conocidos en el barrio. 'Bocadillos ricos', rezaba uno de los carteles con la inequívoca caligrafía de Joaquín, el hermano mayor. Él mismo los tiró a la basura el último día que estuvieron abiertos al público, hace tres semanas: “Ojos que no ven...”, cuenta con prematura nostalgia. Ahora el único cartel es el de 'se alquila', a la espera de un nuevo inquilino.

Pedro y Joaquín Relloso han cerrado su tienda de alimentación de Malasaña después de 50 años

Pedro y Joaquín Relloso han cerrado su tienda de alimentación de Malasaña después de 50 años

Los desplazados

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Aicha lleva 19 años viviendo en Lavapiés, donde regenta una tienda de ropa árabe femenina muy cerca de su casa. Hasta ahora ha vivido bien, pero reconoce que en los últimos años la situación se está volviendo insostenible: “El barrio está fatal, los alquileres son muy caros; aquí ya no se puede vivir”.

Su casera le va a subir la renta de 750 a 1.000 euros y si no lo paga tendrá que mudarse. “Los dueños son unos ladrones, se aprovechan de que estamos en el centro y si te gusta, bien, si no, fuera”, cuenta esta marroquí, que sitúa en 2008 la época donde “todo empezó a ir mal”.

Desde 2012, más de la mitad de los marroquíes que vivían en Embajadores -el nombre oficial de Lavapiés- ha abandonado la zona, mientras que su marcha ha sido apenas perceptible en la media de Madrid. “Se van porque no hay trabajo y la casa es cara, la gente no puede pagarla”. Muchos se cambian a sitios más baratos, aunque otros se van a países como Bélgica, Francia o Inglaterra. “O se vuelven a Marruecos”, explica Aicha.

Evolución del coste del alquiler, por barriosEvolución del coste del alquiler, por barrios

“Los dueños son unos ladrones, se aprovechan de que estamos en el centro y si te gusta, bien, si no, fuera”

La nacionalidad extranjera más presente en este castizo barrio es la bangladesí, que también ha notado la fuga de compatriotas. Amir, un dependiente de las numerosas tiendas de alimentación que regentan, está pensando en mudarse: “Quiero buscar una casa mejor, ahora comparto con otras seis personas y no tenemos espacio”.

“Además, cada vez hay más persecución policial, nos paran continuamente para pedirnos los papeles”, explica Shakir, que abrió una de las primeras tiendas blangladesíes del barrio. “Ahora hay mucha más competencia, y desde que pusieron el Carrefour 24 horas es insostenible”, se lamenta.

Los españoles aún resisten en estas calles, pero también están viéndose desplazados en otras zonas del centro donde las subidas de los alquileres y la especulación inmobiliaria es más patente. “Mucha gente mayor tiene que irse porque han comprado todo su edificio y ya no pueden pagar el alquiler”, explican desde una inmobiliaria de Malasaña. “Algunos se marchan a otros barrios, pero otros, después de años aquí, prefieren hacer las maletas y volverse a su pueblo”.

Lee el capítulo I: Así es el fenómeno de la gentrificaciónLee el capítulo III: Así son los que llegan al centro

Los que llegan

Amigas y vecinas de Lavapiés

Raquel y Alejandra tomando algo en una terraza de la calle Argumosa, en Lavapiés.

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Alejandra es fisioterapeuta y lleva seis años trabajando y viviendo en Madrid, de los cuales los dos últimos los ha pasado en la calle Tribulete, al lado de la plaza Lavapiés. Se mudó aquí atraída por la agenda cultural y festiva que veía cuando visitaba a Raquel, una amiga arquitecta que disfruta desde su ventana del ambiente de Argumosa desde hace cuatro años. Ahora viven a unos metros de distancia y están enamoradas de la “vida de barrio” y la multiculturalidad de la zona.

“A mí me gusta mucho viajar y conocer otras culturas... y aquí hay veces que vivo todo eso. ¡Casi veo más gente con trajes típicos que cuando viajo!”, explica Alejandra. A Raquel le gusta hacer “su ruta” por sus sitios preferidos, mientras que Alejandra es más atrevida y está dispuesta a conocer desde hindús a tiendas de 'cupcakes'. Desde que está aquí ha aprendido yoga, capoira y teatro, aprovechando al máximo la oferta cultural que tiene la zona.

