el pp valenciano cierra su XIV congreso regional

De padre rojo y fan de Thatcher: Bonig, la lideresa del PP que desafía a Puig y Oltra

Rajoy y Cospedal cierran filas con poco entusiasmo con Isabel Bonig, presidenta sin rival del PP valenciano. Derechista confesa, ha logrado que su partido no se derrumbe tras la derrota de 2015

Foto: Mariano Rajoy e Isabel Bonig, en la clausura del congreso regional del PPCV. (EFE)
Mariano Rajoy e Isabel Bonig, en la clausura del congreso regional del PPCV. (EFE)

Isabel Bonig pudo ser juez. Lo intentó. Aprobó el primer examen, pero no el segundo. Tras cinco años con los codos pegados a la mesa decidió no repetir. Algunos dirán que cambió el fracaso por la política; ella explica que sencillamente mantuvo su plan inicial de dedicar tiempo a su segunda gran vocación, la que le llevó a ser alcaldesa de Vall d’Uixó (Castellón) en 2007, consejera de Infraestructuras de la Generalitat y, desde el sábado, oficialmente, presidenta del Partido Popular de la Comunidad Valenciana tras recibir el respaldo de casi el 95% de los participantes en el congreso regional que ha clausurado este domingo Mariano Rajoy.

Premio extraordinario de fin de carrera en Facultad de Derecho de la Universidad Jaume I de Castellón, en 1999, con apenas 25 años, se afilió a Nuevas Generaciones como puerta de entrada a la formación conservadora. En esto siguió la tradición familiar de comprometerse con la política. Pero el camino ideológico era muy distinto al de su padre, militante del PSOE con carnet, y al de su abuelo, que estuvo encarcelado en la prisión franquista de San Miguel de los Reyes de Valencia por defender posiciones republicanas y socialistas. Ella dice que se bregó en casa, su escuela de obcecación, donde tenía que defender con ahínco sus convicciones.

Ella dice que se bregó en casa, su escuela de obcecación, donde defendía sus ideas frente a su padre y su abuelo, ambos socialistas y republicanos

El año que Isabel Bonig se apuntó a los cachorros del PP Eduardo Zaplana señoreaba en Valencia y los populares estaban casi en el pico de su curva de concentración de poder. Muy pocos meses después, José María Aznar arrancaba una atronadora mayoría absoluta en las elecciones generales y revalidaba presidencia del Gobierno. Los ‘neocon’ estaban a un paso de hacerse con el control del mundo y Bonig se encontraba cómoda en esa visión. No en balde, se la conoce como la ‘Thatcher valenciana’ o la ‘Thatcher de Vall d’Uixó’, un sobrenombre que no solamente no le ofende, sino que le gusta. Se declara muy fan de la Dama de Hierro británica y la tiene como un referente en la acción política e ideológica.

La presidenta del PP de la Comunitat Valenciana, Isabel Bonig, en el congreso. (EFE)
La presidenta del PP de la Comunitat Valenciana, Isabel Bonig, en el congreso. (EFE)

Su discurso beligerante, conservador y, a menudo, exaltado contra la izquierda, la acercan a su admirada lideresa ‘tory’. Pero de cerca Bonig es mucho menos fría y bastante más accesible, un pequeño volcán mediterráneo, lo cual no resta un ápice de determinación a su plan trazado de convertirse en la candidata del PPCV en las próximas autonómicas de 2019 para tratar de desalojar del poder a Mónica Oltra y Ximo Puig, con quienes libra duros combates dialécticos todas las semanas en las Cortes Valencianas.

Bonig es a la política lo que Rocky Marciano al boxeo, una encajadora empeñada en seguir soltando brazos ajena a los golpes que recibe. Y ella recibe muchos. Principalmente por el pesado lastre que su partido arrastra con los numerosos casos de corrupción que han carcomido sus estructuras. La corrupción llevó al PPCV a sufrir una severa derrota en las autonómicas y municipales de 2015. La pérdida del poder y esa herencia de escándalos y procesos judiciales han estado a punto, después, de llevarse el partido por delante.

El gran éxito de Bonig es haber sido capaz de atar en corto al partido y evitar su descomposición tras la derrota de 2015 y la lluvia de casos de corrupción

A Bonig se le atribuye el mérito de haber sido capaz atar en corto los restos del naufragio. Ese es su gran éxito hasta el momento. La virtud que la ha llevado a asumir la presidencia regional sin rivales internos tras casi dos años de interinidad y que le ha servido para mantener el respaldo de la dirección nacional para seguir adelante. Ni Mariano Rajoy ni la secretaria general, María Dolores de Cospedal, son entusiastas de la figura de la dirigente castellonense, pero valoran el papel jugado en momentos tan complicados. Eso sí, su capacidad de influencia Génova es nula, como demuestra la ausencia de altos cargos procedentes de la agrupación valenciana en el Gobierno y el bajo perfil, también, en los órganos de dirección nacional. El cordón sanitario sigue vivo.

Isabel Bonig, junto a la exalcaldesa de Valencia Rita Barberá. (EFE)
Isabel Bonig, junto a la exalcaldesa de Valencia Rita Barberá. (EFE)

En Valencia son muchos los que opinan, además, que las posiciones conservadoras en materias como el aborto, la lengua, debate territorial o la política económica la alejan del centro y complican la reconciliación con una sociedad tan sui géneris como la valenciana. Bonig no se da por aludida. En las dos últimas citas electorales (las generales de junio y diciembre), los populares recuperaron posiciones.

Su mayor crisis política fue la ruptura con Rita Barberá, su madrina orgánica. Bonig no puso un pie en el funeral. Captó el mensaje de la familia

En su particular carrera de obstáculos, Bonig ha superado algunas crisis de calado. De esas que se ventilan incluso en llantos solitarios. La mayor fue la que le llevó a marcar distancias con Rita Barberá, la persona que la promovió internamente para sustituir a Alberto Fabra cuando este perdió la Generalitat y dio un paso atrás en el liderazgo del partido. Los mensajes cruzados de whatsapp con Rita Barberá echaban humo desde el momento en que su pupila quiso poner una línea roja entre una exalcaldesa acosada judicial y políticamente y el PP. Tras la muerte de la senadora popular en la habitación de un hotel de Madrid, Bonig se cuidó de poner un pie en el funeral. La familia de Barberá le dejó claro que no era bienvenida.

Esa distancia y la incertidumbre sobre el devenir de los procesos judiciales todavía en marcha que afectan a los subodinados de Barberá explican que Bonig haya vetado una enmienda que convertía a la malograda política conservadora en presidenta de honorífica póstuma del PPCV. La incómoda propuesta se reformuló como una mención a su contribución al partido y la ciudad de Valencia.

Y es que Bonig no quiere mochilas. No quiere piedras en la espalda. Está convencida de que no hay otro camino para escalar la cumbre de 2019 que llegar ligera de equipaje.

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