nueva pescanova vende una quimera ruinosa

Adiós a la mayor granja de rodaballos de Europa: el último sueño de Fernández Sousa

Nueva Pescanova se olvida de la mayor piscifactoría de rodaballo de Europa, que instaló en el país vecino tras ser vetada en el espacio natural de cabo Touriñán

Foto: Macroplanta de rodaballo de Mira. (Portugal)
Macroplanta de rodaballo de Mira. (Portugal)

Fue el gran sueño de Manuel Fernández de Sousa, presidente durante más de tres décadas de Pescanova, y la pesadilla de ecologistas y oposición al PP de Fraga, que defendían el espacio natural de cabo Touriñán. Era justo allí, en la esquina más occidental de la Península, en aquel territorio solitario y de indomable belleza donde una punta de tierra se introduce un kilómetro en el océano Atlántico, donde el entonces todopoderoso empresario puso sus ojos para instalar la mayor planta de cría de rodaballo de Europa. Fue también el escenario de una de las primeras derrotas de Sousa, obligado a desistir y a llevarse su proyecto a Portugal, un país en el que se acaba de consumar el final de aquella utopía que derivó en desastre económico.

El presidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa-Faro. (EFE)
El presidente de Pescanova, Manuel Fernández de Sousa-Faro. (EFE)

Tres de los bancos acreedores portugueses del proyecto, desarrollado bajo la marca Acuinova Actividades Piscícolas, han procedido a la venta de la totalidad de las acciones de la empresa portuguesa a Ondas e Versos LDA, que ha asumido la gestión de la misma. Millennium BCP, NovoBanco y la estatal Caixa Geral de Depósitos toman esa decisión casi dos años después de hacerse con el control de la compañía, en concurso de acreedores con una deuda acumulada de 166,64 millones de euros. El negocio que tanto tensionó la política gallega durante años, en un pulso de Sousa con la Xunta bipartita de socialistas y nacionalistas (2005-2009), finalmente no fue la panacea económica que presentaban sus defensores.

Al ahora procesado empresario le había ido muy bien con los gobiernos de Manuel Fraga, con quien le unía una muy estrecha amistad. Sousa nunca dejó de agradecer al fundador del PP que, desde la Xunta, salvara a la compañía en 1995 del intento de compra de la angloholandesa Unilever con 42 millones de euros de la época. Pero hubo más. Una de sus últimas decisiones tras perder los comicios de 2005 fue la aprobación, como presidente en funciones, del Plan Acuícola de Galicia, que blindaba el proyecto de Touriñán ante la llegada del bipartito. Se impulsaba así una enorme piscifactoría de 357.000 metros cuadrados en un paraje virgen de la Costa da Morte, incluido en la Red Natura.

El ex primer ministro portugués José Sócrates (2i) y Fernández-Sousa en la inauguración de la planta.
El ex primer ministro portugués José Sócrates (2i) y Fernández-Sousa en la inauguración de la planta.

El bipartito que presidía Emilio Pérez Touriño suspendió pese a todo la planta de Touriñán, lo que desencadenó una guerra sin cuartel con el objetivo de torcer la determinación del bipartito. La última gran arma de Sousa parecía un farol, pero no lo era: amenazó con llevarse la planta de rodaballo a Portugal y acabó haciéndolo gracias al apoyo del Gobierno del país vecino, que puso 58 millones de euros en el proyecto y embarcó a su banco público en la financiación. El PP gallego, que ya presidía Alberto Núñez Feijóo, presentó el desarrollo de la factoría en la localidad portuguesa de Mira como "una deslocalización" de las inversiones de una empresa gallega causada por el bipartito.

El de Mira fue un proyecto a la altura de la megalomanía del presidente de Pescanova. La factoría recibió una inversión de cerca de 200 millones de euros, que según Sousa servirían para generar 200 puestos de trabajo directos, 600 indirectos y “muchos inducidos”, unas cantidades que nunca se llegaron a demostrar. En sus 1.800 tanques se criaban un millón y medio de alevines, casi 2.000 toneladas de peces, aunque la capacidad a pleno rendimiento estaba llamada a superar las 12.000 toneladas de pescado. La piscifactoría abarca todos los procesos relacionados con la actividad, desde el crecimiento al procesamiento y al embalaje del producto.

Su inauguración, en junio de 2009, contó con la presencia del entonces primer ministro de Portugal, José Sócrates, y varios de sus ministros. Pescanova metió a un grupo de periodistas gallegos en un autobús y se los llevó 300 kilómetros al sur de la capital gallega para que detallaran en sus medios las bondades del proyecto, en un acto al que asistieron cientos de personas y en el que Sousa ensalzó la “comprensión” del Gobierno luso. La 'conselleira' de Mar, de la Xunta que ya presidía Feijóo, aplaudía por su parte a las autoridades del país vecino por considerar la planta acuícola, situada a pocos metros de una playa, “compatible con la Red Natura”. El empresario no escatimó loas a una piscifactoría que era, aseguró, nada menos que un “referente mundial”, destinada a marcar “un antes y un después en el municipio, en Portugal y en la acuicultura”.

Planta para la producción de rodaballo en Mira. (EFE)
Planta para la producción de rodaballo en Mira. (EFE)

En lo que marcó un antes y un después fue en la trayectoria de Pescanova, que solo cuatro años después solicitaba preconcurso de acreedores, con una deuda de 1.522 millones de euros, ocho veces sus resultados de explotación anuales, un dato que se conoció semanas después de que Fernández de Sousa vendiera la mitad de su participación en la empresa. En ese periodo, Acuinova había provocado ya a la compañía pérdidas por 70 millones de euros, según Pescanova debidas a defectos constructivos y a enfermedades que provocaron una elevada mortandad de los peces.

El lastre se trasladó a la banca acreedora. En enero de este año, Nueva Pescanova forzó la entrada de Acuinova Actividades Piscícolas en el equivalente portugués al preconcurso de acreedores, según explicó entonces con el objetivo de salvar la macroplanta. La intención era negociar con los bancos la reconducción del proyecto, que soporta un pasivo superior a los 100 millones de euros, y que funciona al 30% de su capacidad.

El peso del desastre se ha hecho especialmente duro para Caixa Geral de Depósitos, el banco público portugués, que financió el proyecto con un crédito de 160 millones de euros. Según la prensa del país vecino, la piscifactoría es una de las operaciones “envenenadas” que han lastrado la viabilidad del banco público, al que ha ocasionado un pasivo de en torno a 28 millones de euros, a los que suma otros 3,5 relacionados con Caixa Banco de Investimento.

Con Sousa a la espera de juicio, imputado por diversos delitos —entre ellos los de falseamiento de información económica y de cuentas y uso de información privilegiada—, la confirmación del desastre de Mira llega con una nueva dirección al frente de Nueva Pescanova, que se esfuerza por restar importancia a la pérdida definitiva de la planta acuícola que tanto protagonismo cobró en la política gallega. La compañía que preside Ignacio González Robatto aclara que la venta “no tiene un impacto relevante” para la compañía, ya que era “un activo disponible para la venta y no figuraba dentro de las cuentas consolidadas del grupo”. Cierto o no, no le resta simbolismo al fracaso definitivo de la quimera piscícola de Fernández de Sousa.

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