El exminero asturiano José Emilio Suárez Trashorras (Avilés, 1976) decidió en 2004 colarse para siempre en el lado más tenebroso de la historia de España suministrando los explosivos del 11-M. Diez años después de ese atentado, el mayor que se haya producido nunca en territorio nacional, con un saldo de 192 muertos y más de 2.000 heridos, Trashorras ha decidido reconocer su participación en la trama y anunciar su arrepentimiento. También se desmarca de la pasividad que mantuvo durante la investigación y la vista oral. No le servirá de mucho. La condena a 34.715 años de cárcel que le impuso la Justicia española, la más alta acordada contra un nacional, le obligará a seguir en prisión al menos hasta 2024. Sólo a partir de entonces podrá iniciar la tramitación de un permiso de fin de semana. Mientras tanto, pasa sus días en la cárcel de El Dueso, en la costa cántabra, desde donde puede ver las olas morirse una y otra vez contra las piedras. En esta entrevista en exclusiva, realizada a través de su abogado, Francisco Miranda Velasco, interrumpe por unos instantes su silencio forzoso.  

PREGUNTA: En 2011 reconociste finalmente ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos que habías entregado los explosivos de Mina Conchita a los autores de los atentados. ¿Por qué tardaste tanto?

RESPUESTA: Durante los primeros cinco años, hasta 2009, estuve en una tesitura completamente distinta. Lo veía como un asunto que no era mío. No me sentía responsable por el asunto de los explosivos. La verdad es que ahora no entiendo por qué tuve esa actitud. Pero pensaba que [la Audiencia Nacional] eran los Juzgados de Avilés, que iba a entrar por una puerta y a salir por la otra. Lo veía como un tema de trapicheos de explosivos, solamente. No pensé que los atentados iban conmigo. Yo era un trapichero de dinamita. Con ella había hecho mucha gente muchas cosas y pensaba que el 11-M era una cosa más.

P. ¿Y por qué ofreciste hasta siete versiones distintas sobre lo que ocurrió? ¿Por qué no dijiste la verdad desde el principio?

Mi madre sufrió un cáncer y dejó de visitarme; eso me sirvió para darme cuenta de lo que podían sentir las víctimasR. Porque estaba en otra situación, porque estaba equivocado. Y también por la estrategia de defensa del abogado que tenía entonces. Eso fue lo que me aconsejó. Me dijo que sólo me iban a condenar por los explosivos. Que me iban a caer sólo ocho años y que con tres ya estaría fuera. 

P. En su día declaraste que los atentados del 11-M eran un golpe de Estado encubierto tras un grupo de musulmanes. ¿Sigues pensando lo mismo?

R. No, claro que no pienso lo mismo. Esa es sólo una de las versiones que fui dando para tratar de distraer.

P. También afirmaste que Jamal Ahmidan alias El Chino tenía contactos con ETA y que era amigo de los etarras de Cañaveras. Que ellos le pasaron los explosivos. ¿Sigues pensando lo mismo?

R. En el sitio al que le dije a los moros que tenían que ir para recoger la dinamita había en total 600 kilos de explosivos. Y sólo se llevaron 200. Se lo podían haber llevado todo, pero sólo se llevaron eso. ¿Para qué iban a necesitar los moros a ETA, si ya tenían todos los explosivos que querían? Lo dije para despistar, para intentar generar más confusión. Decía una versión, soltaba otra... Además, me divertía hacer eso. No era consciente de las consecuencias que tenía.

P. Entonces, ¿crees que ETA tuvo alguna relación con los atentados?

R. No, ETA no tuvo nada que ver. Lo que dije fueron tonterías. No tenía ningún fundamento para decir eso. Lo dije sin tener ningún argumento, más allá de querer confundir.

Emilio suárez trashorras, en una de las sesiones del juicio del 11-m. (efe)Emilio suárez trashorras, en una de las sesiones del juicio del 11-m. (efe)

P. ¿Por qué decides finalmente reconocer lo que hiciste?

R. A los cinco años de estar en prisión, mi madre sufrió un cáncer y dejó de visitarme los fines de semana, y eso me sirvió para darme cuenta de lo que podían sentir las víctimas por el dolor y el daño de un ser querido. Ahí empecé a cambiar. He cambiado. No me di cuenta antes. Y creo que desde entonces soy otra persona. Me he dado cuenta del daño que provoqué. Y quiero hacer todo lo posible para resarcir el dolor que causé. Las víctimas tienen derecho a saber la verdad.

