Jesús Eguiguren, presidente de los socialistas vascos, declarará como
testigo de la defensa de
Arnaldo Otegi en la vista oral que se celebrará el próximo 11 de noviembre en la Audiencia Nacional contra el líder de Batasuna por un delito de “enaltecimiento y/o justificación del terrorismo”.
Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente y ministro del Interior, que
ha excluido a Eguiguren del equipo que gestionará el hipotético final de ETA, desconoce su inminente comparecencia ante el tribunal, que supone una desautorización de su política de firmeza.
El fiscal y la acusación popular, que ejerce el Foro de Ermua, piden para Otegi y los también dirigentes
batasunos Joseba Permach y
Joseba Álvarez 18 meses y cinco años de prisión, respectivamente, por “enaltecer el terrorismo” en un acto celebrado el 14 de noviembre de 2004 en el velódromo de Anoeta (San Sebastián). Aquel día Otegi hizo pública la
apuesta de la izquierda abertzale por las vías exclusivamente políticas y democráticas para resolver el conflicto vasco, y propuso la creación de dos mesas de diálogo, una de partidos para abordar temas políticos, y otra entre el Gobierno y ETA para acordar el abandono definitivo de las armas y el futuro de los presos. Ese mismo mes la banda terrorista remitió una carta a
Rodríguez Zapatero con una oferta de negociación.
El líder del PSE ha sido citado como testigo por la abogada de Otegi,
Jone Goiricelaia, para que explique los contactos que ambos mantenían en aquella época con el objetivo de poner en marcha un proceso de paz, y constate la apuesta inequívoca por la política del líder de Batasuna. El testimonio de Eguiguren es, pues, fundamental, para demostrar que Otegi no sólo no enalteció el terrorismo, sino que ya entonces defendía el fin de la violencia.
Los preliminares del proceso de paz Meses después de aquel acto, en mayo de 2005, el presidente Rodríguez Zapatero solicitó y obtuvo del pleno del Congreso autorización para abrir un diálogo con la banda, y un mes después se iniciaron los contactos con ETA en Ginebra, que tendrían continuidad en Oslo. En marzo de 2006 la banda anunció un “alto el fuego permanente”. El proceso de paz se desarrolló en
dos mesas de diálogo paralelas, tal y como Otegi y Eguiguren habían acordado, y mientras el primero formó parte excluvisamente de la política, el presidente del PSE participó en las dos.
Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien Zapatero sacó del Grupo Parlamentario Socialista, del que era portavoz, para que gestionara desde el Ministerio del Interior los contactos con Batasuna y ETA, no vió nunca con agrado ni las propuestas ni el protagonismo de Eguiguren. Su desafección mutua ha ido en aumento, y
el ministro vetó el pasado verano la publicación de un libro escrito al alimón entre el presidente del PSE y un periodista
sobre el frustrado proceso de paz.
Dos maneras opuestas de abordar el fin de ETA La relación entre ambos políticos es practicamente inexistente, más allá de las obligaciones del cargo. Rubalcaba es partidario de no hacer ningún gesto hacia el mundo
abertzale mientras ETA no anuncie que deja definitivamente las armas, y Eguiguren defiende justamente lo contrario. El líder de los socialistas vascos hizo público fechas atrás
un documento en que reclamaba la legalización de Batasuna para que se reincorporara a las instituciones, y pedía al l
ehendakari Patxi López que liderara el proceso hacia el fin del terrorismo. El documento recibió duras críticas desde Madrid, pero cuenta con el apoyo mayoritario del PSE.
La reciente remodelación del Gobierno ha convertido a Rubalcaba, desde la vicepresidencia primera e Interior, y a
Ramón Jáuregui como su
número dos en el Ministerio de la Presidencia, en los únicos interlocutores ante el hipotético fin de ETA. El pasado sábado 23, tras la celebración del
Comité Federal del PSOE en Ferraz, al que Eguiguren no asistió pese a formar parte del mismo, ambos comieron en La Moncloa con Rodríguez Zapatero, Patxi López y
Rodolfo Ares, consejero de Interior del Gobierno vasco para abordar, entre otras cuestiones, la estrategia para acabar con la banda.