En los últimos años, Lavapiés se está convirtiendo en la vía de escape de los jóvenes que buscan un ambiente alternativo pero que no pueden permitirse los precios que están alcanzando los alquileres en Malasaña o Chueca. “A Malasaña lo que más vienen ahora son estudiantes extranjeros o inversores que quieren comprar pisos o edificios enteros”, explican desde una inmobiliaria. De hecho, por menos de 600 euros es complicado encontrar un piso de una habitación. “Si quieres algo más barato, ya hay que bajar a Lavapiés”, invitan desde otra agencia en Chueca.

Embajadores, más joven que MadridEmbajadores, más joven que Madrid

Lo que más viene ahora a Malasaña son estudiantes e inversores extranjeros para comprar edificios enteros

Serena es italiana y trabaja como diseñadora de moda. Aunque de noche sale por Malasaña porque es más de 'su rollo', prefiere vivir en Lavapiés por la forma de vida. “Este barrio o lo odias o lo amas, y lo mío fue amor a primera vista”, explica tomando algo en una terraza, uno de sus planes favoritos cuando sale a dar una vuelta. Las terrazas han sido precisamente uno de los polémicos elementos que han generado rechazo entre los vecinos de varios barrios, tanto por la ilegalidad de algunas mesas como por el ruido que generan.

A pesar de llevar solo tres años, Serena ha visto cómo está cambiando el barrio: “Es como si quisieran limpiarlo, hacerlo más turístico; se están cargando su espíritu”. Ella no se siente parte de esa transformación, y tiene claro que se mudará cuando la zona “sea como Malasaña” y le suban los 500 euros de alquiler por su piso de 35 metros cuadrados.

Alejandra, que paga 420 euros por un piso similar, cree que se trata de un proceso natural: “Es ley de vida urbana, como una mano invisible que nos va moviendo”. “Cada uno tiene su tope económico. Si puedo permitirme vivir aquí, no me voy a ir a Puente de Vallecas, pero cuando no pueda, me tendré que ir”, coincide Raquel.

Los que abren

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Palomitas con sabor a queso, palomitas con sabor a beicon, palomitas con sabor a pizza margarita, a caramelo, a chocolate... En Fol Gourmet venden palomitas de sabores, una de las “frivolidades” que quieren exorcizar los movimientos antigentrificación y que ha colocado inesperadamente en el punto de mira el local de esta pequeña e incipiente franquicia montada por un grupo de amigos y que se ha implantado ya en varias ciudades de Europa. Abrieron en Madrid en noviembre de 2015 y están todavía en fase experimental, probando horarios y desarrollando el modelo de negocio para ajustarse a los hábitos de consumo de Chueca. “Ahora abrimos muchas horas y 363 días al año”, dice una de las responsables, María José Sevilla.

“Intentamos ofrecer algo original”, amplía Vania Barbini. “Las materias primas son de mucha calidad, el maíz es de una variedad no transgénica y nuestros cocineros son gente experimentada que busca desarrollar un producto nuevo en Turín”. Dicen que el barrio los ha recibido “de maravilla” y no entienden que un negocio tan “bonito” como el suyo pueda generar rechazo. “Los cambios del centro de Madrid son una oportunidad para mejorar con tiendas diferentes y originales, que den carácter a la zona y aprovechen la energía de gente de todo el mundo, no vemos el problema”, insiste.

Los cambios del centro de Madrid son una oportunidad para mejorar con tiendas diferentes y originales

Desde su local, en Augusto Figueroa, se callejea hasta Lavapiés pasando por delante de bares de zumos naturales, restaurantes étnicos, herbolarios, tiendecitas de artesanía, supermercados de comida orgánica hasta llegar a Bearbero, la barbería de Mario Melgar, un tipo de Sevilla que se vino a Madrid para montar un negocio tan exitoso que resulta complicado conseguir una cita para arreglarse la barba o cortarse el pelo. “El cliente puede elegir entre las cinco personas que atendemos. Yo llevo más tiempo y tengo más clientes fijos, y ahora mismo no puedo coger a nadie para antes de un mes. Solo aceptamos reservas por internet y nunca hay nadie de brazos cruzados, damos los 16 servicios al día cada uno”.