P. ¿Por qué le proporcionaste los explosivos a los terroristas del 11-M?

Yo no me perdonaría. Y eso es lo que le he dicho a las tres víctimas con las que me he reunidoR. Los explosivos los entregué para pagar una deuda de hachís que Antonio Toro [su excuñado, también condenado por el 11-M a cuatro años de cárcel] había contraído con los moros. Les debíamos dinero, pero yo no quería pagarles. Así que les dije que se llevaran los explosivos que quisieran. Yo no sabía qué iban a hacer con ellos. Siempre pensé que los querían para reventar cajas fuertes, que era para lo que siempre se utilizaban. A mí me condenan porque dicen que yo tendría que saber que las personas a las que les di los explosivos eran islamistas radicales, pero a la gente se le olvida que los moros con los que yo me relacioné iban a puticlubs, esnifaban cocaína, bebían alcohol… No tenían el perfil que supuestamente tienen los islamistas radicales. Jamás se me pasó por la cabeza que pudieran dedicarlos a acabar con la vida de personas. A mí me dijeron que la dinamita era para reventar cajas fuertes.

P. ¿Qué fue lo primero que pensaste cuándo supiste que habían estallado varios trenes en Madrid?

R. Al día siguiente de los atentados me reuní con Manolón [inspector jefe del Grupo de Estupefacientes de la Comisaría de la Policía Nacional en Avilés] y ya le dije que pensaba que podían haber sido los moros que conocía. Cuando les entregué la dinamita ya se lo había dicho todo sobre ellos: sus nombres, sus coches, sus matrículas... El propio Manolo lo reconoció en el juicio. Y al día siguiente hablé con él y le dije que podían ser ellos. Pero no hizo nada.

P. ¿Crees que hay otros culpables del 11-M que siguen en libertad?

R. A mí me condenan a 34.715 años de cárcel pero hay gente que tuvo el mismo nivel de participación que yo en el asunto de los explosivos, por ejemplo mi exmujer, Carmen Toro, o los mineros que entregaron la dinamita, que también estaban en el mismo asunto en el que estaba yo, y que se han librado o han tenido condenas mucho menores. A Rafá Zouhier, que también estaba metido, sólo le han caído 10 años. Sólo me han condenado a mí. Pero bueno, asumo lo que hice. Si no hubiera puesto los explosivos, los trenes no hubieran estallado. Probablemente lo hubieran hecho con otros explosivos, pero yo no tendría la carga que tengo en este momento.

P. ¿Cómo han sido estos 10 primeros años en prisión? ¿Qué es lo que más echas de menos?

Hay gente que tuvo el mismo nivel de participación que yo en el asunto de los explosivos, por ejemplo mi exmujer, Carmen Toro, o los mineros que entregaron la dinamita, y que se han librado o han tenido condenas mucho menoresR. La vida en prisión es dura. Hasta hace poco estaba en régimen de primer grado, donde sólo se puede estar una hora en el patio, un espacio muy pequeño, de cinco por cinco metros. Pero me he adaptado. Y de lo que más me acuerdo es de mi familia, de mis padres y de mi hermana. Vienen a verme los fines de semana. Son muy importantes para mí. Por supuesto también pienso en las víctimas. Todo el tiempo.

P. ¿Cuándo crees que tu vida comenzó a torcerse para que llegaras a este punto?

R. Cuando conocí a la familia Toro. Hasta ese momento era una persona completamente normal. Y ahí fue cuando empecé a cambiar.

P. ¿Te arrepientes de lo que hiciste?

R. Sí, claro que me arrepiento.

P. ¿Crees que las víctimas te perdonarán algún día por lo que ocurrió?

R. Yo no me perdonaría. Y eso es lo que le he dicho a las tres víctimas con las que me he reunido para pedirles perdón. Las tres me han respondido de la misma manera: “¿Y tú me perdonarías a mí si yo te hubiera hecho lo mismo?”. Y respondo que no, que yo en su lugar no lo haría. No me perdonaría.