Las esperas no se amenizan con revistas del corazón sino con una neverita llena de cervezas. El local huele a loción y a pañuelos limpios. Entre la clientela hay muchos hípsters, otro de los símbolos de la 'gentrificación' según el discurso de muchos activistas. Paradójicamente, Melgar cerró en Malasaña hace unos meses buscando un alquiler más barato. “Quise agrandar el negocio y los alquileres allí eran carísimos. Me vine a Lavapiés, donde hay muchos locales que dejaron vacíos los chinos cuando trasladaron los almacenes de mayoristas a Cobo Calleja. De hecho, este local está alquilado a un empresario chino. Aquí ellos llegaron a pagar hasta 6.000 euros y ahora los precios han caído hasta los 1.000 o 1.500. No sé, a los vecinos con los que yo hablo les gusta cómo está cambiando el barrio. Mejor tener negocios alternativos como el mío que dan un servicio antes que almacenes.

Los turistas

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El tiempo, la cerveza y los precios”: tres conceptos explican por qué a los turistas les atrae Madrid. O al menos así lo resume Micah, que ha organizado una despedida de soltero para sus amigos en la capital. La jornada de estos 10 londinenses empieza con fuerza -considerando la resaca que arrastran de la noche anterior- con un paseo en 'bicibar': una carroza con pedales y barra libre que hace rutas por una de las zonas más turísticas de Madrid.

Al ritmo de artistas tan dispares como Queen o Miley Cyrus, recorren puntos clave como el Museo del Prado, el Thyssen o la Cibeles, pero es la barra libre la que concentra todas las atenciones durante los 45 minutos de trayecto. “Esto es lo más turístico que vamos a hacer en el viaje”, cuenta Niv mientras apura su vaso de cerveza.

“La mayoría son turistas, sobre todo ingleses, franceses e italianos”, explica David, el conductor de la atracción. Precisamente estas nacionalidades son las que más visitan la capital junto a los estadounidenses, que lideran el 'ranking' de visitantes extranjeros, aunque la proporción entre españoles y foráneos es similar.

El turismo masifica zonas como la plaza Mayor y la Puerta del Sol, donde abundan los carteles de paellas y sangrías

El turismo es otro de los factores que están transformando la capital, y de ser poco perceptible está masificando zonas como la plaza Mayor y los alrededores de la Puerta del Sol, donde muchos restaurantes y locales están orientados para atraer a la población foránea. Carteles de paellas y sangrías salpican los recorridos de los 8.850.000 turistas que visitaron la ciudad en 2015. Su peso comparado con la población local no es todavía tan alto como en otras capitales europeas.

Sin embargo, casos como los de Micah y sus amigos se escapan a las cifras oficiales que recoge la Encuesta de Ocupación Hotelera. Muchos recurren a una opción cada vez más común entre los turistas jóvenes: Airbnb.

Los barrios con más pisos en alquiler en AirbnbLos barrios con más pisos en alquiler en Airbnb

Anastasia ofrece dos habitaciones de su casa en Chueca a través de esta plataforma. Este 'pellizco' le ayuda a pagar el alquiler, y defiende este modelo frente a las críticas que genera en algunas zonas y en el sector hotelero: “No entiendo por qué se quejan, no sé cómo funcionarán los demás, pero nosotros no causamos ninguna molestia”.

“Los hoteles tal vez sí que se hayan visto perjudicados, pero si fuera así, el problema lo tienen ellos, porque eso significa que no están haciendo algo bien”, cuenta sobre su zona, a la que sus huéspedes acuden atraídos por el ambiente y la cercanía a los puntos de interés. “Hay mucha gente que lo único que necesita es tener una habitación cómoda para pasar la noche y no puede pagar 100 euros por noche”.

¿De dónde proceden los turistas en los últimos diez años?¿De dónde proceden los turistas en los últimos diez años?
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